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Carta 23
 

Yehudá Leib HaLevi Ashlag (Baal HaSulam)

Carta 23

24 de octubre de 1926, Londres

Para mi amigo del alma... que su vela arda para siempre:

... Con respecto a la comparación de tu asunto con la manera del surgimiento de los mundos, de lo cual tus amigos no aprueban, esto es porque aprendieron de mí que primero necesitas comprender los mundos superiores, porque así es el orden, de arriba hacia abajo primero, luego de abajo hacia arriba. Esto es así porque un ojo corpóreo solo puede dar a luz corporalidad, y dondequiera que mire, solo materializa. Y un ojo espiritual emite solo imágenes espirituales, y cualquier lugar al que mira es bendecido.

Incluso las imágenes corporales, cuando perciben su origen, vuelven a ser verdaderamente espirituales, no comparadas ni similares, sino que, verdaderamente, se convierten en completa espiritualidad, como está escrito: «Se da vuelta como el material del sello, y se confecciona como un ropaje».

Lo que me estás exigiendo que te enseñe y te repita, el tema de las unificaciones, porque no fuiste recompensado con recibirlas de los autores, me pregunto, ¿cómo las recibirás de los libros?

Vi tus alegorías y frases poéticas que comienzan: «Llevaré mis alegorías y diré: “Palabras que son medidas por el Ómer (cuenta)"». De hecho, mides tus palabras con el Ómer, pero esfuérzate más por bendecir la bendición el Ómer, porque «El Ómer es la décima parte de un Efa (unidad de medida, como también 'dónde' )».  Efa significa gran desconcierto, como escribiste: «Efa (escrito como "donde" en hebreo) es el lado (justo) correcto, y Asirit (la décima parte) proviene de la palabra Asurot (prohibido)», porque hay una madre para la tradición, y hay una madre para el Pentateuco, como en: «El Rey está cautivo por tus rizos».

Esa medida indica que a través de la fe y la confianza, el desconcierto del corazón también está prohibido, lo que significa que no queda ni un rastro de desconcierto. Esta es la medida del el Ómer. Y, sin embargo, debemos bendecir, y esto no lo encontré en tu carta.

Se dice: «El hombre codicioso maldice y desprecia al Señor». Es decir, una plegaria hace la mitad, y cualquiera que ora por sí mismo está incompleto, salvo la mitad, porque el completo no tiene nada por qué orar. Es por eso que nuestros sabios nos advirtieron que no trabajemos con el fin de recibir premio, sino para la plenitud. Este es un secreto sublime, y solo aquellos que no tienen el despertar para sí mismos lo entenderán.

Es por eso que nuestros sabios dijeron: «El anfitrión corta y el invitado bendice», lo que significa que uno no debe mentirse a sí mismo, de que el anfitrión le está dando plenitud. Más bien, debe sentir la verdad tal como es, con absoluta precisión. Por eso se dijo: «El anfitrión corta», y a pesar de esto, el invitado debe bendecir.

«Invitado» proviene de las palabras «Y olieron el temor del Señor». Y, porque él recibe lo que el anfitrión le da en el corte, como si fuera completo, él es bendecido de todas maneras. Y la medida de su bendición es como la medida de su gozo con el regalo, lo cual es posible para él, únicamente a través de la fuerza de «Y olieron el temor del Señor».

Esto es lo que dijeron nuestros sabios: «Si robó una medida de trigo, la muela, la amasa, la hornea y separa la Jalá, ¿cómo la bendecirá? Él no bendice, sino que maldice». Esto es muy profundo, porque quien roba, no agradece al robado, porque el robado no le dio nada. Más bien, le quitó por la fuerza, y no para beneficiarlo.

El corte y el premio que merece una persona provienen de la primera inequidad, ya que «la transgresión lleva a otra transgresión». «Al principio es como una telaraña, y al final, es como cuerdas de carreta». Todo sigue el comienzo. Y comprende esto.

Y por eso, aunque él cree que todas las deficiencias y cortes fueron hechos por la mano del Creador, todavía no puede pensar en la primera inequidad, ya que es seguro que el daño no vendrá del superior. De ello resulta que verdaderamente él es un ladrón, como si se lo arrebatara al Creador en contra de Su voluntad.

«El árbol del conocimiento era trigo», como está escrito: «El que roba una medida de trigo». Seá (medida) es como «En Seaseá (medida completa), cuando la saques, lucharás con ella». El trigo es la primera iniquidad. Por lo tanto, aunque «Ella lo molió y lo horneó», lo que significa que se convirtieron en cuerdas de carreta, y luego separó la Jalá (pan trenzado para Shabat) de esta, de la palabra Julín (secular): «Es enteramente para el Creador», Que implica la exaltación y la separación por encima de la razón, él no está bendiciendo, sino maldiciendo, ya que es una Mitzvá (precepto) que viene a través de la transgresión. Porque si no fuera por la primera inequidad, esta gran Mitzvá no habría sucedido.

Todo esto se debe a que es un ladrón, y no ve que el justo perdona y da; por lo tanto, no bendice de todo corazón y no se arrepiente por amor, porque entonces las malicias se convertirían en méritos para él. Reconocería que la medida del trigo es un regalo del Creador, y no de su propio poder y fuerza de su mano.

Es por eso que nuestros sabios dijeron: «El anfitrión corta», y no «el invitado», es decir, la medida de trigo es también un regalo del Creador, para «Guardar Su pacto y recordar Sus mandamientos para cumplirlos». Cuando el huésped se fortalece y cree que todo aquello con lo que el anfitrión se ha molestado, era solo para él, lo bendice de todo corazón. Resulta que ese corte es realmente, en sí mismo, algo conpleto, después de la bendición del Creador desde arriba hacia abajo.

Pero, primero, debe fortalecerse en su fuente de bendiciones desde abajo hacia arriba. Es decir, es llamado «huésped», porque puede fortalecerse y ​​esforzarse por el aroma, como está escrito: «Y olieron el temor del Señor», y como está escrito: «El que roba de su padre y madre y dice: “no es un crimen”, es amigo de un destructor». En otras palabras, la primera inequidad está arraigada en su cuerpo a causa de su padre y su madre; por lo tanto, la persona se convirtió en un ladrón al decir que es como se mencionó anteriormente, y no es el regalo del Creador. Es por eso que se le considera robando a su padre y a su madre, y luego agrega el pecado al crimen, porque dice: «No es un crimen». Es decir, le empieza a gustar la Mitzvá de destruir, Dios no lo quiera. Y al sabio le alcanza con un indicio.

Este es el significado de la bendición del Ómer, que uno debe sentir el regalo del Creador, incluso en la medida del trigo, es decir, por el aroma mencionado. En ese momento, su gozo es pleno en todo su trabajo, y por esto el premio vuelve a ser completo, y «El Señor conoce el camino de los justos».

Yehudá Leib, hijo de mi maestro y Rabí Simjá, que su vela arda.