El cerebro humano actúa como módem y es infinito en su potencial para desarrollarse. El cerebro sirve al deseo en el corazón y la mente. Lleva a la autodestrucción y a la muerte cuando se sirve el deseo egoísta de recibir para uno mismo. Al abrir nuestro corazón uno a otro con el deseo de dar y compartir, el cerebro se expande hasta que sentimos el mundo infinito. Cuando pasamos del programa de recepción al programa de otorgamiento, llegamos a conocer y a entenderlo todo. La persona se convierte en tubo o pasaje para consumar la integridad, la percepción del alma y la revelación del Creador en este mundo.