Carta 1
Carta 2
Carta 3
Carta 4
Carta 5
Carta 6
Carta 7
Carta 8
Carta 9
Carta 10
Carta 11
Carta 12-1
Carta 12-2
Carta 13
Carta 14
Carta 15
Carta 16
Carta 17
Carta 18
Carta 19
Carta 20
Carta 21
Carta 22
Carta 23
Carta 24
Carta 25
Carta 26
Carta 27
Carta 28
Carta 29
Carta 30
Carta 31
Carta 32
Carta 33
Carta 34
Carta 35
Carta 36
Carta 37
Carta 38-1
Carta 38-2
Carta 39
Carta 40
Carta 41
Carta 42
Carta 43
Carta 44
Carta 45
Carta 46
Carta 47
Carta 48
Carta 49
Carta 50
Carta 51
Carta 52
Carta 53
Carta 54
Carta 55
Carta 56
Carta 57
Carta 58
Carta 59
Carta 60
Carta 61
Carta 62
Carta 63
Carta 64
Carta 65
Carta 66
Carta 67
Carta 68
Carta 69
Carta 70
Carta 71
Carta 72
Carta 73
Carta 74
Carta 75
Carta 76
Carta 77
Carta 78
Bibliotecachevron_right
Rabash/ Cartas
chevron_right
Carta 38-1
 

Baruj Shalom HaLevi Ashlag (Rabash)

Carta 38 - 1

Enero de 1958

¿Quién es el yo?

Debemos explicar quién es la persona de la que decimos que debe ser un trabajador del Creador, y a cambio de esto recibirá una recompensa. Después de todo, el hombre consiste de 248 órganos y el alma de vida que sostiene todo el cuerpo. La pregunta es: «¿Quién es el operador, la mente, el corazón o el alma de vida que los sustenta? Y, ¿quién es el yo, al cual le fue prometido que, por medio de buenas obras, recibiría una buena recompensa en el futuro venidero?»

El versículo dice: «Y Dios creó al hombre a Su propia imagen». El asunto de la creación se aplica específicamente a algo nuevo, lo que significa existencia a partir de la ausencia, donde el Creador ha creado algo nuevo que no existía antes de que Él lo hubiera creado. Nuestros sabios interpretan que esta realidad es llamada «deseo de recibir placer». Esto es una carencia y un vacío que ahora, esta carencia, debe ser llenada. No había carencia antes de que Él la hubiera creado, así como antes de esta creación, que solo había completitud, ya que no se puede decir que el Creador tuviera una carencia. Por lo tanto, esta es la única cosa que es nueva, es decir, el deseo de recibir.

Creación del deseo de recibir

La necesidad de crear el deseo de recibir es porque interpretaron que el propósito de la creación es hacer el bien a Sus creaciones. El Creador desea impartir su bondad con el fin de deleitar a las criaturas, y, en consecuencia, la creación debe contener un Kli (vasija) para la recepción del placer. Es imposible recibir placer si no se necesita y se carece de él, porque, entonces, no se sentiría ningún placer.

Esto es similar a una persona que invita a su amigo a una buena comida, pero él no tiene apetito y por lo tanto no puede disfrutar de esta comida, ya que solo el anhelo por la comida determina la medida del placer de la comida. Por esta razón, a fin de que las criaturas disfruten Sus regalos, Él ha impreso en las criaturas la naturaleza de que siempre anhelen recibir placer.

Este discernimiento que existe en la persona, es decir, el deseo de recibir placer, es todo el hombre que el Creador ha creado. Todo lo que hablamos en lo que se refiere al hombre es solo el deseo de recibir. Se dice de él que debe dedicarse a la Torá y a las Mitzvot (preceptos), y en el futuro venidero será recompensado con el placer eterno. Es decir, el deseo de recibir placer, al final de su trabajo, será recompensado con la recepción de todo el placer que el Creador contempló otorgarle.

Al deseo de recibir se le dieron órganos para servirlo, y a través de los cuales recibe placer. Esto significa que estos le traen placer. Estas son las manos, piernas, vista, oído, y así sucesivamente. Son todos siervos, lo que significa que todos ellos son esclavos con respecto al hombre. En otras palabras, el deseo de recibir es considerado el amo, y todos los órganos son sus esclavos. Este también cuenta con un esclavo honrado, encargado de sus esclavos, los supervisa para que todos trabajen para el fin deseado, es decir, traer placer, porque este es el deseo del dueño de casa, llamado «deseo de recibir».

Si uno de los sirvientes faltara, el placer asociado con este sirviente también faltaría. Por ejemplo, si le faltara el sentido del oído, no podría disfrutar el sonido del canto. Si le faltara el sentido del olfato, no podría disfrutar de la fragancia de los perfumes. Y en caso de que careciera de intelecto, el cual es nombrado sobre todos los esclavos, como un gerente de la empresa que vigila a todos los sirvientes, todo el negocio iría mal y podría causar pérdidas.

Esto es como el dueño de un negocio que tiene muchos empleados, pero un mal gerente. En lugar de ganancias, podría perder. Pero, el dueño permanece incluso cuando no tiene gerente, es como si el gerente estuviera enfermo y no pudiera manejar el negocio, pero el dueño de la empresa aún estuviera vivo.

Asimismo, es aquí. Si una persona no tiene intelecto, denominado «esclavo», pero el dueño está presente, lo que significa que el deseo de recibir placer no se pierde a causa de este, y la aspiración de recibir placer permanece, pero carece de la capacidad de crítica, entonces, podría vender un gran placer a cambio de uno pequeño. Por ejemplo, si un tonto desea un dulce, y el tendero le dice: «Dame diez libras esterlinas y te doy el dulce», si es tonto, él podría darle las diez libras por el dulce, porque no puede discernir y sopesar el precio del dulce que anhela.

Del mismo modo, él podría causar daño, romper las herramientas, y desgarrar la ropa porque piensa que le dará algún tipo de placer. No te sorprendas de que puede haber placer en hacer daño. Se dice de Aristóteles, el gran filósofo, que quemó una casa grande y cara porque quería conmemorar su nombre, lo que significa que su nombre quedaría para la posteridad. El creyó que debido a que la mansión era una cosa valiosa, su nombre sería recordado, porque todo el mundo recordaría la gran mansión que Aristóteles quemó.

Por lo tanto, vemos que la gente encuentra placer en hacer daño. Además, cualquier acción que una persona tonta hace le debe dar placer, y el placer le obliga a hacer ciertas acciones a pesar de que sean malas, ya que no puede llegar a sopesar en su intelecto si vale la pena causar un gran daño a cambio de un pequeño placer.

De todo lo anterior se desprende que la esencia del hombre es el deseo de recibir placer, y nada más. Es decir, la mente tampoco es el cuerpo del hombre, sino como dijimos anteriormente.

El asunto del trabajo

Pero, debido a que el deseo de recibir, que es la esencia del hombre, es lo opuesto al Creador, a saber, que el Creador es el otorgante. Y, con el fin de tener equivalencia de forma, o sea, que las acciones del hombre también sean solo para otorgar, o el placer que recibirá del Creador no será completo porque experimentará vergüenza en él, ya que aquel que recibe un regalo de otro se avergüenza al mirar su rostro y siente tormento por la recepción del placer, por esta razón se nos dieron la Torá y las Mitzvot, con las cuales se adquiere un nuevo poder de querer dar contento al Creador. En ese momento él estará listo para recibir todos los placeres del Creador sin ningún tipo de vergüenza, porque no recibirá todos esos placeres porque quiere disfrutarlos, sino porque está haciendo la voluntad del Creador al aceptar el placer, ya que el propósito de la creación fue para que las criaturas reciban este placer en el mundo. De hecho, todo el trabajo se trata de lograr este grado de querer recibir placer solo con el propósito de la Mitzvá (precepto).

Repetí las palabras que he dicho verbalmente, para que puedas recordarlas, porque estas son los primeros fundamentos.

De su amigo quien les desea para ti y tu familia todo lo mejor,

Baruj Shalom Halevi Ashlag