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Carta 47
 

Carta 47

1927

A mi querido… eternamente.

Hoy me han llegado tus palabras y veo en ellas una sola cosa: tu gran temor de que yo me aleje de ti, Dios no lo permita, así sea por un pelo.

Si bien es inherente en las personas, y también da lugar... para atraer la verdadera abundancia a otro lado y en lugar de que la abundancia de temor debiera afectarte a ti y así observar dentro de tu corazón, siempre y para siempre, para no apartar tu corazón de mí ni por un pelo, pones este temor en mí, que mi corazón no se aleje de ti y así estás obrando para corregir lo que está integro, lo que nunca se corrompió, mientras que el sitio roto permanece roto y sin atención. Sé que estas palabras tampoco serán claras para ti y no entenderás de dónde provienen, y en un momento de regocijo puedes llegar a pensar más, Dios no lo quiera.

Lo siento mucho, querido mío, tener que arrojar a tu garganta una gota de verdad, que no está comprometida en nada con ninguno de los órganos del cuerpo humano. ¿Cuántas veces lo has entendido de mi boca? Y aún así, siempre que te presento una verdad, luchas contra mí ferozmente. Pues así es la naturaleza de la espiritualidad, que aquel que está adherido al Creador siente como que no está adherido, y se preocupa y duda de ello y hace todo lo que está a su alcance para conseguir la Dvekut (adhesión).

El sabio se siente opuesto al que no está adherido al Creador, que se siente contento y satisfecho y no se preocupa como debería sino de cumplir las Mitzvot (preceptos) de preocupación y anhelo, pues "el tonto no siente". Así como uno no puede enseñar a una persona ciega desde el nacimiento la esencia de la ausencia de visión, a no ser que le de la vista, así es esta cuestión.

Ya he escrito que se equivocan respecto a mí, al decir que viajé lejos de ustedes cuando en cambio deberían entender que ustedes han viajado lejos de mí. Créanme que mis ojos y mi corazón están siempre con ustedes sin sentir ninguna distancia ni tiempo. Si no fuera necesario que el oyente lo notara, lo estarían presenciando. Por el contrario, la lejanía física puede actuar en ustedes más rápido, y en verdad, esto es lo que yo esperaba y aún tengo esperanzas que así sea, si pudieran entenderlo más.

También es cierto que yo los juzgo en balanza de mérito, asumiendo que el aire de Jerusalén está aún ante ustedes, y más aún durante el ocultamiento de ustedes. Esta es la razón por la cual les he establecido para ustedes conductas por las cuales podrán sostenerse y no retroceder. Y la más especial de ellas es la adhesión de los amigos.

Mi promesa es fiel, que este amor es capaz. Y les recordaré que cualquier cosa buena que necesiten, si se fortalecen en eso, a pesar de todo, ciertamente irían de victoria en victoria en los ascensos de la santidad.

como se los prometí anteriormente.

¿Cómo puedo perdonarles que la escalera que está situada sobre la tierra y está vacante, y no hay quien suba y se trepe en ella? Y en vez de hoy, dirán “mañana”. Díganme ustedes, por favor, ¿qué ganarán con mi perdón? Háganme saber y les contestaré. Yo no dicto sentencias ni soy un legislador, y esto también lo saben bien; si no fuera por mi temor del retroceso, no saldría de mis cabales porque esto es algo muy difícil para mí. Pero es que me afecta la prolongación del tiempo… pero mi alma sufre por esto más de lo que supuse en un principio, aún en estados equilibrados y mucho más cuando ustedes, Dios no lo quiera, retroceden. Esto lo vi de antemano y me propuse corregirlo antes que ocurra.

Por lo tanto les recordaré la validez del amor a los amigos a pesar de todo, en este momento, que de ello depende nuestro derecho a existir y en ello se mide la escala de nuestro próximo éxito que está por llegar.

Por eso, retírense de sus ocupaciones imaginarias y dediquen su corazón a pensar pensamientos e ingeniar inventos apropiados para unir sus corazones en un único corazón y así se realizará en ustedes el verso: “ama a tu prójimo como a ti mismo” literalmente, pues el verso no llega más allá de lo literal y estarán limpios del pensamiento de amor que cubrirá todas las transgresiones. Pónganme a prueba en esto y comiencen a conectarse verdaderamente en amor y entonces verán que “el paladar probará” y ninguna criatura se interpondrá entre nosotros.

Y en referencia a tu negligencia en la oración, yo sé y siento tu destino y tu pena. Y si no fuera que veo que la medida de la pérdida no disminuye con la justificación de la causa, no diría una palabra.

Yehudá Leib