Yehudá Leib HaLevi Ashlag (Baal HaSulam)
Escuché el 17 de febrero de 1943, Tel Aviv
Todos los mundos en los que discernimos numerosos niveles y muchas coberturas, todo esto es en relación a las almas, que son en realidad las que reciben de los mundos. Según esto entenderemos la regla: «Todo lo que no alcanzamos, no lo conocemos por su nombre». Porque «nombre» indica alcance. Es decir, todos los nombres, las Sefirot y los números son desde la perspectiva de los receptores. Por lo tanto, tenemos tres discernimientos.
1. El Creador mismo, Atzmutó, de quien no hablamos en absoluto. Porque el lugar desde el que comenzamos a hablar es el Pensamiento de la creación, en el que estamos incluidos en potencia, lo que es llamado «El final de la acción está en el pensamiento original».
2. El Pensamiento de la creación. Y lo llamamos Ein Sof (infinito), y es la conexión entre Atzmutó y las almas. Y esta conexión la entendemos como el «deseo de hacer el bien Sus criaturas». Y más allá de esta conexión del deseo de hacer el bien, no podemos decir nada. Por lo tanto, ahí no hay percepción ni alcance.
Y puesto que todos los discernimientos que existen en los mundos existen solo desde la perspectiva de las almas, resulta que no hay alcance de los mundos en sí mismos. Por eso también se les llama Atzmut (esencia) y «No hay absolutamente ningún alcance en ellos». Y en relación a las almas, las cuales reciben de los mundos, los mundos son considerados Ein Sof.
Y la razón de esto es que esta conexión entre los mundos y las almas, es lo que los mundos imparten a las almas. Y esto proviene del deseo de deleitar a Sus criaturas, que es la forma de correlación entre Atzmutó y las criaturas. Y esta conexión se llama Ein Sof, como dijimos anteriormente. Es decir, cuando empezamos a hablar de la Luz Superior, estamos hablando de dos discernimientos juntos. Es decir, del que alcanza y de lo alcanzado juntos. Es decir, cómo el que alcanza queda impresionado por lo alcanzado.
Sin embargo, cada uno por sí solo no son definidos bajo el nombre de Ein Sof. Sino que lo alcanzado se llama con el nombre de Atzmutó, y el que alcanza se llama con el nombre «almas», que es un discernimiento nuevo, y este discernimiento es una parte del todo, en el sentido de que el discernimiento del deseo de recibir fue impreso en el alma, llamada «existencia a partir de la nada» (y el Creador creó tal realidad para que la sintiéramos de esta manera).
Según esto, resulta que todos los mundos se consideran una unidad simple en relación a sí mismos, y no hay cambio en la Divinidad, lo cual se llama «Yo, el Creador, no cambio». Y en lo Divino no se puede hablar de Sefirot ni discernimientos. Y ninguna lengua, ni siquiera la más pura, no se hallan en [los mundos en] sí mismos, y todo esto se considera el nombre Atzmutó. Y todas las Sefirot y discernimientos aparecen junto con la persona que alcanza la Luz Superior. Porque el Creador quiso que alcanzáramos y entendiéramos la abundancia, que se llama Su deseo de hacer el bien. Y nos dio estos sentidos.
En otras palabras, según la medida en que nuestros sentidos son impresionados por la Luz Superior, en esa medida experimentamos numerosas sensaciones. Y nuestro órgano sensorial general se llama «deseo de recibir». Y en la medida de recepción distinguimos muchas partes y detalles, ascensos y descensos, expansión y retracción. Porque el deseo de recibir ya se llama «creación» e innovación creada como existencia a partir de la nada.
Por lo tanto, precisamente desde el lugar donde comienza a impresionarse el deseo de recibir, podemos hablar de partes en la medida de la impresión. Y todo esto ya se llama la correlación general entre la Luz Superior y el deseo de recibir. Y esto se llama Luz y Kli. En cambio, no se puede hablar de la Luz sin el Kli, porque la Luz sin aquel que la alcanza, llamado Kli, todavía se considera Atzmutó, del cual está prohibido hablar porque no es posible alcanzarlo. Y donde no hay alcance, ¿cómo es posible hablar de lo que no alcanzamos?
Resulta que lo que llamamos Luz y Kli en la espiritualidad, cuando están solo en potencia, se llama Ein Sof, y esto, antes del Tzimtzum (restricción) de los mundos, se llama la raíz. Es decir, el estado potencial conducirá a la implementación práctica. Y hay muchos mundos y discernimientos que comienzan desde el Tzimtzum hasta el mundo de Asiá, y allí todo está incluido en potencia. Y quien los alcance, los alcanzará de esta manera en la práctica. Y para quien alcanza, estos numerosos detalles se determinan realmente en la práctica.
Y de esto entenderemos por qué decimos que el Creador nos ayudará, o que el Creador nos enviará la sanación o la salvación, o que el Creador nos entregó un regalo, el Creador me envió un buen negocio, etc. Hay dos discernimientos en esto:
1. El Creador
2. Lo que viene de Él
El primero se considera Atzmutó, y está prohibido hablar de Él, porque no Lo alcanzamos.
Y lo segundo es un discernimiento que emana de Él, y se considera la Luz que se expande y entra en nuestros Kelim, es decir, en nuestro deseo de recibir. Y esto se considera Ein Sof, es decir, la conexión que el Creador tiene con el hombre inferior, al cual el Creador desea deleitar. Y el deseo de deleitar es considerado una Luz que se expande desde Él, que al final llega al deseo de recibir. Es decir, el deseo de recibir recibe esta Luz que se expande.
Resulta que la Luz que se propaga se llama Ein Sof. Y cuando esta Luz se expande, llega al inferior pasando por muchas coberturas, gracias a las cuales los inferiores pueden recibirla. Y resulta que todos los alcances y cambios ocurrieron precisamente en el receptor. En otras palabras, según cuán impresionado esté por la salvación. Y todos los numerosos nombres y discernimientos que existen en los mundos son llamados según las impresiones del inferior. Y luego se distinguen numerosos discernimientos en potencia, de los cuales el inferior se impresiona en la práctica.
Es decir, el que alcanza y lo alcanzado vienen juntos, como dijimos anteriormente. Porque sin aquel que alcanza, no hay forma para lo alcanzado, ya que ¿en relación a quién tomará forma? ¿En relación a aquel que alcanza? Después de todo, él no existe en el mundo. Y en cuanto a lo alcanzado en sí, no importa la forma que reciban, esto no se puede alcanzar. Por lo tanto, si no tenemos alcance en Atzmutó, y no es posible imaginar allí a los sentidos, en ese caso, ¿cómo podemos decir que lo alcanzado tomará alguna forma en relación a sí mismo, si en Atzmutó no tenemos alcance? En ese caso no tenemos nada de lo que hablar salvo de nuestros sentidos, en la medida que estemos impresionados por la Luz que se expande.
Y esto es similar a mirar una mesa y cómo luego, según nuestros sentidos, sentimos que es un objeto sólido con el sentido del tacto. Y también podemos hablar de la medida de largo, de ancho, etc. Y todo esto según nuestros sentidos.
Sin embargo, esto no obliga que esta mesa le parezca igual que nosotros la vemos a alguien que tiene otros sentidos, por ejemplo, a ojos de un ángel. Después de todo, no hay duda de que cuando mire la mesa, no verá las mismas formas en ella, sino que verá según sus sentidos. Por lo tanto, no podemos decir ni determinar ninguna forma de esa mesa desde la perspectiva del ángel, ya que no conocemos los sentidos de los ángeles.
De esto resulta que, del mismo modo que no tenemos alcance del Creador, tampoco podemos decir qué forma tienen los mundos desde la perspectiva del Creador. Y los conceptos que alcanzamos en el mundo son según nuestros sentidos y sensaciones. Y esa fue la voluntad del Creador: que nosotros alcanzáramos los mundos Superiores de esta manera. Y este es el significado de que no hay cambios en la Luz, sino que todos los cambios ocurren en los Kelim, es decir, en nuestros sentidos, porque todo se mide según nuestra imaginación y nuestros sentidos.
Resulta que, según esto, si muchos hombres observan un mismo elemento espiritual, a pesar de todo, cada uno lo alcanzará de manera diferente, según la imaginación y los sentidos de cada uno. Asimismo, con un solo hombre, este fenómeno espiritual también cambiará en él según sus estados. Por eso él mismo siente una forma diferente cada vez. Y todo es porque la Luz es simple y no tiene forma, y todas las formas son según los que reciben.