Yehudá Leib HaLevi Ashlag (Baal HaSulam)
Escuché en Tevet, 1942
Es sabido que nada se revela bajo su forma verdadera, sino solo a través de una cosa y su opuesta, «como la ventaja de la Luz desde dentro de la oscuridad».
Esto significa que cada cosa apunta a su par, y precisamente a través de una cosa y su opuesta, puede uno alcanzar la existencia del concepto contrario. Por lo tanto, es imposible alcanzar algo con plena claridad si no tiene un fenómeno paralelo.
Por ejemplo: es imposible valorar y decir que algo es bueno si no tenemos su contrario señalando lo malo. Ocurre lo mismo con las nociones de amargo y dulce, odio y amor, hambre y saciedad, sed y saciedad, separación y adhesión. De acuerdo con esto, resulta que es imposible llegar a amar la adhesión sin haber alcanzado antes el odio por la separación.
Y el consejo para merecer el grado de odio a la separación, es que uno debe saber primero lo que significa la separación, es decir, de qué está separado. Entonces podrá decir que desea corregir esa separación.
En otras palabras, el hombre debe hacer una introspección y ver de qué y de quién se separó. Y después podrá tratar de enmendarlo y conectarse con aquel de quien está separado. Es decir, si entiende que se beneficiará de la unión con Él, entonces podrá apreciar y saber qué es lo que pierde si permanece separado.
El asunto de la ganancia y la pérdida se miden por el placer y el sufrimiento. El hombre se aleja de aquello que le causa sufrimiento y lo detesta. La medida de la distancia depende de la medida de la sensación de sufrimiento, porque está en la naturaleza humana huir del sufrimiento. De este modo, uno depende del otro. Es decir, según la magnitud de los sufrimientos, en ese grado el hombre se esforzará y hará todo tipo de acciones para alejarse de ello. En otras palabras, los sufrimientos provocan odio por lo que produce sufrimientos, y en esa misma medida se aleja de ello.
Y a raíz de lo dicho resulta que el hombre debe saber qué es la equivalencia de forma y así poder saber qué es lo que debe hacer para llegar a la adhesión, llamada «equivalencia de forma». De ese modo sabrá qué son la disparidad de forma y la separación.
Se sabe por los libros y los escritores que el Creador es Bueno y hace el bien. Esto quiere decir que Su Providencia aparece ante los inferiores en forma de buena y benefactora. Y esto es lo que debemos creer.
Por lo tanto, cuando el hombre observa los modos de conducción del mundo, comienza a examinarse a sí mismo y a los demás, y ve cómo sufren bajo la Providencia en lugar de deleitarse, como correspondería a Su nombre: Bueno y hace el bien. En ese estado, le cuesta decir que la Providencia Superior se conduce de forma buena y benefactora y que les imparte abundancia.
No obstante, debemos saber que en ese estado, cuando no pueden decir que el Creador otorga solo el bien, ellos son llamados malvados. Porque al sentir sufrimientos los lleva a condenar a su Hacedor. Y solamente cuando ven que el Creador les otorga placeres, justifican al Creador. Como dijeron nuestros sabios: «¿Quién es Tzadik (justo)? Aquel que justifica a su Hacedor», esto es, aquel que dice que el Creador gobierna el mundo de forma justa.
De este modo resulta que, cuando el hombre siente sufrimientos, se aleja del Creador, porque naturalmente comienza a detestar a quien le da sufrimientos. En consecuencia, el hombre, en lugar de amar al Creador, ahora sucede lo contrario, ya que ha llegado a odiar al Creador.
Entonces, ¿qué debe hacer el hombre para llegar al amor al Creador? Para esto nos fue concedida la Segulá (poder, virtud) de dedicarnos a la Torá y las Mitzvot, porque «la Luz en ella lo reforma». Allí hay Luz que permite al hombre sentir la severidad del estado de separación y, poco a poco, a medida que se va dirigiendo a conseguir la Luz de la Torá, va desarrollando dentro de él un odio por el estado de separación, es decir, comienza a sentir la causa que hace que él y su alma estén separados y alejados del Creador.
Es decir, el hombre debe creer que Su Providencia es buena y benefactora. Sin embargo, dado que el hombre está inmerso en el amor propio, esto le provoca la disparidad de forma, porque existe una corrección conocida como «con el fin de otorgar», llamada equivalencia de forma. Solo de este modo podemos recibir deleite y placer. La incapacidad de recibir este deleite y placer que el Creador desea otorgar provoca odio por la situación de separación.
Entonces tiene la capacidad de apreciar el gran beneficio que hay en la equivalencia de forma. Y luego comienza a anhelar la adhesión. En consecuencia, cada forma apunta a la otra forma. Resulta que todos los descensos a través de los cuales uno siente la separación son una oportunidad para discernir entre una cosa y su opuesta.
En otras palabras, a raíz de los descensos el hombre debe comprender cuáles son los beneficios de los ascensos. De lo contrario, no podría apreciar la importancia de que desde Arriba lo quieran acercar y que le den ascensos. No podría obtener la importancia que podría extraer de ello.
Es como cuando le dan de comer a un hombre que nunca sintió hambre. Resulta que los descensos, que son momentos de separación, le provocan la importancia de la adhesión durante los ascensos. Mientras que los ascensos le provocan odio a los descensos causados por los estados de separación.
Dicho de otro modo, no puede valorar cuán malos son los descensos. Es decir, que el hombre calumnia a la Providencia y ni siquiera percibe a quién está calumniando, para saber que deberá arrepentirse de un pecado tan grande. Esto se denomina «calumniar al Creador».
Y de lo dicho resulta que, precisamente cuando tiene ambas formas, puede discernir la distancia entre una y la otra «como la ventaja de la Luz desde dentro de la oscuridad». Solamente entonces puede apreciar y considerar lo referente a la adhesión, a través de la cual se logran el deleite y el placer del Pensamiento de la Creación, que es «Su deseo de hacer el bien a Sus creaciones».
Y todo lo que aparece ante nuestros ojos no es sino aquello que el Creador desea que alcancemos en la forma que lo hacemos, ya que estos son los caminos que nos permiten alcanzar la completitud de la meta.
No obstante, no es tan sencillo ser recompensado con la adhesión al Creador. Se requiere un gran esfuerzo y trabajo para alcanzar y sentir el placer y el deleite. Y antes de eso, el hombre debe justificar a la Providencia y creer por encima de la razón que el Creador se comporta con las criaturas de forma buena y benefactora, y decir «tienen ojos pero no ven».
Y nuestros sabios dijeron «Habacuc vino y los redujo a un solo punto», como está escrito: «El justo vivirá por su fe». Esto significa que uno no necesita ocuparse de los detalles, sino que debe concentrar todo su trabajo en un solo punto, una regla general, que es la fe en el Creador. Y debe orar por esto, es decir, que el Creador le ayude a ser capaz de avanzar en la forma de fe por encima de la razón.
Hay una gran virtud en la fe, y es que, a través de la fe, el hombre llega a odiar la separación. Esto se considera que, indirectamente, la fe lo lleva a odiar la separación.
Podemos ver que existe una gran diferencia entre la fe, la evidencia y el conocimiento.
Respecto de algo que puede ser visto y conocido, si la mente determina que eso es bueno y toma esa decisión una vez, dicha decisión le basta. En otras palabras, la ejecuta de la forma en que él decidió, ya que la mente lo acompaña en cada acción para no transgredir lo que la mente le dijo. Y le permite entender al cien por ciento lo que decidió en la medida en la que la razón lo llevó a dicha decisión.
Sin embargo, la fe es una cuestión de un acuerdo potencial. En otras palabras, uno vence a la mente y dice que ciertamente vale la pena trabajar de la manera en que la fe lo obliga a trabajar: por encima de la razón. Por lo tanto, la fe por encima de la razón es útil solo durante la acción, es decir, cuando uno cree. Solamente entonces está dispuesto a esforzarse en el trabajo por encima de la razón. Sin embargo, cuando deja de lado la fe, aunque sea por un pequeño momento, cuando la fe se debilita en él por un instante, de inmediato cesa la Torá y el trabajo y no le ayuda el hecho de que asumiera recientemente el yugo de la fe por encima de la razón.
No obstante, cuando percibe dentro de su mente que esto es perjudicial para él, y que pone en riesgo su vida, ya no necesita más argumentos ni razonamientos sobre por qué esto es algo peligroso. Por el contrario, puesto que una vez aprendió y entendió en un cien por ciento que debía practicar estas cosas según su mente le dijo, cuál era buena y cuál era mala, ahora, ya se rige según esa decisión.
Vemos la diferencia que existe entre a lo que la mente lo obliga y a lo que solo la fe lo obliga, y cuál es la razón de que cuando algo está basado en la fe, se debe recordar cada vez la forma de la fe o, de lo contrario, caería de su grado, y recibe un estado que es acorde a un malvado. Y tales estados pueden suceder en un solo día: uno puede caer de su propio grado varias veces en un mismo día, porque es imposible que la fe por encima de la razón no se interrumpa al menos por un momento durante el día.
Debemos saber que el motivo del olvido de la fe se origina en el hecho de que la fe está por encima de la razón y de la mente, y se opone a todos los deseos del cuerpo. Y puesto que los deseos del cuerpo están, por naturaleza, impresos en nosotros y reciben el nombre de «deseo de recibir», ya sea en la mente o en el corazón, el cuerpo siempre lo lleva hacia su propia naturaleza. Solo cuando está adherido a la fe, entonces la fe tiene la fuerza para sacarlo de los deseos del cuerpo e ir por encima de la razón, es decir, contra el razonamiento del cuerpo.
Por lo tanto, antes de que el hombre sea recompensado con los Kelim (vasijas) de otorgamiento, llamados adhesión, la fe no puede hallarse en él de forma permanente. Y cuando la fe no ilumina dentro de él, ve que se encuentra en el estado más bajo posible. Y todo esto le viene por la disparidad de forma, que es el deseo de recibir para sí mismo. Esta separación le provoca todos los sufrimientos, y le destruye todas sus estructuras y todos los esfuerzos que invirtió en el trabajo.
Él ve que, en el momento en que pierde la fe, se encuentra en un estado peor que cuando comenzó en el camino del trabajo de otorgamiento. Por medio de esto, llega a odiar la separación, porque inmediatamente empieza a sentir sufrimientos, tanto de forma personal como también en el mundo entero. Se le vuelve difícil justificar Su Providencia con respecto a las criaturas y considerarla buena y benefactora. Y entonces siente que el mundo entero se ha oscurecido para él, y no tiene nada de lo que pueda recibir alegría.
Por eso, cada vez que empieza a corregir el defecto de calumniar a la Providencia, obtiene odio por la separación. Y a través del odio que siente en la separación, llega al amor por la adhesión. Dicho de otro modo, en la misma medida que siente sufrimientos durante la separación, se aproxima a la adhesión con el Creador. Y así también, en la misma medida en que percibe que la oscuridad es algo malo, llega a sentir que la adhesión es algo bueno. Entonces sabe cómo apreciar cuando recibe un poco de adhesión por unos momentos, porque ya sabe cómo darle importancia.
De lo dicho podemos comprender que todos los sufrimientos que existen en el mundo son solo una preparación para los verdaderos sufrimientos. Y estos son los sufrimientos que uno debe alcanzar, de lo contrario no podrá obtener nada espiritual, ya que no puede haber Luz sin un Kli. Estos sufrimientos, los verdaderos sufrimientos, indican que condena a la Providencia, y la calumnia. Y por esto reza, para no calumniar a la Providencia.
Y estos son los sufrimientos que el Creador acepta. Esto se llama que el Creador escucha la plegaria de toda boca. La razón por la que el Creador escucha esos sufrimientos es que, en ese momento, el hombre no solicita ayuda para sus propios Kelim de recepción, pues podemos afirmar que, si el Creador le garantizara todo lo que él pida, esto podría provocarle mayor alejamiento de Él por la disparidad de forma que recibiría en consecuencia.
Sin embargo, sucede realmente lo contrario: él pide fe, que el Creador le dé fuerza para sobreponerse, para poder ser recompensado con la equivalencia de forma, porque ve que, al no tener fe de forma permanente, es decir, cuando la fe no lo ilumina, cae en pensamientos acerca de la providencia, y llega a un estado llamado malvado ya que condena a su Creador.
Resulta que todo el sufrimiento que padece es por calumniar la Providencia Superior. Según esto, ¿qué es lo que le duele? Que allí donde debería haber alabado al Creador diciendo «Bendito sea Él, nuestro Dios, que nos creó en Su gloria», es decir, que las criaturas respeten al Creador, él ve que el comportamiento del mundo no es en Su gloria, ya que todos se quejan y reclaman que primero debe manifestarse abiertamente la Providencia para mostrar que el Creador gobierna el mundo de forma buena y benefactora. Pero como esto no se revela, dicen que esta Providencia no es en Su gloria. Y eso le duele.
Así, a través de los sufrimientos que siente, se ve obligado a calumniar. Por eso, al pedirle al Creador que le dé la fuerza de la fe y ser recompensado con el estado de Bueno y hace el bien, no es porque quiera recibir placer para deleitarse él mismo, sino para no calumniar, ya que esto le duele.
Es decir, por su parte, quiere creer por encima de la razón que el Creador gobierna el mundo de forma buena y benefactora, y quiere que su fe sea suficiente, con una sensación absoluta, como si fuera dentro de la razón.
Por lo tanto, cuando practica la Torá y las Mitzvot, desea atraer la Luz del Creador, pero no la requiere para su propio placer, sino porque no puede soportar el no poder justificar Su Providencia, que es buena y benefactora. Esto le provoca sufrimientos, porque profana el nombre del Creador, cuyo nombre es «Bueno y hace el bien», pero su cuerpo afirma otra cosa. Ese es todo su sufrimiento ya que, al encontrarse en un estado de separación, no puede justificar Su Providencia. Y esto es llamado que odia el estado de separación.
Y cuando tiene estos sufrimientos, el Creador oye su plegaria y lo acerca a Él, y es recompensado con la adhesión. Esto se debe a que los sufrimientos que siente por la separación, hacen que sea recompensado con la adhesión. Entonces se dice: «como la ventaja de la Luz desde dentro de la oscuridad».
Este es el sentido de «La ventaja de la tierra está en todo». «Tierra» es la creación; «está en todo», es decir, gracias a la ventaja, cuando vemos la diferencia entre el estado de separación y el de adhesión, se nos concede adhesión con el «todo», porque el Creador es llamado la raíz de todo.