El hombre existe en un mundo gobernado por una sola fuerza. Sin embargo, tiene la impresión de que esta fuerza no existe, que estamos libres de ella, que no estamos atados a ella o que podemos de alguna manera influir en ella, cambiarla. Esta ilusión es nuestro egoísmo. Niego la unicidad del Creador y creo que mis pensamientos son mis pensamientos, mis deseos son mis deseos. Siento que existo de manera independiente y que no hay nadie que me controle. Puedo ser forzado a hacer algo o incluso desear algo, pero sentiré que estoy siendo forzado. Aquí ni siquiera tengo la sensación de que los pensamientos no son míos -me los envían-, los deseos no son míos -me los suscitan-, las decisiones no son mías -las toman por mí-. Cualquier cosa que yo desee, piense, planee, por no hablar de lo que decida y la forma en que se lleven a cabo, no soy yo en absoluto.