Baruj Shalom HaLevi Ashlag (Rabash)
Artículo 8, 1985
Tomando en consideración lo que discutimos en el Artículo Nº 1 (1985), debemos hacer ciertos discernimientos.
Debemos distinguir entre:
a) el hombre y el Creador,
b) el hombre y su amigo,
c) el hombre y el resto de la gente, quiénes no son sus amigos, aunque existe un dicho: «Todos en Israel son amigos».
En cierto momento, encontramos que las palabras: «Hazte de un Rav (maestro) y cómprate un amigo», son el camino de la corrección. Y en otro momento, esto se encuentra en las palabras: «Y juzga a cada persona según una balanza de méritos (favorablemente)» (Avot, Cap. 1). Debemos entender el significado de «Hacer» y «Comprar», y el significado de juzgar favorablemente. Debemos interpretar «Hacer» como llegar a excluir a la razón. Esto es porque cuando la razón no puede entender si algo es digno de hacerse o no, ¿cómo puedo determinar lo que es bueno para mí? O viceversa, si la razón los considera iguales, ¿quién determina lo que la persona debe hacer? Así, el acto puede determinar. Debemos saber que existen dos caminos ante nosotros: Trabajar con el fin de otorgar, o trabajar con el fin de recibir. Existen partes en el cuerpo del hombre que le dicen: «Tendrás mayor éxito en la vida si trabajas con el fin de otorgar, y de esta forma disfrutarás de la vida». Este es el argumento de la inclinación al bien, como nuestros sabios dijeron: «Si lo haces así, serás feliz en este mundo y estarás bien en el mundo por venir».
Y el argumento de la inclinación al mal es opuesto: «Es mejor trabajar con el fin de recibir». En este estado, solo la fuerza llamada: «Acción que está por encima de la razón» es la fuerza determinante, y no el intelecto o la emoción. Por eso «Hacer» se llama: «Por encima de la razón» y «Por encima del sentido común», y esta fuerza es llamada «Fe que está contra el intelecto». «Comprar» está dentro de la razón. Normalmente, la gente desea ver lo que quiere comprar, entonces el comerciante le muestra las mercancías y negocian si el precio que el comerciante le pide es o no conveniente. Si no ve la conveniencia, no compra. De ese modo, «Comprar» está dentro de la razón. Ahora explicaremos el asunto del «Rav» y el asunto del «Amigo». Un amigo se llama, algunas veces «Sociedad» cuando la gente se reúne y desea conectarse, y quieren estar en una sola unión. Esto puede suceder a través de la equivalencia de forma, preocupándose cada uno del amor al prójimo. Por eso, se unen y se vuelven uno.
Por tanto, cuando se establece una cierta sociedad para ser un sólo grupo, vemos que la gente que considera crear tal sociedad, normalmente busca a personas que sean parecidas en sus puntos de vista y atributos, a quienes puedan ver como más o menos iguales. De otra manera, no los aceptarán en este grupo que desean establecer. Y después de eso, comienza el trabajo del amor a los amigos.
Pero si no tienen equivalencia con las metas de la sociedad desde el principio, incluso antes de que hayan entrado a la sociedad, no se puede esperar que salga algo de aquella conexión. Sólo si había igualdad aparente entre ellos antes de que entraran en la sociedad, se puede decir que pueden comenzar a esforzarse en el trabajo del amor al prójimo.
Entre el hombre y el Creador
Entre el hombre y el Creador el orden comienza con: «Hazte de un Rav», y después: «Y cómprate un amigo». En otras palabras, primero, uno debe creer por encima de la razón, que el Creador es grande, como está escrito en el Zóhar (Comentario Sulam, pág. 185, Punto 191): «El temor principal es, que el hombre debe temer a Su Señor porque Él es grande (Rav) y gobernante». Hasta el punto en que uno crea en la grandeza del Creador, quien es llamado Rav («Grande»), en esa medida tiene la fuerza de «Comprar», es decir, comprar a través de concesiones sobre su amor propio, con el objetivo de alcanzar la equivalencia de forma, llamada Adhesión con el Creador. Y esto es llamado un Javer (amigo): que está en Jibur (conexión) con el Creador. Cuando compramos cosas materiales, debemos ceder dinero, honor, o simplemente hacer un esfuerzo para obtenerlas. De manera similar, cuando una persona desea adquirir conexión con el Creador, debe hacer concesiones a su amor propio, porque de otra manera no puede alcanzar la equivalencia de forma. Cuando la persona ve que es incapaz de hacer concesiones para comprar la equivalencia de forma, no es porque nació con un carácter débil y que por eso no puede superar su amor propio. Por el contrario, la falla está en «Hacerse de un Rav», es decir, no estar trabajando en la cuestión de la fe, pues en la medida de la importancia de su fe en la grandeza del Creador, en esa medida tendrá fuerza para hacer concesiones. Además, la persona debe saber que si desea medir su nivel de fe, puede verlo en el grado de concesiones que pueda hacer en los asuntos del amor propio, y así sabrá el grado que tiene en el trabajo de fe por encima de la razón. Esto se puede aplicar entre el hombre y el Creador.
Entre el hombre y su amigo
Entre el hombre y su amigo debemos empezar con «Cómprate un amigo» y después «Hazte de un Rav». Esto es así, porque cuando una persona busca a un amigo, debe examinar primero para ver si realmente vale la pena conectarse a él. Después de todo, vemos que se ha establecido una plegaria especial acerca de un amigo, la cual pronunciamos después de las bendiciones en el rezo «Hágase Tú voluntad»: «Te ruego…aléjanos de una mala persona y de un mal amigo». Significa que antes de aceptar para sí un amigo, se le debe examinar en cada forma posible. En ese momento, debe usar su razón. Por eso no se dijo: «Hazte de un amigo», ya que «Hacer» implica ir por encima de la razón. Por lo tanto, en lo concerniente a un hombre y su amigo, debe ir con su razón y analizar, tanto como pueda, si su amigo está bien, como rezamos cada día: «Aléjanos de una mala persona y de un mal amigo». Y cuando ve que vale la pena conectarse a ese amigo, debe pagar con el fin de conectarse a él, es decir, hacer concesiones del amor propio y, a cambio, recibir la fuerza del amor al prójimo. Y entonces, puede esperar ser recompensado también con el amor al Creador.
Después de haberse unido a un grupo de personas que deseen alcanzar el grado de amor al Creador, y desea tomar de ellos la fuerza para trabajar con el fin de otorgar, e impresionarse por sus palabras sobre la necesidad de obtener el amor al Creador, él debe considerar a cada uno de los amigos en el grupo como más grandes que él mismo. Como está escrito en el libro Matán Torá (La Entrega de la Torá, pág. 143): Que uno no es impresionado por la sociedad como para apreciarlos en algo, a menos que considere a la sociedad como más grande que él. Esta es la razón por la qué cada uno debe sentir que es el más pequeño de todos, pues aquel que es más grande no recibe de aquel que es más pequeño, y mucho menos puede ser impresionado por sus palabras. Al contrario, solo el más pequeño es quien se impresiona del reconocimiento del más grande.
Resulta que en el segundo paso, cuando cada uno debe aprender de los demás, está la cuestión de «Hazte de un Rav». Esto es porque para ser capaz de decir que su amigo es más grande que él mismo, debe usar el «Hacer», que es acción sin razón, pues solo por encima de la razón puede ver que su amigo se encuentra en un grado más alto que él mismo. Por tanto, entre un hombre y su amigo, el orden es comenzar cumplir con «Cómprate un amigo» y después «Hazte de un Rav».
Entre el hombre y las demás personas
La Mishná nos dice: «Hazte de un Rav, y cómprate un amigo, y juzga a cada persona favorablemente» (Avot, Cap. 1). Después de que hemos explicado que entre un hombre y su amigo, el orden es que primero uno vaya y se compre un amigo –y explicamos que comprar es dentro de la razón–, y después se debe comprometer en «Hacerse de un Rav». Y entre el hombre y el Creador, el orden es primero «Hacerse de un Rav» y después «Cómprate un amigo». Debemos entender el significado de decir: «Juzga favorablemente», en lo que se refiere a cada persona. ¿Esto es «Comprar» o «Hacer»? Según lo anterior, debemos interpretar el significado de: «Y juzga a cada persona favorablemente» como «Hacer» y no como «Comprar».
Por ejemplo, asumamos que hay muchas personas en la congregación, muchas decenas ahí rezan, y hay un pequeño grupo, que desea unirse en una sociedad que se dedique al amor a los amigos. Y digamos que, por ejemplo, hay 100 hombres en la congregación que rezan, y diez de ellos deciden adherirse entre ellos. Deberíamos examinar el por qué estos 10 individuos específicos decidieron unirse entre ellos, y no con otros en la congregación. ¿Esto es porque hallaron que esas personas son más virtuosas que el resto de las personas de la congregación, o porque ellos son peores que los otros y sienten que deben realizar alguna acción, para ascender en los peldaños de la Torá y el temor? Según lo mencionado anteriormente, podemos interpretar que la razón por la que estas personas acordaron a unirse en un grupo particular que se dedique al amor a los amigos, es porque cada uno de ellos siente que tiene un deseo de poder unir todos sus puntos de vista, para recibir la fuerza del amor al prójimo.
Existe una frase famosa de nuestros sabios: «Así como sus rostros difieren, sus opiniones también difieren». Así pues, aquellos quienes acordaron entre ellos unirse en un solo grupo, entendieron que no hay gran distancia entre ellos en sus opiniones, en el sentido de que entienden la necesidad de trabajar en el amor al prójimo. Por lo tanto, cada uno de ellos será capaz de hacer concesiones a favor de los demás, y podrán unirse alrededor de eso. Pero el resto de la gente no tiene tanta comprensión de la necesidad de trabajar en el amor al prójimo, por eso es que no pueden conectarse con ellos.
De esto resulta que, cuando se dedican a la unidad del amor a los amigos, cada uno examina al otro, tanto su mente como sus atributos, para ver si reúne los requisitos o si es digno de entrar a la sociedad a la cual decidieron permitirle ingresar. Es como cuando rezamos cada día: «Aléjanos de una mala persona y de un mal amigo», dentro de la razón.
Resulta que él mismo se enorgullece por encima del resto de la gente de la congregación. ¿Cómo se permite decir esto? Después de todo, esto va en contra de una ley explícita que dice: «Rabí Levitas, hombre de Yavne, dijo: “Sé muy, muy humilde de espíritu”» (Avot, Cap. 4).
Rabí Yehoshua Ben Perajia dice sobre esto: «Juzga a cada persona favorablemente» (Avot, Cap. 1), es decir, con respecto al resto de la gente, él debería ir por encima de la razón, lo cual es llamado «Hacer», es decir, acción y no intelecto. Esto es así, porque su razón le muestra que ellos no son tan apropiados como la gente a quien él mismo se asoció, y esto es lo que cada uno se dice a sí mismo. Así, cada uno se enorgullece por encima de los demás. El consejo para esto es lo que él dice: «Y juzga a cada persona favorablemente».
Significa que, con respecto a cada persona, es decir, con respecto al resto de la gente que reza en esa congregación, debería juzgarlos favorablemente y decir que realmente son personas más importantes que él mismo, y es culpa nuestra el no poder apreciar la grandeza e importancia del colectivo, quienes son llamados por nuestros sabios: «Cada persona». Así, dentro de su razón, él no ve la grandeza de los demás, y podemos decir que entre un hombre y su amigo debería haber «Compra», pero en este caso, se debe usar el «Hacer», lo cual es por encima de la razón. Y a esto se le llama: «Juzga a cada persona favorablemente».