Yehudá Leib HaLevi Ashlag (Baal HaSulam)
Lo escuché el 24 de Av, 3 de agosto de 1945
Está escrito: «No te harás otros dioses ante Mí». El sagrado Zóhar interpreta que «debe haber piedras con las cuales pesar». Al respecto, pregunta: ¿Cómo puede pesarse con piedras el trabajo y por ese medio conocer su estado en el camino del Creador? A esto responde que es sabido que, cuando el hombre comienza a trabajar más de lo que está habituado, entonces su cuerpo empieza a patalear y a resistirse a este trabajo con todas su fuerzas. Esto se debe a que, para el cuerpo, lo referente al otorgamiento es una carga y un yugo: no puede soportar este trabajo. Y la resistencia del cuerpo se presenta en el hombre en forma de pensamientos ajenos. Y viene y hace las preguntas «quién» y «qué». Y estas preguntas causan que el hombre diga que todas estas preguntas seguramente le son enviadas por la Sitra Ajra para molestarlo en su trabajo.
Dijo que, si en ese momento uno dijera que esto proviene de la Sitra Ajra, entonces quebrantaría lo que está escrito: «No te harás otros dioses ante Mí».
El motivo de esto es que el hombre debe creer que le viene por parte de la sagrada Shejiná (Divinidad). Porque «No hay nada más que Él». Es decir, la sagrada Shejiná le muestra al hombre su verdadero estado, cómo está recorriendo los caminos del Creador. Esto quiere decir que, al enviarle estas preguntas, llamadas «pensamientos ajenos», es decir, por medio de estos pensamientos ella ve cómo él responde a las preguntas. Y de esta forma, uno debe llegar a conocer su verdadero estado en el trabajo para poder saber qué hacer.
Es similar a lo que dice la parábola respecto al hombre que quería saber cuánto lo amaba su amigo. Desde luego, cuando están cara a cara, su amigo se oculta por vergüenza. Por lo tanto, uno envía a una persona para que hable mal de él. Así, puede ver la reacción de su amigo cuando él está lejos y comprobar el verdadero grado de amor que su amigo siente por él.
La enseñanza de esta parábola es que, cuando la sagrada Shejiná muestra Su rostro a la persona, es decir, cuando el Creador da vitalidad y alegría, en ese estado, el hombre se avergüenza de decir lo que piensa sobre el trabajo de otorgamiento sin recibir nada para sí mismo. No obstante, cuando no está ante Ella, esto es, cuando la vitalidad y la alegría se enfrían, lo cual se considera «no ante Ella», el hombre puede ver el verdadero estado en que se encuentra con respecto a con el fin de otorgar.
Y si el hombre cree en lo que está escrito, que «No hay nada más que Él», y que es el Creador quien envía todos los pensamientos ajenos, es decir, que Él es el ejecutante, ciertamente sabrá qué hacer y cómo responder a cada una de las preguntas. Es como si la sagrada Shejiná le enviara mensajeros para ver cómo habla mal de ella y sobre su propio Reino de los Cielos. Así es como podemos interpretar este asunto.
Y el hombre puede comprender esto: que todo viene del Creador. Pues se sabe que los golpes con los que el cuerpo golpea al hombre a través de sus pensamientos ajenos, no le llegan cuando no se dedica al trabajo. Estos golpes que uno recibe son sentidos plenamente, hasta el punto que estos pensamientos destrozan su mente, y le llegan precisamente solo después de haber observado la Torá y haber trabajado más de lo habitual.
Esto se llama «piedras con las que pesar». Significa que esas piedras, aquello que uno quiere comprender con estas preguntas, caen sobre su mente, cuando luego uno procede a sopesar el propósito de su trabajo, si realmente vale la pena trabajar con el fin de otorgar, y trabajar con toda su fuerza y toda su alma, y que todos sus deseos solo sean el tener esperanza de que todo lo que haya para adquirir en este mundo sea solamente con el propósito de trabajar con el fin de dar contento a su Hacedor, y de ninguna manera para asuntos materiales.
En ese momento se inicia una acalorada discusión, ya que uno comprueba que hay argumentos a favor de ambas posiciones. Las escrituras advierten al respecto: «No te harás otros dioses ante Mí». No vayan a decir que algún otro dios les dio las piedras para pesar su trabajo, sino «ante Mí». En cambio, uno debe saber que esto se considera «ante Mí». Es así para que uno compruebe la verdadera forma de la base y el cimiento sobre los cuales se construye la estructura del trabajo.
La pesadez experimentada en el trabajo se debe principalmente a que existen «dos escritos que se contradicen entre sí».
1. Por un lado, uno debe intentar que todo su trabajo consista en alcanzar la adhesión con el Creador, y que todo su deseo sea solamente darle contento a su Hacedor y nada para su propio beneficio.
2. Por otro lado, vemos que este no es el objetivo principal. Después de todo, el propósito de la creación no era que las criaturas le otorgaran al Creador, pues Él no tiene carencia de que las criaturas tengan que darle algo. Todo lo contrario, el propósito de la Creación es consecuencia de Su deseo de beneficiar a Sus creaciones, es decir, que las criaturas puedan recibir de Él placer y deleite.
Estos dos aspectos se contradicen entre sí, es decir, son diametralmente opuestos. Por una parte, el hombre debe otorgar, y por otra, el hombre debe recibir. En otras palabras, existe el discernimiento de la corrección de la creación:
1. Lo cual consiste en alcanzar la adhesión, que es equivalencia de forma, es decir, que todas sus acciones sean únicamente con el fin de otorgar.
2. Luego es posible alcanzar el propósito de la creación, que consiste en recibir deleite y placer del Creador.
Por eso, cuando el hombre se ha habituado a ir por los caminos del otorgamiento, de por sí, no tiene Kelim (vasijas) de recepción. Y cuando recorre los caminos de la recepción, no tiene Kelim de otorgamiento. Así, gracias a «las piedras con las que pesar» el hombre adquiere ambos a la vez. Porque, tras la negociación que tuvo durante el trabajo, cuando se sobrepone y asume el yugo del Reino de los Cielos en forma de otorgamiento en mente y corazón, hace que, cuando está a punto de extraer la abundancia superior puesto que ya posee un fundamento sólido acerca de que todo debe ser en forma de otorgamiento, aun cuando uno reciba cierta iluminación, esta recepción ya será con el fin de otorgar.
Esto es así porque todo el fundamento de su trabajo está construido solamente sobre la cualidad de otorgamiento. Esto se denomina «recibir con el fin de otorgar».