La democracia permanecerá sólo como un concepto filosófico imaginario a menos que la naturaleza humana sea corregida. La naturaleza del hombre es el deseo de ser libre y de que todos le sirvan. Esto provoca choques con otros y la verdadera democracia, la que en realidad promete libertad al individuo, puede ser establecida, sólo educando a la gente. Sólo después de que cada individuo en la sociedad aprenda a sentir que su propio bien y el bien de la sociedad son uno, podremos vivir en una democracia.