Yehudá Leib HaLevi Ashlag (Baal HaSulam)
Escuché en Jerusalén el 21 de Iyar
«Rabí Janina Bar Papa dijo: “Ese ángel que está a cargo del embarazo, se llama Laila (noche). Toma una gota y la coloca frente al Creador y dice ante Él: ‘Señor, ¿qué será esta gota? ¿Será héroe o débil? ¿Sabio o necio? ¿Rico o pobre?’. Pero malvado o justo, no dijo”» (Nidá 16b).
Debemos interpretar esto según la máxima de que un necio no puede ser justo, como dijeron nuestros sabios: «Uno no peca a menos que entre en él un espíritu de necedad». Esto es más cierto aún con aquel que es necio todos los días de su vida. En este caso, el que nace necio, no tiene elección, porque está destinado a ser necio. De ahí lo que se dice: «malvado o justo, no dijo», es para que pueda tener elección. Pero, ¿cuál es el beneficio si no dijo «malvado o justo»? Después de todo, si se decretó que sea un necio, ¡es lo mismo que hubieran decretado que sea malvado!
También debemos comprender las palabras de nuestros sabios: «Rabí Yojanán dijo: “El Creador vio que los justos eran pocos; Él se levantó y los plantó en cada generación, como está escrito: ’porque los cimientos de la Tierra son del Señor, y Él estableció el mundo sobre ellos’”. Y Rashi interpreta: “’Estableció el mundo sobre ellos’, es decir, los dispersó por todas las generaciones para que fueran estructura, sustento y base para la existencia del mundo” (Yomá 38b).
«Eran pocos» significa que cada vez hay menos. Por lo tanto, ¿qué hizo Él para que se multiplicaran? «Se levantó y los plantó en cada generación». Y debemos preguntar: «¿Cuál es el beneficio de plantarlos en cada generación por medio de lo cual se multiplicarán?”. Debemos comprender la diferencia entre el hecho de que todos los justos se encuentren en una misma generación o que estén dispersados por todas las generaciones, como interpreta Rashi. ¿El hecho de estar dispersos en muchas generaciones hace que los justos se multipliquen?
Para entender lo mencionado más arriba, debemos ampliar e interpretar las palabras de nuestros sabios acerca de que el Creador sentencia a la gota a ser un sabio o un necio. Es decir, el que nace débil, sin la fuerza necesaria para sobreponerse a su instinto, y nace con un deseo débil y no tiene habilidades, ya que, durante la preparación, cuando comienza en el trabajo del Creador, debe estar capacitado para recibir la Torá y la sabiduría, como está escrito «dará sabiduría a los sabios», entonces él pregunta: «Si ya son sabios, ¿por qué necesitan más sabiduría? En lugar de eso, debería ser: “dará sabiduría a los necios”».
Y luego explica que un sabio es aquel que anhela la sabiduría, aunque todavía no la tenga. Sin embargo, dado que tiene deseo, y el deseo es llamado Kli (vasija), resulta que aquel que tiene deseo y anhelo por la sabiduría, ese es el Kli para que allí pueda iluminar la sabiduría. Según esto, resulta que un necio es aquel que no tiene anhelo de sabiduría y cuyo único anhelo consiste en satisfacer sus propias necesidades. Y en cuanto al otorgamiento, un necio es absolutamente incapaz de otorgar de ninguna manera.
En ese caso, ¿cómo puede una persona que nace con tales características alcanzar el grado de justo? Resulta que no tiene posibilidad de elegir. Por lo tanto, ¿cuál es el beneficio de decir «malvado o justo, no dijo»? Para que tuviera elección. Pero cuando nace débil y necio, ya no puede tener elección, porque no es capaz de sobreponerse ni anhelar la sabiduría del Creador.
Para comprender esto, que incluso un necio puede elegir, el Creador hizo una corrección que nuestros sabios llaman «el Creador vio que los justos eran pocos; se levantó y los plantó en cada generación». Y preguntamos: ¿cuál es el beneficio de esto?.
Ahora entenderemos este asunto. Se sabe que está prohibido unirse con los malvados, incluso si uno no actúa como ellos, como está escrito: «no se sentó en compañía de escarnecedores». Quiere decir que el pecado está principalmente en tomar asiento entre escarnecedores, aunque se siente y estudie la Torá y guarde las Mitzvot. De otro modo, habría una prohibición debido a la anulación de la Torá y de las Mitzvot. Pero en este caso, el mero hecho de sentarse entre ellos está prohibido, porque el hombre adopta los pensamientos y pasiones de aquellas personas que le agradan.
Y viceversa: si uno no tiene fuerza de voluntad ni anhelo por la espiritualidad pero está entre personas que sí tienen pasión y deseo por la espiritualidad y le agradan estas personas, entonces también tomará de ellas la fuerza para sobreponerse así como sus deseos y aspiraciones, aunque por sus cualidades él no tenga esos deseos y anhelos, ni la fuerza para sobreponerse. Pero según el aprecio y la importancia que atribuya a estas personas, recibirá nuevas fuerzas.
Ahora podemos entender el versículo mencionado: «El Creador vio que los justos eran pocos». Significa que no cualquier hombre puede convertirse en un justo, por carecer de las cualidades necesarias según lo mencionado acerca de haber nacido necio o débil. Pero incluso así, tiene elección, y sus propios atributos no son pretexto. Esto se debe a que el Creador plantó a los justos en cada generación.
Por lo tanto, la persona tiene la opción de ir a un sitio donde haya justos y aceptar su autoridad. Y entonces recibirá las fuerzas que le faltan en sus cualidades innatas. Y las recibirá de los justos. Este es el beneficio de «los dispersó en cada generación», para que cada generación tuviera alguien a quien dirigirse, a quien adherirse y recibir de ellos las fuerzas necesarias para ascender al grado de justo. Mediante esto, después, ellos también se volverán justos.
Entonces resulta que «malvado o justo, no dijo» significa que tiene elección: puede ir a adherirse a los justos para que lo guíen y, a través de ellos, recibir fuerzas. Mediante esto podrán también convertirse en justos. Sin embargo, si todos los justos se encontrasen una misma generación, los necios y los débiles no tendrían manera de acercarse al Creador. Resulta que no tendrían elección. Pero al dispersar a los justos en cada una de las generaciones, entonces, cada persona tiene en sus manos el poder de la elección de ir y acercarse a los justos que existen en cada generación. De lo contrario, su Torá necesariamente sería una poción de muerte.
Podemos entender esto con un ejemplo material: cuando dos personas están paradas una frente a otra, el lado derecho de una está frente al lado izquierdo de la otra, y el lado izquierdo de la primera está frente al lado derecho de la segunda. Dado que hay dos caminos, uno, el de la derecha, el camino de los justos, que les interesa solo otorgar, y el camino de la izquierda, que les interesa únicamente recibir para sí mismos, y por eso se separan del Creador, que es todo otorgamiento. De este modo, naturalmente se separan de la Vida de las Vidas.
Esta es la razón por la que los malvados en su vida son llamados «muertos». Resulta que cuando el hombre todavía no ha sido recompensado con la adhesión con el Creador, resultan ser dos. Entonces, cuando el hombre estudia la Torá, llamada «derecha», pero está a la izquierda del Creador, eso quiere decir que estudia la Torá con el fin de recibir para sí mismo, lo cual lo separa del Creador. Y en este estado, su Torá se vuelve para él una poción de muerte porque permanece separado. Debido a que él quiere que su Torá revista su cuerpo. Significa que quiere que la Torá incremente su materialidad. Y por eso su Torá se convierte en una poción de muerte.
No obstante, cuando una persona se adhiere a Él, se establece una única autoridad y la persona se une a Su unicidad. Entonces, naturalmente, el lado derecho de la persona se convierte en el lado derecho del Creador, y entonces el cuerpo se convierte en la vestidura de su alma.
La manera de saber si va por el camino de la verdad es comprobar si cada vez que se dedica a las necesidades del cuerpo lo hace en la medida justa de las necesidades de su alma, y no más. Y cuando a su parecer tiene más de lo que necesita para cubrir lo que requiere su alma, es como la ropa que coloca sobre su cuerpo. A ese respecto, la persona es meticulosa y se fija que sus ropas no le queden más largas o más anchas, sino que vistan exactamente a su cuerpo. De forma similar, cuando uno se ocupa de las necesidades de su cuerpo, debe ser meticuloso de no tomar más de lo necesario para su alma, es decir, para vestir su alma.
Alcanzar la adhesión con el Creador es algo que no conseguirán todos los que desean tomarle a Él, ya que esto es contrario a la naturaleza del hombre, que fue creado con el deseo de recibir, que es el discernimiento del amor propio. Por eso, necesitamos a los justos de la generación.
Porque cuando una persona se adhiere a un auténtico Rav, cuyo único deseo es solo hacer buenas obras, pero la persona siente que es incapaz de realizar buenas obras, es decir, que la intención sea con el fin de dar contento al Creador. Entonces, al adherirse a un Rav verdadero y desear caer en gracia ante su Rav, realizando actos que su Rav ama y odiando cosas que su Rav odia, luego, puede alcanzar adhesión con su Rav y recibir fuerzas de su Rav, incluso aquellas que no forman parte de sus cualidades innatas. Este es el significado de plantar justos en cada generación.
No obstante, según esto, cuesta entender para qué plantar a los justos en cada generación. Hemos dicho que era para los necios y los débiles. Pero esto podría haberse resuelto con otra solución: ¡no crear necios! ¿Quién Lo obliga a decidir que esa gota será un débil o un necio? Podría haber creado a todos sabios.
La respuesta es que también los necios son necesarios, ya que son los portadores del deseo de recibir. Ellos ven que, por su parte, no tienen medios propios para acercarse al Creador, y por eso son como aquellos sobre los cuales está escrito: «Y cuando salgan, verán los cadáveres de esos hombres que se rebelaron contra Mí, porque su gusano no morirá, ni su fuego se apagará, y serán una abominación para toda carne». Es decir, se convirtieron en cenizas bajo los pies de los justos, por medio de las cuales los justos pueden reconocer el bien que el Señor hizo con ellos al crearlos sabios y fuertes, y que mediante esto Él los acercó más hacia Sí. Y ahora pueden dar alabanza y agradecer al Creador por esto, pues ven el estado tan bajo en el que se encuentran. Y esto se llama «cenizas bajo los pies de los justos», es decir, que los justos caminan mediante ello y dan alabanzas al Creador.
Pero debemos saber que los grados inferiores también son necesarios. El estado de Katnut (pequeñez) de un grado no puede considerarse innecesario, afirmando que sería mejor que los grados de Katnut ya surgieran directamente en Gadlut (grandeza).
Es como un cuerpo físico: en él hay órganos ciertamente esenciales, como el cerebro, los ojos, etc., y otros órganos que en principio no son tan importantes, como el estómago, los intestinos, los dedos de las manos, y de los pies, etc. Pero no se puede decir que alguno de estos órganos con funciones no tan importantes sea innecesario. Al contrario, todos son importantes. Y sucede lo mismo en la espiritualidad: necesitamos también a los necios y a los débiles.
Ahora podemos comprender lo que está escrito acerca de que el Creador dijo: «Regresa a Mí y Yo regresaré a ustedes». Significa que el Creador dice: «Regresa», e Israel dicen lo contrario: «Haznos regresar a Ti, Señor, y luego regresaremos».
Quiere decir que durante el descenso en el trabajo el Creador dice «Regresa» primero. Y mediante esto la persona tiene un ascenso en el trabajo del Creador, y el hombre comienza a gritar: «¡Haznos regresar!». Sin embargo, durante el descenso, el hombre no grita: «¡Haznos regresar!» sino que, por el contrario, huye del trabajo. Por lo tanto, el hombre debe saber que cuando grita «¡Haznos regresar!», esto proviene de un despertar desde Arriba, ya que el Creador se anticipó y dijo «Regresa», mediante lo cual tiene un ascenso y puede decir «Haznos regresar».
Este es el significado de: «Y aconteció que, cuando el arca se ponía en marcha, Moshé decía: “¡Levántate, oh Señor! Y sean dispersados Tus enemigos”». Ponerse en marcha se llama al momento en que se avanza en el servicio al Creador, considerado un ascenso. Entonces, Moshé dijo «¡Levántate!». Y cuando descansaban decía: «¡Regresa, Señor!». Y durante el descanso del servicio a Dios, necesitamos que el Creador diga «¡Regresa!», que significa «Regresa a Mí», es decir, el Creador da el despertar. Por eso, hace falta saber cuándo decir «Levántate» y cuándo decir «Regresa».
Este es el asunto de lo que está escrito en Parashat Akev: «Y recuerda todo el camino (...) para saber lo que hay en tu corazón: si estás dispuesto a guardar Sus mandamientos o no». «Si estás dispuesto a guardar Sus mandamientos» es la cualidad de «Regresa». «O no» es la cualidad de «Levántate». Y necesitamos ambas cosas. Y el Rav sabe cuándo corresponde «Levántate» y cuándo corresponde «Regresa», ya que los cuarenta y dos trayectos es la cuestión de ascensos y descensos que suceden en el trabajo del Creador.