Baruj Shalom HaLevi Ashlag (Rabash)
Artículo N° 4, 1988
Nuestros sabios dijeron (Kidushín 30b): «La inclinación del hombre lo vence todos los días y busca matarlo. Si no fuera por la ayuda del Creador, él no la vencería». Esto significa que cuando el Creador lo ayuda, puede vencerla. Por lo tanto, la pregunta es: ¿Por qué la persona debería pedirle perdón al Creador por el pecado, ya que nuestros sabios dijeron que el hombre no puede vencerla por sí mismo, a menos que lo haga con la ayuda del Creador? Por consiguiente, si la persona peca, no es su culpa, ¿qué podría hacer si el Creador no lo ayuda?
Para entender esto, primero necesitamos entender la raíz de los pecados. Es decir, ¿cuál es la fuente y la razón que causa todos los pecados? Aunque la respuesta es simple y conocida por todos, que la razón de todos los pecados es la inclinación al mal, debemos conocer la fuente y la raíz de la inclinación al mal, que incita a las criaturas a pecar. En otras palabras, ¿para qué quiere Él que las criaturas pequen en el mundo? También debemos entender cuál es la buena inclinación, que quiere específicamente que las criaturas se dediquen a la Torá y las Mitzvot (preceptos).
Como aprendimos, dado que el propósito de la creación es hacer el bien a sus creaciones. Por esta razón, el Creador creó criaturas que deseen recibir placer y deleite, es decir, que tengan un deseo y un anhelo por recibir placeres, sin lo cual sienten que la vida no tiene sentido. Deben recibir placer o sienten tormentos. Ese deseo de recibir, impreso en las criaturas, es la raíz de toda la inclinación al mal, que incita a las criaturas a realizar pecados.
Sin embargo, tenemos que entender que, si el Creador creó este deseo de recibir en las criaturas, y es la razón por la cual las criaturas se llaman «criatura», es como está escrito, que la criatura se llama «existencia a partir de la nada», que es algo nuevo, que no existía antes de que Él lo creara; entonces, ¿por qué es la raíz de la inclinación al mal?
La respuesta a esto se presenta en El Estudio de las Diez Sefirot. Dado que cada rama quiere asemejarse a su raíz, si este deseo de recibir permaneciera en su forma, que es con el fin de recibir, entonces este deseo, que es opuesto al Creador, sentiría desagrado al recibir los placeres. Por esta razón, fue realizada una corrección en esto, llamada Tzimtzum (restricción). Esto significa, que no recibirá la Luz en este Kli (vasija) llamado «recibir para sí mismo», sino que recibirá la abundancia, específicamente, cuando tenga la intención con el fin de otorgar.
Esto significa que todo lo que el hombre quiere recibir para sí mismo queda prohibido, porque todo deseo en el superior se convierte en una ley obligatoria en el inferior, lo que significa, que el inferior hace una prohibición si recibe para sí mismo, y no con la intención de dar satisfacción a su Hacedor.
Por consiguiente, todos los pecados se producen a partir del hombre que desea recibir para su propio beneficio. Es como está escrito: «He creado la inclinación al mal, He creado la Torá como condimento». Por lo tanto, la Torá y las Mitzvot que se nos encomendó observar, tienen como propósito llevarnos a la intención de poder dirigir nuestros corazones para hacer todas las cosas con el fin de otorgar. Esto se llama Kedushá (Santidad). De esto resulta que, la Klipá (cáscara) y la Sitra Ajra (arameo: el otro lado), que quieren recibir para su propio beneficio, están, por lo tanto, opuestas a la Kedushá.
Por esta razón, le damos un nuevo nombre al deseo de recibir en beneficio propio: «Inclinación al mal», ya que, al querer llenar su deseo y deleitarse a sí mismo, nos impide observar la Torá y las Mitzvot. Dado que al observar la Torá y las Mitzvot, incluso en Lo Lishmá (no en Su nombre), llegamos a Lishmá (en nombre de Ella). Por lo tanto, incluso en Lo Lishmá, la inclinación al mal nos obstaculiza observar la Torá y las Mitzvot, ya que desde Lo Lishmá llegamos a Lishmá. Por esta razón, por la mera duda de que «pueda llegar», ya pone obstáculos.
Lishmá significa que la persona hace todo por el beneficio del Creador y no por su propio beneficio. Resulta que cuando la persona se dedica a la Torá y las Mitzvot, la inclinación al mal pierde tanto, que desaparece del mundo. En otras palabras, el hombre la mata al cumplir la Torá y las Mitzvot. Es como dijeron nuestros sabios (Berajot 61b): «Tania Rabí Yosi de Galilea dice: “A los justos, la buena inclinación los juzga, como se dijo: 'Mi corazón está muerto dentro de mí'"». Rashi interpreta: «"Mi corazón está muerto dentro de mí" es la inclinación al mal. Es como si estuviera muerto dentro de mí, lo que significa que puede doblegarlo».
En consecuencia, todo lo que hace la inclinación al mal, que le obstaculiza dedicarse a la Torá y las Mitzvot, lo hace con razón, ya que la persona quiere ejecutarla a través de la Torá y las Mitzvot. Por esta razón, el deseo de recibir se llama «mal», porque hace mal a la persona, ya que la inclinación al mal impide que la persona logre Dvekut (adhesión) con el Creador, que se llama «vida», como está escrito: «Y ustedes, que se adhieren al Señor su Dios, viven todos hoy».
Cuando la persona se da cuenta de que el deseo de recibir para sí mismo le impide alcanzar el mundo de los vivos y quiere que la persona permanezca en el mundo de la oscuridad y la muerte, ¿acaso hay algo peor en el mundo que obstruirle de alcanzar la vida? En ese momento la persona nombra el deseo de recibir para sí mismo: «inclinación al mal». Esto significa que cuando la persona siente los problemas que le causa, la llama «mal». Antes de que el hombre sienta que el deseo de recibir para sí mismo le impide alcanzar el placer y el deleite, el hombre no se refiere al deseo de recibir para sí mismo con el nombre de «inclinación al mal».
De esto vemos, que el deseo de recibir para sí mismo tiene razón cuando impide que la persona observe la Torá y las Mitzvot, ya que el deseo de recibir para sí mismo ve que la persona quiere matarlo, como en las palabras de nuestros sabios acerca del verso: «Mi corazón está muerto dentro de mí», pues en los justos, que observan la Torá y las Mitzvot, la inclinación al mal se vuelve como muerta. Es como dijeron nuestros sabios: «He creado la inclinación al mal; He creado la Torá como condimento».
Resulta que, este deseo de recibir, que está impreso en las criaturas, es la raíz de todos los pecados. No permite que las criaturas observen los mandamientos del Creador porque ve que quieren eliminarlo del mundo. Es como está escrito en el ensayo «Apertura a la Sabiduría de la Cabalá» (Artículo 1): «Rabí Hanania Ben Akashia dice: "El Creador quiso purificar a Israel; por lo tanto, les dio abundante Torá y Mitzvot"». Explica allí que al observar la Torá y las Mitzvot, son recompensados con la purificación del deseo de recibir para sí mismos. Por lo tanto, entendemos muy bien por qué el deseo de recibir es lo que nos impide observar la Torá y las Mitzvot, y es la raíz y la causa de todos los pecados.
Por lo tanto, para los que quieren trabajar en el camino del otorgamiento, la guerra contra la inclinación al mal, les resulta más difícil, ya que estas personas realmente quieren matar y exterminar el deseo de recibir para sí mismos. Es decir, quieren ir por el camino de la Torá, que es opuesto a la opinión de los dueños de casas. La opinión de los dueños de casas es que no harán nada a menos que sea por su propio beneficio. Por lo tanto, cuando se dedican a la Torá y a las Mitzvot, toda su intención es obtener por medio de ello una recompensa para su propio beneficio.
Es decir, permanecerán en su deseo de recibir. Antes de comenzar a dedicarse a la Torá y las Mitzvot, querían recompensa en este mundo, mientras se ocupaban solo de asuntos corporales, porque quien trabaja para el dueño quiere que el dueño le pague su salario. Pero ahora que han comenzado a trabajar y observar la Torá y las Mitzvot que el Creador nos ha ordenado, quiere que el Creador le pague su recompensa. Se deduce que todo es bajo la forma del beneficio propio. Pero luego, cuando comienzan a observar la Torá y las Mitzvot, es con la intención de recibir recompensa por su deseo de recibir el mundo venidero.
Por lo tanto, la inclinación al mal, llamada «deseo de recibir», no se opone tanto, ya que el deseo de recibir se opone a ellos solo por la duda, es decir, dado de Lo Lishmá venimos a Lishmá. Esto significa que el hombre comenzó a dedicarse a la Torá y las Mitzvot para obtener una recompensa en beneficio propio, pero con esto, más tarde podría llegar a Lishmá, es decir, trabajar solo por el beneficio del Creador y no en beneficio propio.
Por el contrario, aquel que quiere, desde el principio, trabajar sin recibir una recompensa, es decir, no quiere trabajar para su propio beneficio, la inclinación al mal, ciertamente se le opone a cada paso del camino. La inclinación al mal quiere cumplir con «Al que viene a matarte, mátalo primero». Por lo tanto, su trabajo es mucho más difícil que el de aquellos que trabajan con el fin de recibir recompensa, ya que desde el principio dicen que quieren observar la Torá y las Mitzvot como un remedio con el cual podrán matar la inclinación al mal, como se dijo: «Y mi corazón está muerto dentro de mí».
Ahora, podemos entender la pregunta que hicimos de acuerdo con lo que dijeron nuestros sabios: «La inclinación del hombre lo vence todos los días. Si no fuera por la ayuda del Creador, él no la vencería». Por lo tanto, ¿por qué es culpa del hombre si no recibió la ayuda requerida del Creador? Y en consecuencia, ¿por qué uno debe pedir perdón al Creador? La respuesta es simple: es porque no pidió ayuda. Nuestros sabios dijeron: «El que viene a purificarse es ayudado». De esto resulta, que la ayuda viene del Creador después de que él pide ayuda.
Por lo tanto, el pecado del hombre es que no le pidió ayuda al Creador. Si hubiera pedido ayuda, sin duda recibiría ayuda del Creador. Pero si el hombre dice que pidió ayuda y el Creador no lo ayudó, surge la respuesta de que el hombre debe creer que el Creador escucha las plegarias, tal como está escrito: «Porque oyes la plegaria de cada boca». Si él realmente creyera, su plegaria estaría completa, y el Creador escuchará una plegaria completa cuando la persona anhele con todo su corazón que el Creador le ayude.
Pero, si su plegaria no está constantemente en sus labios, significa que no tiene fe verdadera de que el Creador puede ayudarlo y que el Creador escucha a todos los que le piden, y que el pequeño y el grande son iguales ante Él, lo que significa que Él responde a todos. Resulta que la plegaria es incompleta. Es por eso que debe pedir perdón por sus pecados, por no pedir la ayuda requerida del Creador.
Y, aunque hay otras respuestas en lo literal, pero en el trabajo, cuando la persona quiere caminar en el sendero del otorgamiento y no en el de recepción, el pecado principal es que el hombre no le pide al Creador que lo ayude a vencer el mal. Por esto, él pide perdón, y de aquí en adelante pedirá ayuda.