Baruj Shalom HaLevi Ashlag (Rabash)
Artículo 16, 1985
Está escrito: «Pero cuanto más lo oprimían, más se multiplicaban y más irrumpían, de tal modo que le temían a los hijos de Israel» (Éxodo 1:12). El significado de las palabras: «Pero cuanto más lo oprimían» es que se multiplicaban e irrumpían en la misma medida en que eran oprimidos. Parece como si fuera una condición, es decir, que no puede haber multiplicación ni crecimiento del trabajo si no existe primero una base de opresión.
Para entender lo anterior, debemos conocer nuestro fundamento principal, es decir, cuál es nuestra esencia. Como se explica en las introducciones, nuestra esencia es solo nuestro deseo de recibir. Y ciertamente, cuando el deseo de recibir cumple su deseo, ese llenado no se considera trabajo, ya que se considera trabajo como tal, cuando uno recibe una retribución a cambio.
En otras palabras, el trabajo consiste en las acciones que el hombre está dispuesto a evitar, pero que las hace solo porque no tiene otra opción, ya que desea recibir alguna recompensa. Esta es considerada como lo que el hombre anhela, representando su único deseo y voluntad. Anhelo verdadero significa que esta recompensa le toca tan profundamente en su corazón que dice: «Prefiero morir que vivir sin conseguirla». De ello resulta que si no se siente afligido y dolido por no tener lo que anhela, no se considera anhelo. Según la magnitud de los sufrimientos, se mide su anhelo.
Por lo tanto, de acuerdo con esto, si uno desea recibir cierto llenado, primero tiene que haber una carencia. Esto es así porque no hay Luz sin un Kli (vasija) y nadie puede llenarlo con algo, si no hay carencia. Por ejemplo, no se puede comer sin apetito o disfrutar del descanso sin fatiga.
Por lo tanto, si uno no sufre porque los egipcios en su cuerpo lo estén oprimiendo si no quiere obedecerles y desea seguir un camino que les desagrade. Porque la raíz de la recepción en el hombre se llama «amor propio» y esto es considerado como «Egipto». A pesar de que hay muchas naciones, generalmente llamadas «las setenta naciones», que son lo contrario de la Kedushá (Santidad) y representan las siete Sefirot, donde cada Sefirá (sing. de Sefirot) consta de diez, de ahí el número de setenta naciones. Y también, cada nación tiene su deseo y pasión propios y únicos.
La Klipá (cáscara) de Egipto es una Klipá general, donde cayeron las chispas de Kedushá, las cuales el pueblo de Israel (que se encontraba en Egipto) tuvo que corregir. Así, primero ha de haber dolor y aflicción, por no poder salir de su gobierno, como está escrito: «Y los hijos de Israel suspiraron a causa del trabajo y clamaron y su clamor subió hasta Dios a causa del trabajo. Y Dios oyó su gemido».
Debemos hacer una precisión acerca de las palabras «a causa del trabajo», que aparecen escritas dos veces. Debemos explicar que todos los lamentos venían del trabajo, lo que significa que no podían trabajar en nombre de los cielos. De hecho, su sufrimiento era porque no podían lograr que el trabajo que estaban realizando fuera en nombre de los cielos, debido a la Klipá de Egipto.
Esta es la razón por la que escribe «a causa del trabajo» dos veces.
1) Todos sus suspiros no provenían del hecho de que les faltara algo. En verdad, les faltaba una sola cosa, lo que significa que no deseaban ningún lujo o recompensa. Su única carencia, por la que sentían dolor y sufrimiento, era no poder hacer nada en nombre de los cielos. En otras palabras, esto significa que anhelaban tener el deseo de dar contento al Creador, y no beneficiarse ellos mismos, pero no podían y esto les afligía. Esto se llama «querer aferrarse un poco a la espiritualidad».
2) El segundo «a causa del trabajo» viene a enseñar que: «Y su clamor subió a Dios», que Dios escuchara su lamento, fue debido a que su única petición era el trabajo. Esto, por tanto, alude al segundo «a causa del trabajo». Resulta que todo el exilio que sintieron era solo porque estaban bajo el dominio de la Klipá de Egipto, y no podían hacer nada que sea solo con el fin de otorgar.
Está escrito en El Zóhar (Éxodo, del Artículo 381 en el Comentario Sulam): «Dijo Rabí Yehudá: “Ven y ve que esto es así, como Rabí Yehoshua de Sajnin dijo: ‘Todo el tiempo que a su ministro se le dio dominio sobre Israel, el clamor de Israel no fue escuchado.’ Debido a que cayó su ministro, escribe: ‘Murió el rey de Egipto’, y acto seguido: ‘Y los hijos de Israel suspiraron a causa del trabajo, y clamaron, y su clamor subió a Dios...’. Pero hasta entonces no se dio respuesta a su clamor’’».
Por esta razón, podemos decir que si no es hora de destronar al ministro de Egipto, no hay lugar para la elección, para que se arrepientan y puedan salir del exilio. Él dice (Éxodo, Artículo 380 en el Comentario Sulam): «“En aquellos muchos días”. “Muchos” se refiere a la permanencia de Israel en Egipto, es decir, que el fin ha llegado. Y debido a que su exilio ha terminado, ¿qué es lo que dice? “El rey de Egipto murió”. ¿Qué significa eso? Significa que el ministro de Egipto fue rebajado de su grado y cayó de su orgullo. Esta es la razón por la que la escritura dice acerca de él: “El rey de Egipto murió”, ya que el descenso es considerado para él como morir. Solo cuando el rey de Egipto (que era su ministro) cayó, el Creador se acordó de Israel y oyó su plegaria».
El Zóhar hace esta pregunta sobre el versículo: «En tu angustia, cuando todas estas cosas vienen sobre ti» (Deuteronomio 4). Significa que antes de que cada cosa suceda, es imposible lograr la perfección. Resulta que tú das una excusa, un pretexto de que todas las cosas por las que ellos deben pasar pueden experimentarse por la sensación de sufrimientos, y esto no se mide ni por la cantidad ni por el tiempo que dure la aflicción, sino por la medida de la sensación (ver en El Zóhar).
Podemos entenderlo con una alegoría. Si una persona debe realizar un trabajo equivalente a un kilogramo, que constituye mil gramos de sufrimiento, la recompensa también ha de ser de un kilogramo. Como nuestros sabios dijeron: «Según la aflicción es la recompensa». Significa que el esfuerzo que uno debe realizar, antes de recibir la recompensa, está basado en que no hay Luz sin un Kli, ya que no hay llenado sin una carencia. Y el esfuerzo que la persona realiza, es la preparación para la recepción de la carencia, para que después sea capaz de recibir el llenado en esta.
Digamos que esa persona puede dar los mil gramos de carencia de forma intermitente, que son discernimientos de cantidad y de calidad. La persona puede esforzarse durante diez minutos al día, en los que lamenta su alejamiento del Creador. O puede lamentar su alejamiento del Creador durante diez minutos a la semana, o diez minutos al mes, que recuerda su alejamiento del Creador, y se lamenta.
Es similar a la calidad de los sufrimientos que padece cuando recuerda que está alejado del Creador. A pesar de que le duele, no es algo insoportable y, además, hay cosas que le duelen más, a las cuales anhela. De ahí resulta que también debería considerar la calidad. Así, la persona tiene elección, aunque tiene que experimentar todo el proceso del trabajo y la aflicción hasta el final, hasta que llega a un estado de «Y volverás al Señor tu Dios y escucharás Su voz».
A pesar de esto, el hombre tiene la opción de acortar el tiempo del proceso de sufrimientos por medio de agregar más tiempo, que, como hemos dicho, se llama «cantidad», y asimismo, añadir calidad, que es la sensación de sufrimiento causada por la lejanía del Creador.
Pero deberíamos saber que hay una gran diferencia entre la cantidad y la calidad en la forma de su ejecución. En cuanto a la cantidad de tiempo, una persona puede organizar su horario, es decir, la cantidad de tiempo que asigna para sí mismo, incluso bajo coacción. Significa que a pesar de que su cuerpo no desea sentarse durante todo el tiempo que ha destinado para dedicar, es decir, tener que estar sentado durante varios minutos u horas y lamentar estar tan distanciado del Creador, si tiene un fuerte deseo y no es débil de carácter, puede sentarse y cumplir el horario que dispuso para sí mismo, ya que esto es un acto, y con las acciones, una persona puede hacer cosas por coacción.
Pero en lo concerniente a la calidad, esto es muy difícil porque el hombre no puede obligarse a sí mismo, a sentir de forma diferente a como lo hace. Resulta que si examina el grado de su sensación, es decir, cuánto dolor y sufrimiento siente por encontrarse alejado del Creador, a veces, llega a un estado en el que esto no le importa. En ese momento, no sabe qué hacer porque no puede cambiar lo que siente, y está perplejo.
Esto causa la prolongación del exilio, ya que es difícil para nosotros dar la cantidad necesaria, y mucho menos la calidad. Y cuando empieza a analizar la calidad de la carencia, ve que no siente dolor, que está aparentemente inconsciente, no siente que estar lejos del Creador se le llama no tener vida, pero no le duele el no tenerla. Entonces no tiene otro consejo más que rezar al Creador, para que le dé algo de vida y así poder sentir que está gravemente enfermo y que necesita curar el alma.
Y, a veces, uno llega a un estado en el que se encuentra en un descenso tal, que ni siquiera tiene fuerzas para rezar. Es más, se halla en un estado de completa indiferencia. Esto se llama «estar en un estado inanimado», que no hace ningún movimiento.
En ese estado, solo la sociedad puede ayudarle. En otras palabras, si ingresa entre los amigos y no los critica en absoluto, o sea que no los examina, si ellos también tienen los mismos pensamientos y obstáculos, pero los superan, o si simplemente no les interesa la introspección, lo cual les permite poder dedicarse a la Torá y las Mitzvot, entonces, ¿cómo puedo yo asemejarme a ellos?
Durante ese período, él no puede recibir ninguna ayuda de la sociedad porque no tiene Adhesión con ellos, ya que son demasiado pequeños para ser sus amigos. Y naturalmente, no recibe de ellos ninguna influencia. Pero si viene a los amigos sin la cabeza en alto, como si fuera sabio y los amigos necios, sino que arroja su orgullo lejos de él, siguiendo la regla: «La pobreza sigue al pobre», así pues, no solo se encuentra en un estado de descenso y no siente ninguna necesidad de espiritualidad, sino que también le llegan pensamientos de orgullo, es decir, que es más sabio que toda su sociedad.
Ahora volvamos a la primera pregunta, respecto a lo que dice El Zóhar: «Y como su exilio ha terminado», está escrito: «El rey de Egipto murió», ya que se considera que el destrono es como su muerte. Y como el rey de Egipto (que es su ministro) cayó, el Creador se acordó de Israel y escuchó su plegaria. De ello resulta que existe un pretexto de que ninguna plegaria ayudará antes de su debido tiempo. Por lo tanto, no hay nada que se pueda hacer porque el Creador no escuchará su plegaria. Con lo dicho anteriormente, podemos entender las cuestiones tal como son. Este es el mismo asunto del que nuestros sabios hablaron acerca del versículo: «Yo, el Señor, a su tiempo, aceleradamente». Si son recompensados, «aceleradamente». Y si no son recompensados, «A su tiempo». Dicho de otro modo, cuando llegue el momento, llegará un despertar por parte del Creador y, a través de él, Israel se arrepentirá. Resulta que la elección es con respecto al tiempo, como él comenta en la Introducción al Libro del Zóhar (Punto 16).
De todo lo anterior resulta que, uno no debería observar al tiempo de la redención –que está escrito que antes de eso, la plegaria de ellos no fue aceptada− porque esto está relacionado con el tiempo de la cantidad y la calidad de los sufrimientos, y que existe un cierto período de tiempo en el que el sufrimiento se completará. Sin embargo, se puede acortar el tiempo, es decir, que toda la cantidad y la calidad en las que aparecerán los sufrimientos, pueden reducirse de modo que todo ese sufrimiento llegue en un breve período de tiempo, pero ya todos los sufrimientos ya se habrán revelado allí.