Baruj Shalom HaLevi Ashlag (Rabash)
Artículo 13, 1986
El Zóhar pregunta: «Está escrito: “Ven al Faraón”, pero debería haber dicho: “Ve al Faraón”. Dado que el Creador vio que Moshé tenía miedo, y otros emisarios designados arriba no podían acercársele, el Creador dijo: “He aquí, Yo estoy contra ti, Faraón rey de Egipto, el gran lagarto que yace en medio del Nilo”. El Creador tuvo que librar una guerra contra el Faraón y no otro, como está escrito: “Yo soy el Señor”, explicaron, “Yo y no otro”, “Yo y no un enviado”». Hasta aquí sus palabras.
La diferencia entre «ven» y «ve» es que «ven» significa que iremos juntos, como la persona que le dice a su amigo «ven».
Debemos entender esto, ya que El Zóhar pregunta: ¿por qué el Creador necesitaba ir con Moshé? Porque Moshé por sí solo no podía hacerle la guerra al Faraón, solo el propio Creador y nadie más. Por lo tanto, ¿por qué necesitó de Moshé para ir con el Creador? Después de todo, dice: «Yo y no un enviado». Entonces, ¿cuál es el propósito del Creador al ir con Moshé hasta el Faraón, quien es llamado «el gran lagarto»? Él podría haber ido al Faraón sin Moshé.
También debemos entender lo que decían nuestros sabios (Kidushin 30b): «Rish Lakish dijo: “la inclinación del hombre lo supera cada día y busca matarle” como está dicho: “El malvado observa al justo” y si el Creador no le ayuda, no lograría vencerlo, como está dicho: “El Señor no lo abandonará en sus manos”».
Aquí también surge la pregunta: «Si una persona no puede sobreponerse por sí misma y necesita la ayuda del Creador, ¿para qué esta duplicación?» En otras palabras, o que el Creador le dé al hombre la fuerza para sobreponerse por sí mismo, o que el Creador lo haga todo. ¿Por qué parece que aquí son necesarias dos fuerzas, una del hombre y, posteriormente, la fuerza del Creador? Es como si solo se pudiera derrotar al mal con las dos y una sola fuerza fuera insuficiente.
Es
bien
sabido
que
la
perfección
del
hombre
es
que
debe
alcanzar
el propósito
de
la
creación,
es
decir,
obtener
la
razón
por
la
cual
el
mundo
fue creado,
lo
cual
se
llama
«hacer
el
bien
a
Sus
creaciones».
En
otras
palabras,
las
criaturas
deben
llegar
a
recibir
la
abundancia
y
el
placer
que
Él
ha
pensado para
deleitarles.
Previo
a
ello,
la
creación
no
se
considera
adecuada
al
Creador,
ya
que
es sabido
que
del
Operador
perfecto
deben
surgir
operaciones perfectas.
Significa
que
todos
deberían
sentir
la
belleza
de
la
creación
y
ser capaces
de
admirar
y
glorificar
la
creación,
y
que
todos
fuéramos
capaces
de agradecer
al
Creador
por
la
creación
que
creó
y
que
todos
pudiéramos
decir: «Bendito
sea
Él
que
dijo
“que
se
haga
el
mundo”».
En
otras
palabras,
todos deberíamos
bendecir
al
Creador
por
habernos
creado
un
mundo
bueno, lleno
de
placeres,
en
donde
todos
están
alegres
y
felices
por
la
satisfacción que
sienten
por
todos
los
deleites
que
experimentan
en
el
mundo.
Sin embargo, cuando uno comienza a examinar si está realmente satisfecho con su vida y cuánta satisfacción está recibiendo de sí mismo y de su entorno, entonces ve todo lo opuesto −todos están sufriendo, atormentados y cada persona sufre de diferente manera. Pero uno debe decir: «Bendito sea Él que dijo “que se haga el mundo”», y entonces se da cuenta de que solo lo dice de la boca para afuera.
Sin
embargo,
es
bien
sabido
que
las
delicias
y
placeres
no
pueden aparecer
en
el
mundo
antes
de
que
el
mundo
tenga
Kelim
(vasijas)
de
otorgamiento,
ya que
nuestras
vasijas
de
recepción
continúan
estando
contaminadas
por
la
recepción
para
sí
mismo,
la
cual
está
fuertemente
restringida
en
su
medida
y
nos separa
del
Creador
(lo
que
significa
que
había
una
primera
restricción dentro
de
la
vasija
de
recepción
de
manera
que
la
abundancia
no
brillara allí;
consulta
la
«Introducción
al
Libro
de
Zóhar»).
Al
querer
obtener
las
vasijas
de
otorgamiento,
es
cuando
comienzan
las guerras
y
las
disputas,
ya
que
va
en
contra
de
nuestra
naturaleza.
Por
esta razón
se
nos
dio
la
Torá
y
las
Mitzvot,
para
alcanzar
el
grado
de otorgamiento,
como
dijeron
nuestros
sabios:
«Yo
he
creado
la
inclinación al
mal,
Yo
he
creado
la
Torá
como
condimento»
(Kidushín
30).
También se nos ha dado la Mitzvá (precepto) de «ama a tu prójimo como a ti mismo», y Rabí Akiva dijo: «Esta es una gran regla de la Torá» (Bereshit Rabá, Parashá 24). En otras palabras, cuando el hombre trabaja en el amor hacia los amigos, se acostumbra a salir de su amor propio y llegar al amor al prójimo.
Sin embargo, debemos entender lo que vemos frente a nosotros, en cuanto a que hay personas que invierten fuerzas en el amor por los amigos y aun así no se acercan ni un poco al amor por el Creador, de manera que puedan trabajar en la Torá y las Mitzvot debido al amor por el Creador. Significa que dicen que, de hecho, están avanzando un poco en cuanto al amor a los amigos, pero no ven progreso alguno en cuanto al amor hacia el Creador. Sin embargo, debemos saber que, en el amor a los amigos también hay grados, es decir, debemos pensar acerca de la obligación de amar a los amigos.
Podemos compararlo con un edificio que tiene dos pisos, y también una planta baja. El Rey se encuentra en el segundo piso, y dicen que aquel que desea ir hacia el Rey −cuyo único objetivo es conversar con el Rey cara a cara− se le dice que primero debe subir al primer piso, ya que es imposible llegar al segundo piso sin subir antes al primer piso.
Sin duda, todo el mundo entiende que esto es correcto. Sin embargo, existe una razón por la cual se debe subir antes al primer piso, llamado «correcciones». En otras palabras, al subir al primer piso, esta persona aprende cómo hablar al Rey cara a cara y ser capaz de pedirle al Rey lo que su corazón desea.
Esa persona, que escuchó que primero debe subir al primer piso y posteriormente al segundo piso, lo entendió muy bien. Pero dado que su único deseo es ver la cara del Rey y no le preocupa nada más, esto hace que lo que se le dijo –que debía subir al primer piso– se le convierta en un yugo y en una carga.
Sin embargo, no tiene otra alternativa, así que sube al primer piso. No está interesado en ver lo que hay allí, aunque escuchó que en el primer piso es donde le enseñan al hombre a hablar con el Rey. Pero no le presta atención a eso, ya que no es su objetivo. Su objetivo es el Rey, no lo que pueda aprender en el primer piso. Su meta no es el estudio, sino ver la cara del Rey. ¿Para qué pasar su tiempo en cosas triviales, cuando todo es nulo y vacío comparado con el Rey? Por lo tanto, ¿para qué prestarle atención a lo que se aprende en el primer piso?
De manera que cuando sube al primer piso, no desea demorarse allí, sino que, desea subir pronto al segundo piso, donde está el Rey mismo, ya que esto es todo lo que desea. Sin embargo, se le dice: «Si no conoces las normas que rigen en el primer piso, seguramente vas a mancillar el honor del Rey. Por esta razón, no puedes aspirar a subir al segundo piso sin antes aprender todo lo que tienes que aprender en el primer piso».
De igual forma, con el amor a los amigos, escuchamos que es imposible ser recompensado con el amor al Creador antes de que el hombre haya sido recompensado con el amor a los amigos, como dijo Rabí Akiva: «ama a tu prójimo como a ti mismo, es una gran regla de la Torá». Por lo tanto, mientras la persona se dedica al amor por los amigos, no lo está considerando como algo valioso, de gran importancia, sino como un lujo redundante.
Él lo cumple porque no tiene otra opción, pero está buscando constantemente el momento en el que «Seré recompensado con el amor al Creador» y «Seré capaz de librarme del amor a los amigos. Este trabajo me resulta un yugo y una carga, porque, me cuesta mucho soportar a mis amigos, ya que veo que todos ellos tienen cualidades diferentes a las mías y yo no tengo equivalencia con ellos, pero contra mi voluntad, porque no tengo alternativa, ya que se me dijo que sin el amor a los amigos no seré capaz de alcanzar el amor al Creador. Así que, de forma obligada, me siento con ellos».
Sin embargo, puedo preguntarme: ¿qué ganancia estoy obteniendo de los amigos? Una sola cosa: estoy corrigiéndome a través del tormento que me impongo al sentarme con ellos y soportar sus conversaciones, las cuales me desagradan y van en contra de mi espíritu. Pero ¿qué puedo hacer? Se me ha dicho que debo sufrir en este mundo, así que sufro, me siento y espero el momento en el que pueda huir de ellos y evitar ver la bajeza que veo en ellos.
Resulta
que
él
no
está
tomando
del
amor
a
los
amigos
el
remedio llamado:
«amar
al
prójimo»,
sino
solo
porque
se
le
ha
dicho
que
no
tiene otra
opción
o
de
lo
contrario
no
podrá
alcanzar
el
amor
al
Creador.
Esta
es
la razón
por
la
cual
se
ocupa
del
amor
por
los
amigos
y
cumple
con
todas las
obligaciones
a
la
que
los
amigos
lo
comprometen.
Pero
lo
que
debe aprender
de
ellos,
es
algo
ajeno
para
él.
Significa
que
no
está
dejando
su
amor
propio,
y
a
la
vez
no
está
alcanzado el
amor
a
los
demás.
Está
observando
el
amor
a
los
amigos
no
por amor,
sino
por
temor,
ya
que
no
le
permiten
entrar
al
amor
al Creador
antes
de
que
entre
al
amor
por
los
amigos.
Como
resultado,
teme no
cumplir
con
el
amor
a
los
amigos
porque
no
le
permitirán
entrar en
el
amor
al
Creador.
Esto es similar a la alegoría acerca de no poder subir al segundo piso, donde se encuentra el Rey, a menos que suba antes al primer piso. La idea es que aprenda las reglas de cómo ser cuidadoso con el honor del Rey, así que parecería razonable que se sintiera feliz por subir al primer piso, ya que de esa manera aprendería cómo ser cuidadoso con el honor del Rey.
Esto lo beneficiaría ya que, después de todo, cuando entre en el palacio del Rey, no mancillará el honor del Rey. Por lo tanto, mientras está en el primer piso, le presta atención a todas las reglas que se aplican allí para acostumbrarse a ellas, ya que desea llegar a Él, para honrarlo y de ninguna manera desdeñar Su honor.
Esto aplica solo a aquel que desea presentarse ante el Rey para darle satisfacción. Pero, aquel que desea presentarse ante el Rey para recibir para sí mismo, considera lo que se encuentra en el primer piso como cosas innecesarias y no le interesa. Sube al primer piso solo porque tiene temor, ya que sabe que no le permitirán llegar al segundo piso sin antes pasar por el primer piso. Pero, no siente la necesidad de estudiar las leyes que se aprenden allí –como evitar mancillar el honor al Rey− ya que la razón por la cual él desea llegar ante el Rey es solo por amor propio.
Así que debemos saber que se nos dio el asunto del amor a los amigos, es para que aprendiéramos a no manchar el honor del Rey. En otras palabras, si no tiene otro deseo excepto el de dar contento al Rey, ciertamente se dañaría el honor del Rey, el cual se llama «Transmitir la Kedushá (santidad) a los externos». Por esta razón, no se debe restarle importancia al honor que tiene el trabajo del amor a los amigos, ya que de allí el hombre aprende cómo salir del amor propio y entrar en el camino del amor al prójimo. Cuando complete este trabajo de amar a los amigos podrá recibir la recompensa del amor al Creador.
Debemos saber que existe una virtud en el amor a los amigos: uno no puede engañarse a sí mismo y decir que ama a la sociedad si, de hecho, no los ama. Porque aquí podemos examinar si verdaderamente amamos a nuestros amigos o no. Pero con el amor al Creador, uno no se puede examinar a sí mismo, si la intención es el amor por el Creador, lo cual significa querer otorgarle al Creador, o si nuestro deseo es recibir con el fin de recibir.
Pero debemos saber que después de todas las correcciones que se le dan al hombre para hacer, sin la ayuda del Creador, no será recompensado con ningún progreso en el trabajo de otorgamiento. Y nos preguntamos: «Entonces, ¿por qué debemos realizar acciones para ser recompensados más tarde con la ayuda del Creador? Después de todo, el Creador puede ayudarnos aun sin el trabajo de los inferiores, y la labor del hombre en este trabajo, no le ayudarán a progresar en ningún caso».
El asunto es que si no empieza el trabajo, el hombre no sabrá que no puede triunfar en la guerra contra el instinto. Pero cuando una persona comienza a transitar el camino hacia el Creador y hace todo lo que puede hacer, entonces puede elevar una verdadera plegaria para que el Creador le ayude.
Pero, ¿por qué el Creador desea que se le ofrezca una plegaria verdadera? Para alguien de carne y sangre se puede decir que haga una petición genuina. Porque cuando una persona le pide de forma genuina a su amigo, se lo agradece sinceramente. Alguien de carne y sangre, el cual persigue honores, la gratitud que da es como si se humillara ante su amigo y él lo disfrutara.
Pero en cuanto al Creador, ¿necesita que las personas le brinden respeto? Entonces, ¿por qué el Creador desea que una persona le eleve una plegaria del fondo del corazón?
Lo que sucede es, que es sabido, que no hay luz sin un Kli. Que es imposible darle a una persona algo que sea muy importante, si no siente deseo por ello, porque entonces lo despreciará y lo desechará. Y ello se perderá, por causa que su necesidad es igual a su carencia; esto es lo que le da la importancia. En la medida de la importancia, él impedirá que el regalo se pierda ya que, de otra manera, todo irá a las Klipot.
A esto se le llama «alimentar a las Klipot», lo que significa que todo va a las vasijas de recepción, las cuales toman bajo su mando, todo lo que una persona desecha en materia de Kedushá. De aquí sabemos por qué debemos empezar a trabajar. Pero, ¿por qué el Creador no le dio al hombre la fuerza para completar el trabajo por sí mismo sin Su ayuda?
Se sabe la forma en que El Zóhar interpreta aquello que nuestros sabios dijeron: «Aquel que viene a purificarse, es ayudado», y pregunta: «¿Con qué?» Y responde: «Con un alma sagrada», lo que significa que recibe iluminación desde arriba, lo que se llama Neshamá (un alma), llamado “alcanzar la Divinidad”, lo cual está incluido en el pensamiento de la creación para hacer el bien a Sus creaciones.
Resulta que al tener un Kli y un deseo por el Kli de otorgamiento, él recibe la Luz, llamada Neshamá. Así pues, ambos son requeridos. En otras palabras, una persona debe empezar y de esa manera recibe un Kli. Y al ser incapaz de terminar, clama al Creador para que lo ayude y entonces recibe la Luz.
Ahora podemos entender lo que está escrito: «Ven al Faraón, ya que he endurecido su corazón y el corazón de sus sirvientes, para establecer Mis señales dentro de él».
Y a esto se plantea una pregunta: «¿Por qué el Creador ha endurecido el corazón del Faraón?» El texto responde «para establecer Mis señales dentro de él». Y la interpretación es: «¿Por qué el Creador ha endurecido el corazón del hombre y no puede ganar la guerra contra el instinto por sí mismo?»
La
respuesta
es,
entonces
el
hombre
clamará
al
Creador,
y
así conseguirá
el
Kli.
Y
luego
el
Creador
será
capaz
de
colocar
las
letras
de la
Torá,
dentro
de
él.
Esta
es
el
alma
que
el
Creador
le
da como
ayuda.
Esto
es
considerado:
«La
Torá
y
el
Creador
son
uno».
«Mis
señales»
se refiere
a
las
letras
de
la
Torá,
bajo
el
discernimiento
de
los
nombres
del Creador.
Esto
es
«hacer
el
bien
a
Sus
creaciones»,
que
es
el
pensamiento de
la
creación,
hacer
el
bien
a
Sus
creaciones.
Esto
le
llega
a
una
persona específicamente
cuando
tiene
un
Kli,
y
este
Kli
viene
a
través
del endurecimiento
del
corazón,
de
manera
que
entonces
exista
un
lugar desde
donde
puede
clamar
por
la
ayuda
del
Creador,
y
Él
le
ayuda
con
un alma
santa.
Ahora podremos entender el asunto de «Ven al Faraón», es decir, nosotros dos juntos. En otras palabras, la persona debe empezar y luego ver que no puede vencerlo y este es el indicio de cuando Moshé tenía miedo de acercársele. Entonces el Creador dijo: «He aquí, Yo estoy contra ti, Faraón», es decir, que luego llega la ayuda del Creador. Y ¿con qué? Con un alma santa, como está escrito en el sagrado Zóhar.
De ello resulta que el endurecimiento del corazón, como está escrito: «Porque he endurecido su corazón», era para que haya lugar para la plegaria. Y esta plegaria no es como un pedido hecho por una persona de carne y sangre que quiere honor, para ser respetada. Por el contrario, aquí el propósito de la plegaria es para que él tenga un Kli, una necesidad de la ayuda del Creador, ya que no hay Luz sin un Kli. Y cuando una persona ve que no se puede ayudar a sí misma de ninguna manera, entonces tiene la necesidad de la ayuda del Creador.
Este es el significado de lo que decían nuestros sabios: «El Creador anhela la plegaria de los justos». Aquí también surge la pregunta: «¿pero acaso el Creador necesita la rendición del hombre, para que le pida a Él?» Sin embargo, como Su deseo es beneficiar a Sus creaciones, pero no hay Luz sin un Kli, por eso, Él anhela la plegaria del justo, ya que gracias a eso se revelan los Kelim (vasijas) a través de las cuales Él puede otorgar allí dentro. Por consiguiente, cuando una persona ve que no puede sobreponerse al mal en su interior, entonces es realmente el momento para pedir la ayuda del Creador.
Ahora podemos entender lo que dijo el Creador (Éxodo 6): «Y los traeré hacia Mí como mi pueblo, y Yo seré vuestro Dios; y debes saber que Yo soy el Señor tu Dios, quien los ha liberado del yugo de los egipcios».
En
Maséjet
Brajot
(38a)
nuestros
sabios
escribieron
acerca
de
eso
de
la siguiente
manera:
«Quien
los
sacó
del
yugo
de
los
egipcios».
Y
agregaron «así
dice
el
Creador
a
Israel:
“Cuando
yo
los
saque,
haré
por
ustedes
algo para
demostrarles
que
fui
Yo
quien
los
liberó
de
Egipto”,
como
está escrito:
“Que
Yo
soy
el
Señor
vuestro
Dios,
quien
los
sacó”».
Hasta
aquí
sus
palabras.
Significa
que
no
es
suficiente
que
el
Creador
sacara
al
pueblo
de
Israel
de
Egipto,
que
ellos
fueran
liberados
del
tormento
y
sufrimiento que
padecían
allí.
Cuando
hablamos
del
trabajo
del
Creador,
surge
la interrogante:
«¿Esto
no
fue
suficiente?»
Ahora
que
han
sido
liberados
de
la esclavitud
y
del
exilio
después
de
no
haber
sido
capaces
de
servir
al Creador
debido
al
dominio
del
Faraón
y
todo
aquello
que
construyeron para
ellos
mismos,
en
cualquier
posición
en
el
trabajo,
todo
ello
fue tragado
por
la
tierra,
como
dicen
nuestros
sabios
(Sotá,
pág.
11):
«A
Pitom
y Ramsés.
Rav
y
Shmuel,
una
dice
que
su
nombre
era
Pitom.
Entonces,
¿por qué
era
su
nombre
Ramsés?
Primero
por
su
cabeza
Mitrosés
(se
fragmenta)». Rashi
interpreta
que:
«Cuando
construían
algo,
se
fragmentaba
y
caía. Ellos
lo
reconstruían
y
se
volvía
a
caer.
Y
alguien
dijo:
“Su
nombre
es Ramsés,
y
entonces,
¿por
qué
era
su
nombre
Pitom?
Porque
primero
que todo,
fue
tragado
por
el
Pi
Tehom
(la
boca
del
abismo)”».
Vemos entonces que no hay disputa entre Rav y Shmuel con respecto a los hechos, sino solo en cuanto a la interpretación. El hecho era que todo lo que construían se caía. Esto significa que cada vez que ellos construían para ellos mismos alguna estructura en el trabajo, los egipcios venían, es decir, los pensamientos extraños de los egipcios, y arruinaban todo su trabajo. En otras palabras, toda la labor que hicieron con todas sus fuerzas para sobreponerse y servir en el trabajo sagrado, todo fue tragado por la tierra.
Así que cada día tenían que empezar de nuevo y les parecía como si nunca se hubieran dedicado al trabajo sagrado. Es más, cada vez que estaban decididos en avanzar, notaban que no solo no progresaban, sino que retrocedían, puesto que las nuevas preguntas con respecto a «quién» y «qué» surgían siempre en sus mentes.
En consecuencia, debemos entender esta salida de Egipto, como la manera en que ellos finalmente obtuvieron la habilidad de servirle al Creador sin los pensamientos extraños de los egipcios. Por lo tanto, ¿qué viene a decirnos este conocimiento en las palabras: «Y sabrán»? Que debemos saber que es el Creador quien los sacó de la tierra de Egipto. Y hay más sobre lo que deberíamos preguntarnos, ya que empezamos a examinar la esclavitud en Egipto, cuando estuvieron haciendo un duro trabajo y han sido liberados de eso, entonces ¿qué más les falta?
Y, ¿qué es el trabajo duro? Nuestros sabios explicaron el verso: «Todas las labores duras se les impusieron» (Sotá 11b). «Rabí Shmuel Bar Najmani dijo: “Rabí Yonatán dijo: ‘Ellos reemplazaron el trabajo de los hombres con el trabajo de las mujeres y el trabajo de las mujeres con el trabajo de los hombres. Y los egipcios hicieron que los hijos de Israel sirvieran BeParej (con rigor)”. Rabí Elazar dice: Be Pe Raj (con una boca suave)’».
También debemos entender lo que sucede con el trabajo duro (BeParej) en el camino hacia la santidad. Debemos hacer dos discernimientos:
1. El acto que se llama «la parte revelada», lo que una persona puede ver y donde uno no puede decir que se está equivocando o engañando a sí mismo, ya que no se puede decir que hay un error en cuanto a algo que es manifiesto y visible. Esto es así porque con el acto de Mitzvot y el estudio de la Torá, él ve, y otros también pueden ver, si él está haciendo acciones de Torá y Mitzvot, o no.
2. La intención. Esto se denomina: «la parte oculta», ya que los demás no pueden ver la intención detrás de los actos de una persona. Y él tampoco puede ver la intención en el acto ya que es posible equivocarse y engañarse acerca de las intenciones y desviarse, pues solo en las cosas manifiestas, que se denominan «la parte revelada», todos pueden ver la verdad. Pero uno no puede confiar en lo relativo a las intenciones del corazón o el pensamiento de la mente. Por consiguiente, esto está oculto para uno mismo y para los demás.
Ahora podemos interpretar el significado de trabajo duro (BeParej). Se dijo que era «Reemplazar el trabajo de los hombres con el trabajo de las mujeres» «El trabajo de los hombres» significa que ya es un Guéver (hombre) que puede Lehitgaber (sobreponerse) a su mal y participar activamente en la Torá y Mitzvot. Por lo tanto, ¿qué debe hacer cuando ya es llamado «un hombre», es decir, un hombre de guerra, que puede pelear contra su mal con acciones? Por eso, ahora le llegó el momento de empezar su trabajo en el segundo discernimiento, es decir, en lo oculto, que es la intención. En otras palabras, en lo sucesivo, deberá tratar de dirigir todas sus acciones para dar contento al Creador y no para su propio beneficio.
¿Y qué hicieron los egipcios cuando vieron que él era un hombre que podía salir de su control y entrar en la santidad? Le cambiaron su trabajo por el trabajo de las mujeres. Lo que significa que todo su trabajo era trabajo de mujeres, es decir, los egipcios les hicieron entender que: «¿Quién necesita intenciones? Las acciones son lo principal y aquí en las acciones tendrás éxito, como puedes ver −eres un hombre, puedes triunfar sobre el mal dentro de ti y dedicarte a la Torá y las Mitzvot en cada uno de sus detalles y precisiones y debes emplear toda tu energía en ser más meticuloso con la Torá y las Mitzvot».
«Sin embargo, ¡no debes dedicarte a las intenciones! Este trabajo no es para ti, sino solo para unos pocos escogidos. Si empiezas con el trabajo de otorgamiento, es decir, prestando atención a que se debe dirigir cada cosa para que sea en nombre de los cielos, no tendrás fuerzas para ser tan meticuloso en la acción revelada, donde no te engañarás a ti mismo porque ves lo que estás haciendo. Por lo tanto, allí es donde puedes expandirte en cada detalle y precisión en tus acciones».
«Pero con respecto a las intenciones, no tienes cómo examinarte de verdad. Así pues, te recomendamos, por tu propio bien, que no pienses que nosotros, Dios no permita, queremos desviarte del trabajo de santidad. Por el contrario, queremos que te eleves hacia los grados de santidad». A esto se le denomina «Reemplazar el trabajo de hombres por el trabajo de mujeres». En vez de realizar trabajos pertenecientes a los hombres, le explicaron al pueblo de Israel que sería mejor para ellos realizar trabajos de mujeres, es decir, lo que pertenece a las mujeres.
«Y el trabajo de las mujeres por el trabajo de los hombres» significa que aquellas personas que no tenían la fuerza de sobreponerse. Por el contrario: «Son tan débiles como una mujer», es decir, que son débiles para cumplir la Torá y las Mitzvot y no tenían la fuerza suficiente para cumplir y observar las Mitzvot ni siquiera en su forma revelada, lo que se denomina «solo en acción». Y que todo su trabajo de sobreponerse fue solo en la acción, no en la intención.
Los egipcios fueron a ellos y les hicieron entender: «No queremos interrumpir su trabajo sagrado. Por el contrario, queremos que sean verdaderos trabajadores del Creador. En otras palabras, vemos que desean servir en el trabajo de la santidad, por lo tanto les aconsejamos que el trabajo principal no es la acción; sino que lo principal es la intención. De manera que, en lugar de practicar para sobreponerse en la acción, acostumbrados a sobreponerse a sus cuerpos, a estudiar otra hora más o rezar otra media hora más, tratando de responder “Bendito sea Él”, “Bendito sea Su nombre”, “Amén” y no hablar en medio de las repeticiones del cantor. ¿Quién necesita eso?»
«Lo principal es la intención en nombre de los cielos. Allí es donde deben enfocar todas las fuerzas de sus esfuerzos. ¿Para qué desperdiciar sus fuerzas en cosas triviales? A pesar de que, la Halajá (Ley de las costumbres) dice que debemos cumplir todas aquellas pequeñas cosas, pero este trabajo no es para ustedes; es trabajo para las mujeres. Pero ustedes deben hacer trabajos de hombres. El hecho de que participen solo en acción no es apropiado. Deberían enfocarse primeramente en la intención, lo que significa utilizar cada porción de energía que tienen para tratar de que todo sea en nombre de los cielos. Sin embargo, no pienses ni por un minuto que estamos tratando, Dios no permita, de interrumpir tu trabajo para el Creador. Queremos lo contrario, que asciendan la escalera de la santidad y alcancen la perfección, es decir, que todas tus acciones sean solo para dar satisfacción a su Hacedor».
Y como se encontraban en el grado llamado «mujeres», y todavía no tenían la fortaleza para sobreponerse, ni siquiera en la parte de la acción, considerando que eran tan débiles como una mujer, los egipcios les hicieron ver que la principal intención es alcanzar Lishmá (en nombre de Ella). De esa manera, los egipcios se aseguraron de que ellos no tendrían la fuerza para continuar y sobreponerse en el trabajo de la santidad.
Es como dice Maimónides, cuando escribió (Hiljot Teshuvá, Parashá No.10): «Los sabios dijeron: “Una persona debe siempre ocuparse de la Torá, aun en Lo Lishmá (no en nombre de Ella) ya que desde Lo Lishmá, llegará a Lishmá”. Por lo tanto, cuando enseñamos a los niños, a las mujeres y al pueblo en general, se les debe enseñar a trabajar por temor y para recibir recompensa. Hasta que aumente su conocimiento y adquieran mucha sabiduría, se les enseñará ese secreto poco a poco y se deben acostumbrar a ello de forma amena, hasta que alcancen ese secreto y le conozcan a Él y le sirvan con amor».
Los egipcios les advirtieron, a aquellos que se encontraban bajo el discernimiento de las mujeres, de no seguir lo que dice Maimónides. Por el contrario, aun cuando ellos estaban al nivel de las mujeres y de los pequeños, les hicieron entender que debían empezar inmediatamente el trabajo para alcanzar Lishmá. De esa manera, los egipcios se aseguraron de que ellos permanezcan bajo su dominio, fuera de la Kedushá (Santidad).
Resulta que esto se llama «trabajo duro», tal como interpretó Rabí Shmuel Bar Najmani, «BaParej (con trabajo duro) significa BePrijá (romprimiento)». Y Rashi interpretó: «En el desmoronamiento y rompimiento del cuerpo y la cadera» La razón es que cuando se reemplaza el trabajo de los hombres por el trabajo de las mujeres y el trabajo de las mujeres por el trabajo de los hombres, será como explicamos, ya que el trabajo del hombre era el de sobreponerse y avanzar y dirigir la intención de Lishmá, pero los debilitaron en este trabajo porque los egipcios se opusieron a este trabajo. Así que, además de tener que trabajar para sobreponerse y así poder aspirar a poder otorgar, tenían otro trabajo más en el que los egipcios les hicieron pensar que todo su trabajo era innecesario, que el trabajo de otorgamiento no les pertenece, sino solo para unos pocos escogidos.
A esto se le denomina «doble trabajo»:
1) Esforzarse para dirigir con el fin de otorgar.
2) Pelear con ellos y decirles que no es cierto, que ellos sí serán capaces de alcanzar Lishmá, y no como afirmaban los egipcios, de que debían hacer el trabajo de las mujeres. Y esa era toda la tendencia de los egipcios, que no se acercaran al trabajo de otorgamiento.
También reemplazaron el trabajo de los hombres por el trabajo de las mujeres, ya que dijeron que es inútil porque es observar la Torá y las Mitzvot solo en acción. Significa que toda su guerra contra la inclinación es solo sobre la acción y no como dijo Maimónides, que el trabajo de las mujeres debe tratar solo acerca de hacer cosas y no enseñarles que deban dirigir a Lishmá.
De manera que, cuando los egipcios vinieron y les dijeron que tenían que hacer el trabajo de los hombres, es decir, dirigir la intención con el fin de otorgar, fue un trabajo duro para ellos:
1) En relación a Lishmá, son totalmente incapaces de eso.
2) Sobreponerse al cuerpo y cumplir las Mitzvot prácticas fue más difícil para ellos antes de que los pensamientos negativos de los egipcios llegaran y les hicieran pensar que el acto de las Mitzvot sin intención es completamente inútil y degradaron la importancia de la Torá y las Mitzvot en Lo Lishmá. Por lo tanto, ahora, a través de los egipcios, el trabajo en la forma de mujeres ha sido degradado y esto les generó un trabajo duro, como se dijo, que es el rompimiento del cuerpo y de la cadera.
De
todo
lo
anterior
resulta
que
hay
tres
significados
para
la palabra
Parej
(trabajo
duro),
y
no
hay
contradicción
entre
una interpretación
y
la
otra.
El
asunto
es
que,
las
tres
cosas
estaban
allí
y
cada cual
las
interpretó
de
acuerdo
a
su
propio
significado:
1.
En
la
primera
interpretación
de
Parej,
Rabí
Elazar
dice
que
es
«en
Pe Raj
(boca
suave)».
2. Rabí Shmuel Bar Najmani dijo: «En Prijá», que significa rompimiento.
3. Rabí Shmuel Bar Najmani: «Rabí Yonatán dijo: “Reemplazaban el trabajo de los hombres por el trabajo de las mujeres y el trabajo de las mujeres por el trabajo de los hombres”».
Sin embargo, todos ellos interpretan que el trabajo duro es Perijá (rompimiento), es decir, el rompimiento del cuerpo. Y la razón por la cual era trabajo duro hasta el punto que llamaron esta labor: «Trabajo que rompe el cuerpo y la cadera», es que reemplazaron el trabajo de los hombres por el trabajo de las mujeres y el trabajo de las mujeres por el trabajo de los hombres. Esto les ocasionó el duro trabajo.
Entonces, ¿por qué escucharon las opiniones de los egipcios? Porque ellos le hablaron a Israel con Pe Raj (una boca suave) lo que significa que los pensamientos de los egipcios les llegaban a Israel con una boca suave. Esto es, todo lo que ellos les decían que tenían que hacer no era para apartarlos de la servidumbre al Creador, Dios no lo permita. Por el contrario, ellos deseaban guiarlos para que vayan por los caminos del Creador de una manera exitosa, para que no desperdiciaran su tiempo en vano, inútilmente, es decir, que no vieran progreso en el trabajo de santidad. Y puesto que oyeron que les hablaron con boca suave, fue difícil para ellos sobreponerse a estos pensamientos.
Esto indica que cuando él dice que les fue reemplazado el trabajo de los hombres por el trabajo de las mujeres, explica por qué escucharon a los egipcios. La respuesta es que, a causa del Parej, o sea que ellos le hablaron a Israel con Pe Raj (una boca suave). Por lo tanto, es por las dos razones arriba mencionadas, por lo que llegaron a trabajar duramente: como dice Rabí Shmuel Bar Najmani, Parej significa el trabajo de Perijá (rompimiento), que es un trabajo que rompe el cuerpo.
En consecuencia, debemos entender por qué no es suficiente para el pueblo de Israel que el Creador los sacara de Egipto, es decir, que los liberara de su esclavitud y pudieran dedicarse a la Torá y las Mitzvot, cada uno de acuerdo a su nivel, y la Klipá (cáscara) de Egipto no tenía la fuerza suficiente para oponerse a su trabajo.
En verdad, ¿qué tan grande es el milagro y quién puede apreciar la importancia de la cuestión? La persona, cuando considera la cantidad de sufrimiento y tormento que siente al estar en el exilio bajo la esclavitud del Faraón, Rey de Egipto, y la oscuridad de Pitom y Ramsés que asume en su corazón, el cual estaban construyendo.
Y ahora, las puertas de la Klipá de Egipto se abrieron ante ellos de una vez, salieron en libertad y quedaron bajo su propia autoridad. Significa que ahora eran libres para dedicarse a la Torá y las Mitzvot como lo desearan, sin interrupciones. Cuánta alegría y júbilo siente una persona cuando compara el tiempo de oscuridad con el tiempo de la iluminación. Es como está dicho: «Quien separa entre la Luz y la oscuridad».
De acuerdo a lo anterior, debemos entender la necesidad de saber que solo el Creador los liberó de las penurias de los egipcios, como dicen nuestros sabios: «Cuando te saque, haré por ti algo para mostrarte que he sido Yo quien te ha liberado de Egipto, como está escrito: “Yo soy el Señor tu Dios, quien te ha liberado del yugo de los egipcios”».
El asunto es que siempre debemos recordar la meta que debemos alcanzar. Y dado que el propósito de la creación es hacer el bien a Sus creaciones, nuestra meta es recibir el bien y el placer que Él ha previsto para nosotros. Pero para los fines de la corrección, llamada Adhesión, que trata de la equivalencia de forma, tenemos que trabajar para obtener las vasijas de otorgamiento. Sin embargo, esto es solo la corrección de la creación; no es la perfección. La perfección significa conocer al Creador, conocer y alcanzar la Torá, la cual es llamada «los nombres del Creador».
En consecuencia, no es suficiente que ya tengamos la fuerza para observar la Torá y las Mitzvot sin ninguna interrupción, ya que esto es solo una corrección, y no la meta completa. La completitud de la meta es obtener el conocimiento de la Torá como en: «La Torá, Israel y el Creador son Uno». Por esta razón nuestros sabios dijeron: «Esto es lo que el Creador le dijo a Israel: “Y deben saber que Yo soy el Señor tu Dios, quien los ha liberado. Yo y no un enviado”». Significa que cada uno debe llegar a conocer al Creador y a esto se le llama: «Torá», en el discernimiento de los nombres del Creador.