Nuestro creciente ego nos causa el criticar a nuestros hijos y exigir que nuestros hijos realicen lo que nosotros no alcanzamos. Pero la crítica debe ser mínima, manteniendo las fronteras que definimos para nuestras normas familiares, y el hijo debe aprender cómo activar su sentido crítico por sí mismo de forma correcta, manteniéndose dentro del marco de referencia de la familia.