Antes un maestro nunca era nombrado por su nombre sino como “maestro” y se le hablaba solo en tercera persona. Para mejorar el estado de los maestros en Israel necesitamos escuelas privadas; el estado no puede hacer frente a este problema. Los salarios de un maestro deberían ser los mismos que los de un doctor y aun mayores. El futuro de la sociedad completa es la carga sobre los hombros de los maestros. Los maestros construyen a la persona; ellos construyen la próxima generación. Deberían ser apreciados por toda la sociedad.