Yehudá Leib HaLevi Ashlag (Baal HaSulam)
20 de noviembre de 1926, Londres
Para mi amigo del alma, que su vela arda para siempre:
... Lo que escribiste, que no entiendes las innovaciones de la Torá que te escribí, aunque sí deberían haber sido claras para ti. Cuando rectifiques la forma en que trabajas, ciertamente las comprenderás. Por eso te las escribí.
Lo que explicaste acerca de que «las malicias se vuelven méritos para él» que cuando uno se arrepiente ante el Creador, evidentemente, ve que el Creador lo coaccionó a cometer sus iniquidades, y a pesar de todo esto, entrega su alma para corregirlas como si sus iniquidades fueran voluntarias. Con esto, las malicias se convierten en méritos, etc. Pero eso aún no has dado en el blanco, ya que al final conviertes las coerciones en méritos, pero no a las malicias.
También, te desviaste más del camino al interpretar el pecado de Adam HaRishón, condenando su alma al exilio debido a la mencionada coacción, haciendo de la coacción un error. Y lo que explicaste que no importa si el bebé se ensucia por sí mismo o se ensucia por las acciones de su padre, porque al final está sucio y debe lavarse, me pregunto, ¿cómo viene la suciedad de la pureza?
Tus últimas palabras son sinceras, por haber entrado en un lugar que no es tuyo, y por tu hábito de cubrirte en rebaños que no son tuyos, por eso no comprendiste mis palabras, las cuales están dirigidas sola y específicamente para ti. Desearía que estas palabras fueran suficientes para ti, para que dejes de pastorear por viñedos que no son tuyos, como está escrito en El Zóhar: «Uno no debe mirar donde no necesita». Con respecto a lo que escribiste que yo oculto palabras entrelíneas, está escrito: «Las necesidades de tu pueblo, Israel, son muchas» etc. Porque no hay tiempo que sea como otro, mucho menos los que insisten en la puerta, corren y vuelven, pero las puertas no se abren. No hay un fin en los cambios de sus estados. Mientras escribo palabras de Torá o las digo oralmente para que provean sustento durante, al menos unos meses, para que se entiendan en los momentos buenos con el tiempo. Pero, ¿qué puedo hacer si los buenos momentos son pocos, o que la destrucción es mayor que la construcción, y mis palabras se olvidan?
Por supuesto, la mente intelectual humana no examinará mis palabras en absoluto, porque se dicen y se componen a partir de las letras del corazón.
Y en cuanto a tu imaginación, que entraste y no supiste salir, porque te cansaste de sustentar el asunto, te diré que, en general, aquel que se arrepiente desde el amor es recompensado con la Dvekut (adhesión) completa, es decir, el grado más alto, y quien está listo para los pecados, se encuentra en el inframundo. Estos son los dos puntos más lejanos de toda esta realidad.
Parecería que deberíamos ser precisos con la palabra «arrepentimiento», que debería haberse llamado «plenitud», excepto, para mostrar que todo está preparado de antemano, y que todas y cada una de las almas ya están establecidas en toda su Luz, bondad y eternidad. Pero, por el pan de la vergüenza, el alma salió en restricciones hasta que esta se vistió en el cuerpo turbio, y solo a través su Segulá, regresa a su raíz antes del Tzimtzum (restricción), con su recompensa en su mano por todo el terrible movimiento que había hecho. La recompensa general es el verdadero Dvekut, lo que significa que ella (el alma) se deshizo del pan de la vergüenza, porque su vasija de recepción se ha convertido en una vasija de otorgamiento y su forma es igual a la de Su Hacedor, y muchas veces he hablado de este asunto.
Con esto comprenderás que, si el descenso es para ascender, se considera como un ascenso y no como un descenso. De hecho, el descenso en sí mismo es el ascenso, ya que las letras de la plegaria, en sí mismas, se llenan de abundancia, y con una plegaria corta, la abundancia es pequeña por falta de letras. Nuestros sabios dijeron: «Si Israel no hubiera pecado, solo se les habrían dado los Cinco Libros del Pentateuco y el libro de Yehoshua». Y verifica esto.
¿A qué se parece esto? Es como un hombre muy rico que tiene un único hijo, muy joven. Un día, el rico tuvo que viajar lejos durante muchos años. El hombre rico temía que su hijo malgastara su riqueza.
Tuvo perspicacia y cambió su patrimonio por piedras preciosas, perlas y oro, y construyó un gran sótano en lo profundo de la tierra, donde escondió todo el oro, las piedras preciosas y las perlas. Y también puso a su hijo allí.
Llamó a sus leales esclavos y les ordenó que impidieran que su hijo saliera del sótano, hasta que cumpliera veinte años. Todos los días debían traerle toda la comida y bebida, pero absolutamente nada de fuego ni velas. También debían revisar las paredes y sellar todas las grietas para que no penetraran los rayos del sol. Por su salud, debían sacarlo del sótano todos los días durante una hora y pasearlo en las afueras de la ciudad, pero vigilando cuidadosamente que no se escapara. En su vigésimo cumpleaños, debían darle velas, abrirle una ventana y dejarlo salir.
Naturalmente, la aflicción del hijo era inconmensurable, sobre todo cuando caminaba afuera y veía a todos los jóvenes comiendo y bebiendo alegremente en la calle, sin guardias ni límites de tiempo, mientras él estaba encerrado en la cárcel, con pocos momentos de luz. Y si intentaba escapar, sería golpeado sin misericordia. Pero él estaba más molesto y se lamentó cuando escuchó que su propio padre le había causado esta aflicción, porque eran esclavos de su padre y cumplían las órdenes de su padre. Naturalmente, consideraba a su padre como el más cruel de todos los crueles que jamás haya vivido, porque ¿quién ha oído hablar de algo así?
En su vigésimo cumpleaños, los esclavos le bajaron una vela, como había ordenado su padre. El chico tomó la vela y comenzó a mirar alrededor. Y he aquí, ¿qué vio? Sacos llenos de oro y todas las delicias reales.
Solo entonces, comprendió que su padre es verdaderamente misericordioso, y que toda la molestia que se había tomado era solo para beneficiarlo. Inmediatamente comprendió que los esclavos sin duda lo dejarían salir en libertad del sótano, y así lo hizo. Salió del sótano y ya no había guardias ni esclavos crueles. En cambio, es un hombre rico, más rico que todas las personas más ricas de la tierra.
Pero en verdad, no hay nada nuevo aquí, porque se revela que él fue muy rico todos los días de su vida, pero en su percepción era pobre y desamparado, oprimido en el inframundo todos sus días. Ahora, en un solo momento, se ha enriquecido con una gran fortuna y se elevó desde el pozo profundo hasta lo alto en el techo. ¿Quién puede entender esta alegoría? Alguien que entiende que las «malicias» son el sótano profundo, con vigilancia cuidadosa, para que no escape de allí. Me pregunto si lo entiendes.
Esto es simple: el sótano y la vigilancia cuidadosa son todos «méritos» y la misericordia del padre sobre el hijo. Sin esto, le habría resultado imposible ser tan rico como su padre. Pero las «malicias» son realmente malicias reales y no errores. No hay coerción desde arriba. Más bien, antes de que recuperara su riqueza, ese sentimiento dominaba en el pleno sentido de la palabra. Pero una vez que recuperó su riqueza, vio que todo esto era la misericordia del padre y no crueldad en absoluto.
Debemos entender que toda la relación de amor entre el padre y su único hijo, depende del reconocimiento de la compasión del padre por el hijo, con respecto al asunto del sótano, la oscuridad y la vigilancia cuidadosa, porque el hijo ve en estas misericordias del padre, un gran esfuerzo y profunda sabiduría.
El sagrado Zóhar también hablaron sobre esto, diciendo que, quien es recompensado con el arrepentimiento, la sagrada Shejiná (Divinidad) se le aparece como una madre de buen corazón que no ha visto a su hijo durante muchos días, y que hicieron muchas grandes acciones y experimentaron penurias para verse, por lo que, ambos corrían grandes peligros. Pero al final, llegaron a esa anhelada libertad y fueron recompensados con verse. Entonces la madre se echó sobre él, lo besó, lo consoló y le habló a su corazón todo el día y toda la noche. Ella le contó acerca de las añoranzas y los peligros en los caminos que ha vivido hasta hoy, cómo siempre había estado con él, y que la Shejiná nunca se movió, sino que sufría con él en todos los lugares, pero él no podía ver esto.
Estas son las palabras del Zóhar : «Ella le dice: “Aquí dormimos, aquí fuimos atacados por ladrones y fuimos salvados de ellos, aquí nos escondimos en un pozo profundo”, y así sucesivamente. ¿Qué tonto no entendería el gran amor, la amenidad y el deleite que irrumpen y surgen de estas historias consoladoras?».
En verdad, antes de que nos encontráramos cara a cara, se sentía como sufrimientos más duros que la muerte. Pero como la palabra Nega (lesión - נגע) se debe a que la letra Ayín viene al final de la palabra, pero durante el relato de historias de consuelo, la Ayín (ע) está al principio de la palabra, convirtiéndola en Oneg (deleite - ענג). Sin embargo, son dos puntos que iluminan solo una vez que se encuentra su existencia en el mismo mundo. Ahora imagina un padre y un hijo que se han estado esperando ansiosamente durante días y años. Cuando finalmente se ven, el hijo es sordo y mudo, y no pueden divertirse uno con el otro en absoluto. De ello resulta que la esencia del amor está en las delicias abundantes del Rey.
Yehudá Leib