Aquí hay una historia conmovedora de una niña de tres años y medio. En el jardín de niños, no podía pronunciar ninguna palabra, por lo que un perro, un gato y una paloma estuvieron a su alrededor durante todo el año. Después del año, la niña comenzó a sonreír y a pronunciar palabras desconocidas, tratando de comunicarse con los animales, ahora les muestra afecto a ellos, a su maestra y al resto de los niños. Su habla mejoró y también lo hizo su demostración externa de cariño hacia los demás y les permite acercarse a ella, antes nunca lo quiso.
Una persona que está rodeada de animales, ve que los animales funcionan de acuerdo con su necesidad de vivir y además, tratan de ayudar a su entorno. La gente que vive rodeada de animales nunca puede ser malvada, pues del mundo animal aprende a pensar y otras cosas. En la evolución, el ser humano se desarrolló desde el mundo animal. El deseo egoísta despertó en él un deseo maligno, inexistente en otros animales. En el mundo animal, la supervivencia no es con intención dañina, simplemente es su necesidad de sobrevivir. El hombre, sin embargo, debido a su deseo malvado, obtiene placer al dañar y degradar a otros.
La naturaleza no comete errores evolutivos. Todo en la creación tiene un propósito legítimo. La naturaleza nos creó con la llamada inclinación al mal, que no existe en los niveles inanimado, vegetal y animal de la naturaleza. Es para que el humano corrija su inclinación al mal y la invierta en una inclinación al bien, de ayudar a los demás.
Aún no llegamos al estado corregido. Una vez que lo hagamos, lograremos un estado en el que, igual que el Creador, sabremos qué es el bien y el mal. Así, nos elevamos al grado del Creador.
La humanidad llegará a un estado en el que nos dedicaremos a cuidarnos unos a otros, a estar conectados entre nosotros, como un hombre con un corazón y nos conectaremos con la fuerza superior.