Al igual que los animales, nos sentimos obligados a realizar nuestros impulsos. Nuestros impulsos operan en dos direcciones: amamos lo que nos hace bién y odiamos lo que hace nos hace sentir mal. Controlar nuestros deseos se hace posible si somos conscientes de lo que los impulsos pueden despertar en nosotros, si preparamos un sistema para tratar con ellos, si adquirimos una actitud negativa hacia ellos y si nos adherimos a un objetivo mayor. La sabiduría de la Cabalá nos enseña cómo adquirir una emoción e intelecto espiritual superior que nos dominará en lugar de los impulsos, de acuerdo con el principio "el hábito se convierte en una segunda naturaleza".