Yehudá Leib HaLevi Ashlag (Baal HaSulam)
Varsovia, 1926
A mi estimado, tu vela arda siempre.
He recibido tus palabras con el corazón pleno de añoranza pues te has estado ocultando de mí. No obstante, me hablas a través de la escritura.
Lo que escribiste anunciándome el exilio de Egipto, me sorprendió pues es algo conocido: «y clamaron y subió a Dios el gemido de ellos por causa del trabajo», y entonces «Dios supo». Si el Creador no reconoce el exilio, no puede haber redención, y el reconocimiento del exilio es la razón de la redención, entonces, ¿cómo puedes decir que te anuncien la hora de la redención?
La verdad señalará el camino que quien se lamenta declara su angustia y no puede ocultarlo o contenerse. Efectivamente los siento a todos juntos, que se les cambió el día de hoy con el de mañana, y en vez de ahora dirán después. Y esto no tiene remedio, salvo esforzarse para comprender este error y esta distorsión, que quien es redimido por el Creador, es solo quien siente la necesidad de redención hoy y quien puede aguardar a mañana, alcanzará su comprensión después de pasados sus años, Dios no lo permita.
Esto les ocurrió debido a la negligencia que han tenido respecto a mi petición de esforzarse en el amor a los amigos, que les expliqué en setenta idiomas, que basta con esta virtud para compensar por todas sus faltas. Si no pueden elevarse a los cielos, yo les he dado ante ustedes movimientos sobre la tierra. ¿Por qué no han agregado nada a este trabajo?
Fuera de esta gran virtud que se encuentra en ella, la cual no puedo interpretar, deberían saber que hay muchas chispas de Kedushá (Divinidad) en cada uno del grupo y cuando juntan todas las chispas de Kedushá en un solo sitio, sentados como hermanos, con amor y amistad, ciertamente que tendrán un nivel de Kedushá muy importante en ese momento, de la Luz de la vida. Ya he ampliado al respecto en todas mis cartas a los amigos.
También les he pedido a cada uno que muestren cada uno su carta a los demás amigos y así lo harás tú también. Pónganme a prueba a partir de hoy para comprender y escucharme, al menos de lo que ustedes deben hacer pues entonces «abrirá el Creador a ti su bondadoso tesoro».
A … dile que haga el cálculo por sí mismo. ¿Qué perdería si hubiese venido a mí a intercambiar unas palabras y por qué se oculta de mí? Yo le pido encarecidamente que se esfuerce por ver los méritos de los amigos, y no sus faltas en absoluto, Dios no lo permita, y que se conecte con amor verdadero conjuntamente, hasta alcanzar «el amor cubrirá todas las transgresiones». Y que observe para aprender en todas las cartas que yo envío a los amigos «y no comerá más pan de ociosidad».
¿Dónde están Rabí… y Rabí…?, no he oído de ellos nada hasta hoy. Diles que, de todos modos, se agarren de los vestidos de sus amigos y ahonden en sus cartas, en todo lo que necesiten, y que no olviden que la primera pregunta es: «¿has esperado la salvación?». Y si ellos esperan la salvación, es posible que digan: «¿es esta la labor que el Creador desea de la parte de ellos?». Si tuviera que salvar la vida de uno de ellos, de los amigos, seguramente me esforzaría y trabajaría más que ustedes, y más aún tratándose de la vida del Rey, supuestamente. Por lo tanto den más dotes y regalos al Rey del mundo, y conseguirán entonces la hija del Rey y la salvación de Dios será como en un abrir y cerrar de ojos.
Yehuda
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