Artículo para la finalización del Zóhar
Aún no es el momento de reunir la manada
Construyendo la sociedad futura
Cuatro mundos
Cuerpo y alma
Desde mi carne veré a mi Dios
El amor por el Creador y el amor por las criaturas
El exilio y la redención
El poder de recordar
El Shofar del Mesías
El significado de gestación – nacimiento
El significado de la Jaf en Anoji
Justos y malvados
La cualidad de la Sabiduría de lo Oculto en general
La enseñanza de la Cabalá y su esencia
La esencia de la religión y su propósito
La esencia de la Sabiduría de la Cabalá
La garantía mutua (El Arvut)
La herencia de la Tierra
La historia de la sabiduría de la Cabalá
La libertad
La materia y la forma en la Sabiduría de la Cabalá
La mente que actúa
La Nación
La paz
La paz en el mundo
La profecía de Baal HaSulam
La sabiduría de Israel comparada con las sabidurías externas
La Sabiduría de la Cabalá y la filosofía
Las acciones del hombre y sus artimañas
La solución
La última generación
Matán Torá – La entrega de la Torá
Ocultación y revelación del rostro del Creador - 1
Ocultación y revelación del rostro del Creador - 2
Palabra verdadera
Por detrás y por delante me has formado
Revelar una parte, ocultar dos
Seiscientas mil Almas
Si lo logran, lo aceleraré, si no lo logran, a su debido tiempo
The Meaning of His Names
Tiempo de actuar
Todo el que se lamenta con el público
Una Mitzvá
Una sierva que hereda a su ama
Y esto es para Yehudá
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La historia de la sabiduría de la Cabalá
 

Rabí Yehudá Leib HaLevi Ashlag (Baal HaSulam)

La historia de la sabiduría de la Cabalá

El primer libro que tenemos de esta sabiduría es el Sefer Yetzirá (El Libro de la Creación), que algunos atribuyen a Abraham, el Patriarca, y esto está impreso en la portada del libro. Sin embargo, la mayoría de los autores lo atribuyen al Tana, Rabí Akiva. Esto parece tener sentido ya que solo en sus días se permitió escribir la Torá Oral. Por lo tanto, casi no tenemos ningún libro excepto los libros del Tanaj (Torá, Profetas y Escritos), que eran de épocas anteriores a la generación de Rabí Akiva, debido a la prohibición conocida de que las cosas escritas está prohibido mencionarlas con el habla, y las cosas dichas con el habla está prohibido escribirlas, pero después de la destrucción del Templo y la dispersión de la nación de su tierra, temieron que la Torá fuera olvidada por Israel, por lo que permitieron la escritura porque: «Es hora de hacer por el Señor, ellos han quebrantado Tu Torá (ley)».

Entonces, los discípulos de Rabí Akiva comenzaron a escribir toda la Torá Oral en la que eran expertos y cada uno de ellos recibió un oficio especial, Rabí Meir organizó la Mishná, Rabí Yehuda organizó las Tosaftot, y Rabí Shimón Bar Yojai organizó la Sabiduría de la Cabalá, en la que eran expertos, y compuso El Libro del Zóhar y los Tikunim (correcciones). De modo que, así como la Mishná es la organización y compilación de las leyes e innovaciones de todas las generaciones hasta la generación de Rabí Meir, El Zóhar es la organización y compilación de la Sabiduría de la Cabalá de todos los antecesores a Rashbi, y solo fueron escritos en nombre de Rashbi, porque fue él quien las organizó. Por supuesto, también agregó sus propias innovaciones.

Sin embargo, los discípulos de Rabí Akiva no sellaron sus libros, como para que no se les agregue nada. Porque, por el contrario, con sus composiciones dieron el comienzo para que los que los siguieran continúen aclarando, escrutando e innovando, continuando las mismas composiciones que ellos comenzaron. Es decir, de la misma manera a la que estaban acostumbrados cuando se dedicaban a la Torá Oral, donde los últimos aclaraban y escudriñaban, y en ocasiones debatían con los primeros los diferentes puntos de vista y agregaban a los primeros. Es por eso que también encuentras en la Mishná innovaciones y máximas de otros Tanaim (pl. de Tana) que vivieron después de la época de Rabí Meir.

Esto continuó hasta la generación de Rabí Yehuda HaNasí, quien descubrió que las generaciones estaban menguando y ya no eran dignas de disputar con las anteriores. Además, existía el temor de que discípulos indignos contradijeran las palabras de los anteriores, por lo tanto, decidió sellar la Mishná, y desde entonces no se le ha permitido a nadie agregar nada a la Mishná, ni disputar ninguna de las leyes que se introdujeron allí.

Sin embargo, El Zóhar no se selló, porque estaba destinado a ocultarse y no se encontraba en absoluto entre las masas, excepto para los dirigentes de cada generación, que lo guardaban en absoluto secreto. Por esta razón, la composición permaneció... y cada uno de los dirigentes de las generaciones le fue agregando como mejor le pareció, y esto continuó hasta la época de nuestros sabios, los Savorai.

(Falta el resto)