Yehudá Leib HaLevi Ashlag (Baal HaSulam)
Escuché el 15 de Jeshván, 1 de noviembre de 1944, en Tel Aviv
«Un sabio discípulo bastardo precede a un sumo sacerdote ignorante».
Un bastardo quiere decir un dios ajeno, cruel. Esto es lo que significa la bastardía. Cuando uno transgrede la prohibición de volverse hacia los ídolos, estos le engendran un bastardo.
Volverse hacia los ídolos significa que se aparea con la Sitra Ajra (otro lado), que es desnudez (o mujer prohibida). Esto recibe el nombre de «quien viene sobre la mujer prohibida y engendra un bastardo de ella». Y la opinión de los dueños de casas es opuesta a la de la Torá. Por lo tanto, existe una disputa entre los ignorantes y los discípulos sabios. Y aquí hay una gran diferencia si la persona engendró a un bastardo. Porque un discípulo sabio sostiene que esto también viene del Creador; que la forma que aparece ante sus ojos, es decir, el estado de bastardo, fue causado por el Creador.
En cambio, el malvado dice que solo es un pensamiento ajeno que surgió en él a raíz del pecado, y no necesita nada más que corregir sus pecados.
Sin embargo, un discípulo sabio tiene la capacidad de creer que también esto, es decir, en su forma tal como es, debe ver su verdad esencial. Y, al mismo tiempo, debe asumir el yugo del Reino de los Cielos hasta entregar su alma.
Esto significa que, incluso aquello que se considera de poca importancia, lo más bajo y oculto, a pesar de todo, ese momento debe ser atribuido al Creador. Es decir que fue el Creador quien formó dentro de él esa imagen llamada pensamientos ajenos sobre la Providencia, y en este estado pequeño debe trabajar por encima de la razón, como si tuviera gran conocimiento en Kedushá (Santidad).
Y un sumo sacerdote es aquel que sirve al Creador a modo de «y ellos son muchos...», es decir, que tienen mucho de Torá y Mitzvot y no les falta nada. Por lo tanto, si uno viene a conectarse y a asumir cierto orden en el trabajo, la regla es que el sabio discípulo bastardo va primero.
Esto quiere decir que él asume su bastardía en forma de discípulo sabio. «Sabio» es el nombre del Creador. Su discípulo es aquel que aprende de boca del Creador. Porque solamente un discípulo sabio puede decir que todo, todas las formas que aparecen durante el trabajo, son «porque vienen del Señor».
Pero un sacerdote ignorante, aunque sirva al Creador y sea grande en la Torá y en el trabajo, aún no ha conseguido poder aprender de boca del Creador y todavía no es considerado un discípulo sabio. Por lo tanto, este estado no puede ayudarle en nada a alcanzar la verdadera perfección, ya que tiene la opinión de los dueños de casas. Y la opinión de la Torá es solo para el que aprende de boca del Creador. Porque solo un discípulo sabio conoce la verdad: que el Creador es la causa de todas las causas.
Ahora podemos comprender las palabras de nuestros sabios: «Rabí Shimón Ben Menasia estaba estudiando todas las palabras Et de la Torá». «Et» significa incluir también. Es decir, que cada día sumaba más Torá y Mitzvot en relación al día anterior. Y cuando llegó a «Temerás al Señor tu Dios» se retiró, esto es, que no podía seguir aumentando, y llegó a un punto en que no podía añadir más, e incluso, Dios no lo quiera, sucedía lo contrario.
Y Rashi interpreta: Ben Menasia significa que comprendió la Menusá (huida), que quiere decir huir y retirarse de la batalla. También Ben1 Hahamsuni, es decir, que entendió la verdad y cuál es la forma de la verdad. Y se quedó en su lugar, y no pudo avanzar hasta que vino Rabí Akiva y le explicó Et (el), para incluir a los sabios discípulos. Es decir que, a través de la adhesión con los sabios discípulos, es posible recibir cierto apoyo.
Dicho de otro modo, solamente un discípulo sabio puede ayudarle, y nada más. Aunque sea grande en la Torá, se le seguirá llamando ignorante mientras no haya sido recompensado con aprender de boca del Creador. Por lo tanto, uno debe rendirse ante un discípulo sabio y aceptar lo que este le imponga sin discutir y por encima de la razón.
«Su medida es más larga que la Tierra». Esto quiere decir que la Torá comienza más allá de la Tierra; es decir, si es más grande que la Tierra. Y existe una regla que dice que nada puede empezar por el medio. Por eso, si uno desea empezar, el principio está más allá de la Tierra, esto es, más allá de lo terrenal. (Y este es el significado de «un sumo sacerdote ignorante». Significa que, aunque su trabajo sea en Gadlut (grandeza), si todavía no se le ha concedido la Luz de la Torá, aún sigue estando en lo terrenal).
Alcanzar Lishmá (en nombre de Ella) requiere mucho estudio en Lo Lishmá (no en nombre de Ella). Esto significa que uno debe esforzarse y trabajar en Lo Lishmá, y así podrá ver la verdad: que aún no ha conseguido Lishmá. Pero si primero no hace grandes esfuerzos, no podrá ver la verdad.
En otra ocasión dijo que el hombre debe estudiar mucha Torá Lishmá para que se le permita ver la verdad: que está trabajando Lo Lishmá. El trabajo Lishmá recibe el nombre de recompensa y castigo, lo cual se considera Maljut. Y la Torá Lo Lishmá se denomina Zeir Anpin, lo cual se considera Providencia personal.
Por eso, los reyes de Israel, los cuales fueron todos recompensados con la Providencia personal, no tenían nada más que hacer, puesto que no tenían nada más que añadir. Por eso dicen nuestros sabios que «un rey de Israel no juzga ni es juzgado». Por lo tanto, no tienen parte en el mundo venidero, ya que no hacen nada porque ven que el Creador es quien hace todo.
Este es el significado de Izevel (Jezabel), la esposa de Ajab. Interpretaron que su esposa argumentó «Ey Zével» (dónde hay desperdicios), es decir, «dónde hay desperdicios en el mundo». Porque ella vio que todo era bueno. Y «Aj Av» (Ajab) significa que él era «Aj» (hermano) del «Av» (padre) en el Cielo. Pero este no es el caso con los reyes de la casa de David, que sí son juzgados, porque los reyes de la casa de David tenían el poder de unir al Creador y Su Shejiná (Divinidad), aunque sean dos cosas que se contradicen, porque la Providencia personal es opuesta al estado de recompensa y castigo.
Y este es el poder de los grandes justos: que pueden unificar al Creador y a la Divinidad, es decir, la Providencia personal con recompensa y castigo. Y precisamente de ambas proviene la deseada perfección completa.
En hebreo, la palabra «Ben» (hijo) tiene la misma raíz que «Mevín» (entiende).↩