Comentario:
Decimos que una persona debe anularse como buey al yugo y como asno a la carga.
Mi respuesta:
Trabajar «como buey al yugo y como asno a la carga» no significa considerarse inferior al Creador ni querer cambiar la propia naturaleza por la del Creador. En un principio, yo resuelvo esta cuestión basándome en mi egoísmo, que me dicta que debo actuar así.
Sin embargo, la verdadera libertad de elección espiritual reside en querer recibir consejo sobre cómo lograrlo a través de la fe por encima de la razón. ¡Al fin y al cabo, no sabes cómo conseguirlo! Se supone que tenemos libertad de elección en esto. Eso es exactamente lo que significa: «Fortalécete en el camino».
En la «Introducción al estudio de las diez Sefirot» se dice que el Creador pone la mano de la persona sobre un destino favorable y le dice: Toma esto para ti. No le está diciendo que cambie lo malo por lo bueno. La persona elige lo bueno de forma natural; aquí no hay lugar para una verdadera elección.
Toda criatura, ya sea inanimada, vegetal, animal o humana, elige el bien en lugar del mal. Pero esto no se considera una elección, porque las leyes de la naturaleza humana la obliga a hacerlo, incluso antes de que piense o diga nada. Esto ocurre de forma automática, no hay lugar para la toma de decisiones.
El deseo de recibir placer y las leyes de la naturaleza humana
Por ejemplo, un químico analiza la interacción entre dos materiales, cómo se unen entre sí y qué ocurre como resultado de la reacción entre ellos. El egoísmo está en el centro de todas estas interacciones. Cuando dos materiales interactúan, acaba produciéndose un tercero. ¿Hay aquí algún margen para la libre elección? El químico se limita a exponer las leyes que ya existen en la propia naturaleza de los materiales.
Estas mismas leyes de la naturaleza se aplican a nuestra parte material, a las partes inanimadas, vegetales, animadas y humanas de nosotros. Esto significa que los mismos mecanismos se aplican a los pensamientos, los deseos, las propiedades y las sensaciones, es decir, absolutamente todo lo que se refiere a la parte humana que hay en nosotros.
¿Merece la pena siquiera mencionarlo? Al fin y al cabo, está predeterminado. Simplemente lo sientes, pero no hay nada que puedas hacer. Funciona sin que tú tengas ninguna conexión. Fíjate en la postura en la que estás sentado ahora mismo. De repente, decides cambiar de postura. ¿Quién decide eso? ¿Basándose en qué datos?
Todo esto ya está incluido en el sistema, dentro de ti. ¿Por qué ibas a empezar de repente a hacer algo? El cuerpo biológico actúa constantemente, o decide cómo actuar, tomando como base, únicamente, los datos y materiales que lo componen.
También te ves influido por el entorno externo, por una ley general de la naturaleza que obliga a los materiales, los pensamientos y los deseos a conectarse de una determinada manera. Esta ley es la que determina cómo se procesan los datos.
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A toda esta estructura se le llama el deseo de recibir placer. Se le puede llamar «hombre» o «animal». Nuestra naturaleza individual no se tiene en cuenta en absoluto. Deja de prestarle atención. Debemos comprender de una vez por todas que todo esto forma parte de nuestra naturaleza y que no hay necesidad alguna de analizarlo.
Estas son las leyes exactas que el Creador estableció en un principio. Si quieres profundizar en ellas, solo necesitarás contar con tus conocimientos de las distintas ciencias de nuestro mundo: psicología, medicina, química, etc.
En todos los niveles exploramos nuestra naturaleza, la estructura del deseo de recibir. Con la ayuda de la ciencia podemos verificarlo de forma precisa y correcta. Pero, ¿qué nos aporta eso? Esto no cambia nada, sino que solo vemos que el Creador creó este deseo de esta manera. ¡Él lo creó! ¿Y luego qué? Con el simple análisis, no podemos liberarnos del deseo de recibir ni corregirlo.
No nos queda más remedio que exponer los hechos, ya que existe un deseo de recibir en todas sus manifestaciones, propiedades y variaciones. El enfriamiento produce una reacción, el calentamiento otra, y la creación de presión provoca una tercera reacción.
La misma ley aplica a los procesos mentales y los deseos. Deja ese deseo de recibir tal y como es. No está en nuestras manos cambiarlo por cuenta propia. Solo podemos seguir sus leyes.
El grupo: preparación para el verdadero nacimiento espiritual
Dado que somos incapaces de trascendernos a nosotros mismos, el grupo, el Creador y quienes nos rodean son indistinguibles en nuestras sensaciones; para nosotros, son uno solo. En otras palabras, si no trabajáramos en grupo, nos creeríamos ángeles.
Pero al trabajar en el grupo, te das cuenta de lo detestables que te resultan tus amigos. No comprendes lo necesarios que son en realidad y los desecharías con gusto.
A menudo, los jóvenes vienen a mí y me dicen: ¿Para qué necesito un grupo? Solo quiero ser tu alumno. Maravilloso, es un buen deseo. Pero no entienden algo: sin el grupo, el maestro no puede ayudarlos de verdad. Puede señalar el camino, asistirlos y apoyarlos, como se apoya a un niño pequeño para que no se caiga. Pero tú mismo debes recorrer ese camino.
Las vasijas de otorgamiento y la corrección en el alma común
El camino hacia la espiritualidad consiste en tus acciones dentro del grupo. Del lado del Creador, puede haber una revelación destinada a ayudarte en este mundo. Pero tus vasijas de otorgamiento (tu capacidad de dar) se encuentran en otras almas, que también forman parte de Adam HaRishón (el alma común).
Por lo tanto, antes de alcanzar la barrera (el Majsom), debes completar todo este proceso y adquirir la carencia (el Jisarón) correcta a través del grupo. Hechos bíblicos como el exilio de Egipto, Moisés, el faraón, las plagas, etc., le dan nombre a estados internos que simbolizan nuestro trabajo en el grupo.
El otorgamiento al Creador y el otorgamiento al grupo son una misma cosa. El trabajo en el grupo se divide en etapas en las que una persona construye su vasija (Kli): otorgar al grupo, exaltar al Creador y anularse, tanto ante el grupo como ante el Creador.
Al trabajar en el grupo, una persona atraviesa procesos que simbolizan diversos estados espirituales, como otorgar (Kéter), recibir (Maljut), etc. Una persona construye literalmente su vasija espiritual; no hay otro fundamento para ello.
Nuestra guía fiel Nuestra tarea es vencer la inclinación al mal
Es imposible construir la carencia (el Jisarón) a través de la actitud hacia el Creador, hacia uno mismo o incluso hacia el maestro. El único medio disponible es el grupo. Es como un laboratorio donde aprendemos y nos preparamos para el verdadero nacimiento espiritual, es decir, para adquirir el deseo de orar por la vasija (el Kli) externa, la vasija de otorgamiento.