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Carta 69
 

Baruj Shalom HaLevi Ashlag (Rabash)

Carta 69

17 de febrero de 1964

Hola y todo lo mejor Sela para mi amigo, el hombre más querido.

Nuestros sabios dijeron: «Está escrito: “No discutas con un necio de acuerdo a sus necedades para que no seas como él”. También está escrito: “Responde al necio de acuerdo a sus necedades para que él no sea sabio a sus propios ojos”. Esto no es un problema: uno se refiere a asuntos de Torá, y el otro se refiere a asuntos mundanos”. Rashi interpretó: “Con respecto a los asuntos de Torá, se le permite responderle de acuerdo a sus necedades”» (Shabat , 30b). Deberíamos entender la prohibición de responder sobre asuntos mundanos; ¿Qué hay que temer? Parece que debería haber sido lo contrario, que en asuntos del cielo debemos temer, porque no es bueno discutir con un necio, pero ¿por qué debería estar prohibido responderle sobre asuntos mundanos?

También deberíamos entender lo que nuestros sabios dijeron sobre el versículo: «déjame saber tus caminos». «Él le dijo: “Amo del mundo, ¿por qué hay un justo que está bien y un justo que está mal, un malvado que está bien y un malvado que está mal?” Él le dijo: “Moshé, un justo que está bien, es un justo, hijo de justos; un justo que está mal, es un justo, hijo de malvados; un malvado que está bien, es un malvado, hijo de justos; un malvado que está mal, es un malvado, hijo de malvados”» ( Berajot, 7a).

En su significado literal, esto es difícil de entender. Vemos que también hay malvados, hijos de malvados, que están bien, y justos, hijos de justos, que están mal.

Sin embargo, debemos interpretar que esto no se refiere a asuntos de providencia como nos parece, ya que está escrito sobre esto: «Mis pensamientos no son vuestros pensamientos, ni vuestras maneras, son Mis maneras». Más bien, dice: «Déjame saber Tus maneras» se refiere a las formas del trabajo del Creador.

Se sabe que el propósito de la creación es hacer el bien a sus creaciones. Es decir, mientras uno no haya alcanzado un estado en el que sea feliz en el mundo, debe saber que no ha logrado el propósito para el cual fue creado el hombre. Otra regla que debemos saber es que, en asuntos del trabajo, padre e hijo son causa y consecuencia. Es decir, el estado anterior causa el siguiente estado, donde el primer estado se llama «padre» y el segundo estado se llama «hijo».

Por esto entenderemos todo lo mencionado anteriormente. La persona común del mercado, que no se ocupa en Torá y Mitzvot (preceptos), si ve a un hombre justo que se dedica a la Torá y viene y le pregunta al justo: «¿Qué es este trabajo para ustedes?» seguramente viene a burlarse de los justos por ocuparse en Torá y Mitzvot. Ciertamente no quiere que los justos le den una respuesta real, lo que lo obligará a dedicarse al trabajo del Creador, ya que esta no es su intención. Por lo tanto, no le respondas, porque él mismo no quiere que tú le respondas. Esto es llamado un «malvado».

Aquel que está en tal estado, o sea en el estado que los malvados del mundo le influyen en su mente tales pensamientos - no le contestes. Es decir, uno no debe considerar tales pensamientos. Esto es llamado «malvado, hijo de malvados». Este es el significado de «está mal», si tales pensamientos vienen a la mente. «No respondas» significa que uno tiene prohibido responder tales preguntas, como está escrito:, «para que no seas como él». Es por eso que se le considera «está mal» porque es completamente malo y nada bueno saldrá de este.

Pero también hay quien se dedica a la Torá y las Mitzvot, y cuando comienza a dedicarse únicamente en Lishmá (en nombre de Ella) y no con ninguna intención para su propio beneficio, la pregunta: «¿Qué es este trabajo para ustedes?» viene a él, lo que significa qué obtendrá de trabajar únicamente para el Creador. Esa persona, cuya intención es que sea en nombre de los cielos, eso es lo que causa estos pensamientos, «está bien», ya que esta es una señal de que realmente quiere dedicarse en nombre de los cielos, pues es por eso es que su cuerpo no acepta caminar con él en este camino.

Por lo tanto, esa persona anhela que el justo le responda claramente, para que sepa qué responder a su cuerpo y tenga algo con que convencerlo. Por lo tanto, «respóndele». Esto se considera que se le permite responder en asuntos de Torá, ya que él realmente quiere una respuesta.

En tal estado, uno es llamado «malvado, hijo de justo», ya que el argumento del malvado, «¿Qué es este trabajo», viene a él, por dedicarse a la Torá y las Mitzvot. Resulta que se le considera justo, y las acciones justas que quiere que sean para el Creador engendran en él la pregunta: «¿Qué es este trabajo?» Es por esto que es un «malvado, hijo de justos». Él «está bien» porque es una señal de que está caminando por el camino de la verdad.

Este es el significado de lo que nuestros sabios dijeron: «La inclinación del hombre lo domina cada día y busca matarlo. Si no fuera por la ayuda del Creador, él no habría prevalecido sobre esta». Solo el Creador puede ayudar a la persona a dirigir la intención en nombre de los cielos. Cuando el Creador lo ayuda, se convierte en un justo y es recompensado con la fe permanente en el Creador. En palabras de nuestros sabios, esto es llamado, «Aquel que aprende la Torá Lishmá (en nombre de Ella)», lo que significa que toda su intención es en nombre del Creador.

Sin embargo, esto no logra el propósito de la creación, ya que está escrito: «Si tienes razón, ¿qué Le darás a Él?» ya que el Creador no tiene carencia que trabajemos para Él, pues la corrección del trabajo en Lishmá se dio solo para evitar el pan de la vergüenza. Por lo tanto, por un lado, ese estado se considera «justo, hijo de malvado», ya que el estado previo, antes de que el Creador lo ayudara, era malvado, pero una vez que el Creador lo ayudó, se convirtió en un justo. Es por eso que es llamado «justo, hijo de malvado». Sin embargo, él todavía «está mal» porque todavía no ha logrado el propósito de su creación.

Posteriormente, llega a un estado llamado «Torá», donde los secretos de la Torá le son revelados y el mundo entero vale la pena para él. La Torá es llamada un «regalo», como nuestros sabios dijeron sobre el versículo: «De Mataná (Heb: regalo) a Najliel», ya que este es el regalo del Creador. Es decir, una vez que a la persona fuera recompensada con la fe, se le puede otorgar el siguiente estado.

El segundo estado se llama «Torá». La diferencia entre la fe y la Torá es que sabemos que tenemos dos asuntos en los caminos del Creador: 1) trabajo, 2) Torá. La diferencia entre la Torá y el trabajo es que trabajo se considera que la persona no disfruta lo que está haciendo, y lo hace solo para ser recompensado. Y dado que uno necesita trabajar no para recibir premio, su trabajo se llama Tzedaká (caridad). Esto es porque el primer estado, el cual es la fe, se le llama «caridad», como está escrito: «Y él creía en el Señor y Él se lo consideraba como caridad».

Por el contrario, la Torá se llama «regalo» porque lo disfruta. De lo contrario, no se consideraría un regalo, ya que cuando uno recibe un regalo de su amigo, no le pide una recompensa por recibir un regalo.

Por lo tanto, cuando uno es recompensado con la Torá, se considera que ha alcanzado su propósito y, por lo tanto, «está bien». Y porque en el estado anterior tenía fe, lo cual se considera como justo, él se considera justo, hijo de justo. Este es el significado de «justo que está bien», ya que ha logrado el propósito de la creación y ya siente la benevolencia hacia Sus creaciones. En ese estado se le llama un «buen invitado», como dijeron nuestros sabios: «¿Qué dice un buen invitado? “Todo lo que el dueño de casa ha hecho, lo ha hecho solo para mí”».

Que el Creador nos ayude a recibir lo que debemos y con la redención completa.

De tu amigo que te desea lo mejor a ti y a tu familia,

Baruj Shalom HaLevi Ashlag,

Hijo de Baal HaSulam