32) Cuando el gran Rabi Eliezar enfermó y antes de fallecer, era la víspera de Shabat. E hizo que Hyrcanus, su hijo, se sentara a su lado y reveló ante él asuntos profundos y ocultos. Al principio, Hyrcanus no aprendía de él plenamente, porque pensaba que su mente no se encontraba totalmente lúcida. Pero una vez que vio que la mente de su padre se encontraba lúcida, él recibió de él 189 misterios sublimes.
33) Cuando llegó al misterio de las piedras de mármol que se mezclan con las aguas superiores, el Rabí Eliezar lloró y se detuvo. Le dijo, “Levántate y ve allí, hijo mío”. Él le dijo, “¿Por qué?” Y él le replicó, “Veo que pronto partiré de este mundo”. Él le dijo, “Ve y dile a tu madre que eleve mis Tefillin a un sitio en alto”, insinuándole a ella su partida, “Y cuando yo parta y regrese a verlos”, es decir a su familia, “Ellos no deben llorar, ya que ellos están conmigo, cerca, y arriba y no abajo. Y la mente humana no puede aprehenderlo”.
34) Mientras estaban sentados, los más grandes sabios de la generación entraron a visitarlo y él los maldijo porque no vinieron a servirlo, tal como está dicho, “Es más grande su servicio que su estudio”. Mientras tanto llegó el Rabí Akiva. Él le dijo, “Akiva, Akiva, ¿por qué no viniste a servirme?” Él replicó, “No tuve tiempo libre”. Se llenó de ira y le dijo, “Me sorprendería que murieses de una muerte natural”. Él lo maldijo que su muerte sería más cruel que la de cualquiera. En otras palabras, él también maldijo al resto de los sabios que no vinieron a servirle que ellos no morirían de muerte natural y dijo que la muerte del Rabí Akiva sería la más cruel.
35) El Rabí Akiva lloró y le dijo, “Rabí, enséñame la Torá”. El Rabí Eliezer empezó a hablar de Maase Merkava (el funcionamiento del sistema). Un fuego llegó y los rodeó a los dos. Los sabios dijeron, “Eso quiere decir que no somos dignos de escuchar su enseñanza ahora”. Salieron a la puerta y se sentaron allí. Sucedió lo que sucedió y el fuego se marchó.
36) El enseñó 300 leyes determinadas en una claridad tan brillante como la nieve; él le enseñó 216 significados sobre los versos del Cantar de los Cantares y los ojos del Rabí Akiva vertían lágrimas y el fuego los rodeó como al comienzo. Cuando llegó al verso, “Sustentadme con pasteles de pasas, confortadme con manzanas pues estoy enferma de amor”, el Rabí Akiva, no pudo soportarlo más y elevó su voz y clamó y mugió como un buey. Él no podía hablar debido al temor pues la Divinidad se encontraba allí.
37) Él le enseñó todos los misterios profundos y sublimes que se encuentran en el Cantar de los Cantares y le hizo jurar que no utilizarían ninguno de sus versículos, para que el Creador no destruyera al mundo por su causa, ya que Él no desea que las personas lo utilicen debido a la gran santidad que hay en él. Después, el Rabí Akiva se retiró sollozando y sus ojos vertían lágrimas. Él dijo, “Ay de mi maestro, ay de mi maestro, el mundo quedará huérfano de ti. El resto de los sabios entró y le preguntaron y él replicó con palabras de la Torá.
38) Se volvió apremiante para el Rabí Eliezer. Él elevó sus brazos y los colocó sobre su corazón y dijo, “Ay de ti mundo. El mundo superior una vez más retiró y ocultó cada luz y cada iluminación del mundo inferior, como estaba antes de su venida a este mundo. Ay de ustedes, mis dos brazos, ay de ustedes, mis dos leyes, pues serán olvidadas en el mundo en este día. Y El Zohar concluye diciendo acerca de esto, “El Rabi Isaac dijo que durante todos los días del Rabí Eliezer la ley iluminaba de su boca como el día en que fue entregada en el Monte Sinaí.
39) Rabí Eliezer dijo, “Yo he aprendido la Torá y entendí sabiduría y serví a los sabios hasta tal punto que incluso si todas las personas en el mundo, fuesen escribas, no sería suficiente para escribirlo. Y a mis discípulos no les faltó de mi sabiduría sino como un roce en el ojo”, es decir como la gota que el ojo vierte por la gota del roce que ingresa. “Y no hice faltar de la sabiduría de mis maestros sino como quien bebe agua del mar”.
Y El Zohar concluye que él sólo lo dijo para alabar a sus maestros más que a sí mismo. En otras palabras, su dicho que no hizo faltar de sus maestros como quien bebe del mar es más que un roce en un tubo, que fue lo que dijo acerca de sus discípulos, es para alabar a sus maestros más que a sí mismo.
40) Ellos le preguntaron acerca de la norma de la sandalia en el matrimonio levirato, si recibe impureza, hasta que él falleció y dijo, “Puro”. Y el Rabí Akiva no estaba allí en el momento de su muerte. Cuando terminó el Shabat, supo el Rabí Akiva que había fallecido. Se desgarró las ropas y se arañó la carne y la sangre corría por su barba y estaba clamando y llorando. Él salió y dijo, “Cielos, cielos, díganle al sol y a la luna que la luz que brillaba más que ellos se ha oscurecido”.
41) Cuando el alma del justo quiere partir del cuerpo, ella se alegra porque el justo está confiado que a su muerte él recibirá su recompensa. Acerca de esto está escrito. “Y cuando él los vio… él corrió… a su encuentro”, frente a los tres ángeles que llegaron con la Divinidad para recibir su alma, alegre de saludar a los ángeles. ¿Desde qué lugar los saluda? Desde la entrada de la tienda, tal como está escrito, “Y se postró en el suelo”, a la Divinidad. En otras palabras, el alma se postró ante la Divinidad que vino a ella.