Yehudá Leib HaLevi Ashlag (Baal HaSulam)
1925
Estimado, que tu vela arda siempre
…Sin embargo, permíteme escribirte con respecto la columna del medio en el trabajo del Creador, para que siempre sea un objetivo para ti, entre la derecha y la izquierda, pues hay quien camina, que es peor que el que se sienta ociosamente, y es quien se desvía del camino, porque el camino de la verdad es una línea muy delgada sobre la cual se dan pasos y se camina hasta llegar al palacio del Rey.
Y todo el que comienza a caminar al principio de la línea, debe ser especialmente cauteloso de no desviarse hacia la derecha o hacia la izquierda de la línea ni siquiera por un cabello, porque si en el principio la desviación es del espesor de un cabello, aunque luego siga caminando realmente derecho ya no podrá llegar de modo alguno al palacio del Rey, porque no estará pisando la verdadera línea. Esto es como la alegoría:
y esta es una verdadera alegoría.
Te explicaré el asunto de la columna del medio (la línea media), que es el significado de «La Torá, el Creador e Israel, son uno»; pues el propósito de la llegada del alma al cuerpo es que estando vestida en el cuerpo, sea recompensada con regresar a la raíz y adherirse al Creador, como está escrito: «amar al Creador, tu Dios, y transitar todos sus caminos y cumplir sus preceptos y adherirse a Él». Así puedes ver que el propósito es «adherirse a Él». Esto significa, tal como estaba antes de vestirse en el cuerpo.
Pero hace falta una gran preparación para ir en todos sus caminos. Y, ¿quién conoce los caminos del Creador? Sin embargo, «La Torá tiene 613 caminos», y el que camina por ellos finalmente se purificará, hasta que su cuerpo no sea un muro de hierro entre él y su Creador. Como está escrito: «Y les quitaré el corazón de piedra de su carne», y entonces se adherirá a su Creador, realmente como lo estaba antes de que el alma se vista en el cuerpo.
Resulta que hay tres estados: 1) Israel, quien se esfuerza por regresar a su raíz; 2) El Creador, que es la raíz que anhela; 3) el estado de 613 caminos de la Torá, a través de los cuales purifica su alma y su cuerpo, que es el condimento, como está escrito: «Creé la inclinación al mal, creé la Torá como condimento».
Pero en realidad estos tres son realmente uno, pues al final todo trabajador del Creador alcanza estos estados en un solo discernimiento único y especial, y eso que le parece dividido en tres es debido a su imperfección en el trabajo de Dios.
Te explicaré algo: verás un poco, pero no verás todo, a no ser gracias a que el Creador te dé la redención. Sabemos que el alma es una parte divina de lo Alto, que antes de llegar al cuerpo está adherida como una rama a la raíz. Puedes verlo al principio del libro Etz Jaim, que por ello el Creador creó los mundos, pues Su deseo era que se revelaran Sus nombres sagrados, «Misericordioso y lleno de gracia», etc., que si no hubiese criaturas no tendría de quién apiadarse, etc. Estas son cuestiones muy profundas.
No obstante, en la medida que la pluma lo permite, «Toda la Torá no es más que los nombres del Creador» tal como lo dicen los sabios. El asunto del alcance es que «lo que no alcanzamos, no lo definimos por su nombre». Está escrito en los libros que todos los nombres son la recompensa de las almas, obligadas a entrar en el cuerpo, que precisamente mediante el cuerpo pueden alcanzar los nombres del Creador y según la medida de ese alcance se medirá su nivel.
Existe una ley: la vitalidad de todo lo espiritual está en el mérito de conocerlo. Un animal corpóreo se siente a sí mismo pues está compuesto de intelecto y materia.
Resulta que el sentimiento espiritual es un estado de conocimiento y la altura del nivel espiritual depende de la magnitud del saber, como está escrito: «uno es alabado según su intelecto». Pero el animal sabe y no siente nada. Comprende esto a fondo.
Comprende la recompensa de las almas: antes de llegar al cuerpo, el alma era apenas un punto pequeño que estaba adherido a la raíz como la rama al árbol y este punto se denomina raíz del alma y su mundo. Y si no llegara a este mundo en el cuerpo, tendría solo su propio mundo, es decir, la medida de su parte en la raíz.
Sin embargo, cuanto más es recompensado en caminar por todos los senderos del Creador, o sea los 613 caminos de la Torá que vuelven a ser, realmente, los nombres del Creador, entonces crece su altura, de acuerdo con el nivel de los nombres que ha alcanzado, y esto significa que «el Creador imparte a cada uno de los justos 310 mundos».
Esto significa que el alma se incluye de dos justos: un justo superior y un justo inferior, del mismo modo que el cuerpo está dividido del Tabur (ombligo) hacia arriba y del Tabur hacia abajo. Y así consigue el logro de la Torá escrita y oral, que son dos veces 310, lo cual se suma en Guematria en TaRaJ (620), compuestas por 613 Mitzvot de la Torá y siete Mitzvot de Rabanán (nuestros grandes rabinos).
Por eso está escrito en el Etz Jaim que «los mundos han sido creados solo para revelar los nombres del Creador», léelo atentamente y comprenderás. Y ves que debido a que el alma descendió a vestirse en esta inmunda materia, no pudo ya volver a adherirse a su raíz en el nivel de su propio mundo, como estaba en su raíz antes de llegar a este mundo, sino que debe incrementar su altura «620» veces más, como era antes en la raíz, lo cual es toda la perfección, todo el NaRaNJaY hasta Yejidá, por lo cual Yejidá se denomina «Kéter», indicando el número TaRaJ (620)[1].
Puedes ver que el asunto de los 620 nombres de las 613 Mitzvot de la Torá y las 7 Mitzvot de Rabanán son, en realidad, las cinco fases del alma. Esto es, NaRaNJaY, pues los Kelim (vasijas) de NaRaNJaY están compuestos de esas 620 Mitzvot, y las Luces de NaRaNJaY son, en realidad, la Luz de la Torá que hay en cada Mitzvá (precepto). Resulta que la Torá y el alma, son uno.
No obstante, el Creador es la Luz de Ein Sof que está vestida en la Luz de la Torá que se encuentra en dichas 620 Mitzvot. Comprende esto con profundidad, que son las palabras de los antiguos sabios: «Toda la Torá no es más que los nombres del Creador», lo cual significa que el Creador es la totalidad y los 620 nombres son detalles y partes, que dichos detalles son según los pasos y los niveles del alma que no recibe su Luz de una sola vez, sino en cada nivel, lentamente, uno tras otro.
De esto se aclara que al final, el alma alcanza todos los 620 nombres sagrados y adquiere toda su altura, que son 620 veces la medida que tenía antes de llegar. La medida de su altura se ve desde las 620 Mitzvot en las que está vestida la Luz de la Torá, y el Creador que es la totalidad de la Luz de la Torá. Con esto se aclara el asunto de «la Torá, el Creador e Israel, son uno» realmente.
Observa bien estos asuntos, que no son complejos sino muy simples y tratan de lo que dijeron: «no explicaré lo literal». Afortunado eres si comprendes lo que tienes frente a ti.
Volviendo al tema de que antes que se complete el trabajo del Creador, la Torá, el Creador e Israel se perciben como tres discernimientos. Es decir que a veces uno anhela completar su alma para regresarla a su raíz, lo cual es Israel y a veces quiere comprender los caminos del Creador y los secretos de la Torá, «porque quien no conoce los mandamientos de su Señor, ¿cómo le servirá?», lo cual es la Torá.
Y a veces anhela alcanzar al Creador, es decir adherirse a Él en plena consciencia, y se lamenta principalmente por ello y no se lamenta tanto por no alcanzar los secretos de la Torá ni tampoco se lamenta tanto por regresar su alma a su raíz, como era antes de vestirse en el cuerpo.
Por eso, quien va por la verdadera línea en la preparación para la esclavitud al Creador, siempre debe analizarse a sí mismo si anhela los tres discernimientos mencionados, de forma equivalente, porque el fin del acto se equipara con su principio, y si anhela el primer discernimiento más que el segundo o el tercero, entonces se desvía de este camino de la verdad, y comprende esto.
Por lo tanto, es mejor que te aferres al propósito de anhelar el mandamiento del Superior, pues «Aquel que no conoce los caminos del Superior y los mandamientos del Superior, que son los secretos de la Torá, ¿cómo le servirá?», lo cual le garantiza mucho más la línea media entre los tres.
Este es el asunto de «Ábranme una apertura de arrepentimiento del tamaño del ojo de una aguja y Yo les abriré las puertas por donde entrarán carretas y vagones». Esto significa que la apertura como el ojo de la aguja no sirve de entrada y salida, sino para que entre en él un hilo de costura y trabajo. Igualmente, debes anhelar solo el mandamiento de su Señor, para trabajar y luego te abriré una puerta del tamaño de la entrada a una sala. Este es el significado del Nombre explícito en el versículo, «Pero [2] Yo vivo y toda la tierra se llenará con la gloria del Señor».
Yehuda Leib
[1] Kéter כתר; Taraj תר"כ, ambas palabras compuestas por las mismas letras en diferente orden.
[2] En este caso la palabra en hebreo usada es «Ulam», que también significa «sala».