Está escrito (Génesis 13:8-9), «Y Abram dijo a Lot: ‘Por favor, que no haya discordia entre tú y yo, ni entre mis pastores y los tuyos, pues somos hermanos. ¿No está toda la tierra delante de ti? Te ruego que te apartes de mí: si vas a la izquierda, iré a la derecha; y si vas a la derecha, entonces iré a la izquierda'».
Debemos entender por qué dice “Pues somos hermanos”, ya que ellos no eran hermanos.
El Zóhar (Lej Lejá, Ítem 86) interpreta esto de la siguiente manera: «‘Pues somos hermanos’, lo que significa que la inclinación al mal y la inclinación al bien están cerca una de la otra. Una está a la derecha de una persona y la otra a su izquierda. Es decir, la inclinación al mal está a su izquierda y la inclinación al bien a su derecha» (Rabash, «Está prohibido escuchar algo bueno de una persona mala»).
Rabash escribe en este artículo que “está prohibido escuchar algo bueno de una mala persona”. ¿Por qué? ¿Cómo puede haber algo bueno en una mala persona? Aparentemente es posible.
La paradoja inherente a la creación, que no somos tan capaces de aceptar, es que solo se puede avanzar hacia la perfección y la eternidad desde su opuesto.
El deseo de recibir, en su esencia, no es ni bueno ni malo. Pero cuando la Luz entra en él, le da al deseo de recibir una intención con el fin de otorgar. Sin la intención de otorgar, el deseo de recibir es simplemente un material que disfruta, y al disfrutar, percibe solo su propia existencia en el mundo.
En contraste con este material, no hay nada más que deba transformarse o cambiarse. Sin embargo, cuando actúa a partir de intenciones en aras de recibir, la materia descubre que éstas lo impulsan, comprende que son malas y revela el reconocimiento del mal en su interior. Luego, la materia trata de cambiar sus intenciones por otras a través de las cuales pueda disfrutar, y gradualmente descubre que éstas son intenciones para el otorgamiento.
No comprendemos que el Creador creó la creación de tal manera que la oposición misma a la revelación de la divinidad es lo que nos despierta. La inclinación al mal es, de hecho, el único medio verdadero que nos acerca a la meta; no nos permite permanecer en el nivel quieto sin movimiento, sino que constantemente nos empuja una y otra vez a buscar, encontrar y ver el alcance total de nuestra pérdida causada por ella, y la absoluta imposibilidad de alcanzar algo bueno sin superarla. Sin la inclinación al mal, una persona llegaría a un estancamiento total.
Si uno sigue el consejo de la inclinación al mal, siente que se hunde en el sufrimiento. Entonces una persona comienza a odiar la inclinación al mal y llega a la decisión correcta: sustituir la intención de recibir con la intención de otorgar. De esta manera la inclinación al mal cumple su misión.
Por lo tanto, debemos respetar la función de la inclinación al mal, lo que hace por nosotros al ejercer su influencia sobre nosotros en todo tipo de formas para volvernos hacia el Creador. A esto se le llama “ayuda contra él”.
Por eso, Abraham le dijo a Lot: “Si tú vas a la izquierda, yo iré a la derecha; y si tú vas a la derecha, yo iré a la izquierda”. ¿Abraham no sabía adónde ir? Más bien, si Lot elige un camino, Abraham sabe que su camino va en la dirección opuesta. Sin esto, permanecería en un estado de Jafetz Jésed, sin dirección. Precisamente para esto existe la inclinación al mal.
Aunque a veces nos parezca mala y otras buena, siempre debemos hacer caso omiso de sus consejos; en otras palabras, escuchar lo contrario. Al hacerlo, nos orienta en la dirección correcta.
Adquiriendo el deseo La plegaria nace de la impotencia, de la falta de deseo o, de un intenso anhelo
El bien no debe superar al mal
Pregunta:
¿Qué tipo de conflicto existe dentro de una persona?
Respuesta:
Es una lucha constante porque el ser humano está formado por dos deseos: el egoísta y el altruista. Sin embargo, un verdadero ser humano es aquel en quien existe una lucha interior constante entre el bien y el mal, alguien que enfrenta deliberadamente su bien contra el mal.
El mal se eleva constantemente, se agita con fuerza, queriendo todo para sí mismo, y más aún. Una persona, si desea dedicarse a la superación personal, cultiva continuamente el bien en su interior y se mantiene constantemente inmersa en esta lucha interior.
Pregunta:
Entonces, ¿el mal que hay en mí, el egoísmo, está siempre ahí; es mi naturaleza?
Respuesta:
Sí. ¡Y pídele al Creador que te conceda también una naturaleza buena para que puedas equilibrar estas dos naturalezas dentro de ti! Podrías decir: «Le pido al Creador que borre esta naturaleza maligna de mí». ¡No! No, eso no es sensato. Más bien, pide que se te conceda una naturaleza buena, y que estas dos naturalezas existan dentro de ti en equilibrio, sin que una sea mayor que la otra, y sin que lo positivo prevalezca sobre lo negativo.
¡La línea media entre ambos es un estado maravilloso! Me mantengo constantemente en este equilibrio. Me mantengo sobre dos piernas por encima de ellos. Solo así puedo sentir plena y absolutamente plena, tanto lo negativo como lo positivo, y toda la naturaleza está a mis pies.
Pregunta:
¿Entonces una persona que contiene en su interior ambas cosas, su propia naturaleza y la naturaleza del Creador? ¿Es esa una persona armoniosa?
Respuesta:
¡Por supuesto! Entonces, a esa persona se la llama Adam, similar al Creador, porque su cualidad interior, la opuesta al Creador, también se vuelve similar al Creador.
La igualdad reside en la unidad
Pregunta:
Usted afirma que no somos iguales entre nosotros y que nuestra única igualdad radica en pertenecer a un sistema regido por una fuerza Superior. ¿Significa esto que la igualdad se alcanza únicamente mediante la adhesión a este sistema?
Respuesta:
La igualdad se alcanza mediante nuestra unión, con la ayuda de la fuerza Superior. Si, en el plano terrenal, intentamos imponer artificialmente la igualdad, terminamos con formas tan distorsionadas de comunismo y violencia que el resultado no es más que un odio terrible y una fragmentación, una dispersión en todas direcciones.
Pero cuando nos esforzamos por unirnos mediante la fuerza Superior, alcanzaremos una verdadera unidad que nos conectará y elevará. Entonces, en nuestro anhelo compartido, cada uno de nosotros sentirá al Creador.
Profundizando ¿Dios, Creador o fuerza Superior?