Yehudá Leib HaLevi Ashlag (Baal HaSulam)
Lo escuché en 1945, Jerusalén
El escrito dice (Salmos 104): «He ahí el mar, vasto y ancho, donde se mueven innumerables seres reptantes, criaturas vivas, pequeñas y grandes».
Debemos interpretarlo así:
1. El mar, es el mar de la Sitra Ajra (el otro lado).
2. Vasto y ancho, significa que ella se revela a sí misma y grita: «¡Da!, ¡da!», refiriéndose a los grandes Kelim (vasijas) de recepción.
3. Reptantes, quiere decir que allí hay Luces Superiores que el hombre pisa y aplasta con sus pies.
4. Innumerables, hace alusión a que hay seres vivos pequeños y grandes. Es decir, que aunque el hombre tenga una pequeña o gran vitalidad, todo se encuentra en ese mar. Esto se debe a que existe una regla: que desde Arriba dan pero no quitan (que todo lo que se da desde Arriba no se no se devuelve, sino que queda abajo). Por lo tanto, si el hombre extiende algo de Arriba y luego lo daña, esto ya se queda abajo, pero no con el hombre, sino que cae al mar de la Sitra Ajra.
En otras palabras, si el hombre extiende una cierta iluminación y no puede mantenerla de forma permanente porque sus vasijas aún no se encuentran limpias, que sean aptas para la Luz, para que el hombre lo reciba dentro de las vasijas de otorgamiento al igual que la Luz que proviene del Otorgante, por eso, la iluminación debe abandonarlo.
En ese momento la iluminación cae en manos de la Sitra Ajra. Así sucede varias veces, es decir, el hombre la extiende y después la iluminación lo abandona. Por lo tanto, las iluminaciones aumentan en el mar de la Sitra Ajra hasta que se llena por completo. Esto significa que, después de que el hombre revela la medida completa del esfuerzo que es capaz de revelar, la Sitra Ajra le devuelve todo lo que tomó bajo su autoridad. Este es el significado de «Devoró muchas riquezas pero las vomitará».
Significa que todo lo que la Sitra Ajra tomó bajo su autoridad, lo hizo solo a modo de depósito, es decir, mientras ella tenga dominio sobre el hombre. Y su dominio es solo para que haya lugar donde el hombre pueda esclarecer sus propias vasijas de recepción y las introduzca a la Kedushá (Santidad). En otras palabras, si no hubiera ejercido su gobierno sobre la persona, esta se habría conformado con poco. Y entonces todas las vasijas de recepción del hombre permanecerían en separación.
Y el hombre jamás podría haber reunido todos los Kelim que pertenecen a la raíz de su alma, e ingresarlos a la Kedushá, y extender sobre ellos la Luz que le pertenece. Por eso, esto es una corrección, que cada vez que el hombre extiende algo y tiene un descenso debe comenzar otra vez de nuevo, es decir, realizar nuevos escrutinios. Y lo que tenía del pasado, cayeron a la Sitra Ajra, y ella lo mantiene bajo su dominio como depósito. Después, el hombre recibe de ella, todo aquello que ella recibió de él todo ese tiempo.
Sin embargo, también debemos saber que si el hombre pudiera mantener cierta iluminación de forma permanente, incluso la más pequeña, ya podría considerarse un hombre completo. Dicho de otro modo, con esta iluminación podría avanzar. Por lo tanto, si pierde esa iluminación, el hombre debería lamentarlo.
Esto se asemeja a una persona que coloca una semilla en la tierra para que de ella crezca un gran árbol. Pero inmediatamente después la quita del suelo. Entonces, ¿cuál es el beneficio del trabajo de colocar la semilla en la tierra? Es más, podemos decir que no solo ha quitado la semilla del suelo y la ha echado a perder, sino que también ha desenterrado un árbol con frutos maduros y los ha echado a perder.
Lo mismo sucede aquí: si uno no hubiera perdido esa pequeña iluminación, de ella habría crecido una gran Luz. Resulta que no es que haya perdido una pequeña iluminación, sino que es como si hubiera perdido una Luz muy grande.
Debemos saber que hay una ley: el hombre no puede vivir sin vitalidad ni placer, ya que esto proviene de la propia raíz de la creación, que consiste en Su deseo de beneficiar a Sus criaturas. Por lo tanto, ninguna criatura puede existir sin vitalidad ni placer. Por eso, toda criatura debe salir en busca de un lugar del cual pueda obtener placer y deleite. Pero recibir placer sucede en tres tiempos: en el pasado, en el presente y en el futuro.
Sin embargo, la principal recepción de placer ocurre en el presente. Y aunque vemos que el hombre también obtiene placer del pasado y del futuro, esto se debe a que precisamente el pasado y el futuro iluminan en el presente.
Por lo tanto, si el hombre no encuentra sensación de placer en el presente, entonces recibe vitalidad del pasado. Y puede decirle a los demás qué feliz era en tiempos pasados. Y de esto puede obtener vitalidad en el presente, o imaginarse que tiene la esperanza de estar bien en el futuro. Pero medir la sensación de placer del pasado y del futuro dependen cuánto estos le iluminan en el presente. Además, debemos saber que esto sucede tanto con los placeres corporales como con los placeres espirituales.
Como vemos, cuando el hombre trabaja incluso en el plano corporal, la regla es que durante el trabajo se siente afligido porque se esfuerza. Y todo lo que puede continuar en el trabajo es solo porque el futuro le ilumina, que entonces recibirá recompensa por su trabajo. Esto le ilumina en el presente, y por eso es capaz de continuar el trabajo.
Sin embargo, si no es capaz de imaginar la recompensa que recibirá en el futuro, debe tomar el placer del futuro, y no de la recompensa que recibirá por su trabajo en el futuro. En otras palabras, no disfrutará de la recompensa, sino de que no sentirá sufrimiento por el esfuerzo. Esto es de lo que disfruta ahora en el presente, de lo que tendrá en el futuro. Después de todo, el futuro ilumina para él en el presente por el hecho de que pronto el trabajo habrá terminado, es decir, el tiempo en que debe trabajar, y podrá recibir reposo.
Resulta que, en todo caso, le ilumina el placer del descanso que recibirá al final. Esto significa que su ganancia consiste en que no tendrá el sufrimiento que está experimentando ahora en el trabajo. Y esto le da la fuerza para poder trabajar ahora. Y si el hombre no fuera capaz de imaginarse que pronto se librará de los tormentos que sufre en este momento, el hombre caería en la desesperación y la tristeza, hasta tal punto que ese estado puede llevarlo a quitarse la vida.
Y por eso nuestros sabios dijeron: «Quien se quita la vida, no tiene parte en el mundo venidero», porque niega la Providencia, que el Creador dirige al mundo como Bueno y hace el bien.
Más bien, el hombre debe creer que estos estados vienen a él, porque Arriba desean que esto le traiga corrección. Es decir, que reciba Reshimot (registros) de estos estados para poder comprender más fuerte e intensamente cómo es el mundo. Estos estados reciben el nombre de Ajoraim (parte posterior). Y cuando supere estos estados, será recompensado con Panim (parte anterior, o rostro), lo que significa que la Luz iluminará dentro de estos Ajoraim.
Según la regla que dice que el hombre no puede vivir si no tiene un lugar de donde obtener placer y deleite, resulta que, cuando el hombre no es capaz de recibir esto del presente, se ve obligado a recibir vitalidad del pasado o del futuro. En otras palabras, el cuerpo busca para sí vitalidad con todos los medios a su alcance.
Entonces, si el hombre no está de acuerdo en recibir vitalidad de cosas materiales, el cuerpo no tiene más alternativa que aceptar recibirla de cosas espirituales, ya que no tiene otra opción. Por lo tanto, debe aceptar recibir placer y deleite de las vasijas de otorgamiento, ya que es imposible vivir sin vitalidad.
Resulta que cuando el hombre está acostumbrado a observar la Torá y las Mitzvot (preceptos) Lo Lishmá (no en nombre de la Torá), es decir, para recibir una recompensa a cambio del trabajo, puede imaginar que recibirá después una retribución, y así, puede trabajar a cuenta de que recibirá placer y deleite más adelante.
No obstante, si el hombre trabaja pero no para ser recompensado, sino que desea trabajar sin ninguna retribución, ¿cómo puede imaginarse que después tendrá algo de lo que recibir vitalidad? Después de todo, no puede imaginarse nada, pues no tiene con qué hacerlo. Por lo tanto, en Lo Lishmá, no hay necesidad de que le den vitalidad desde Arriba, ya que tiene vitalidad por medio de la imagen del futuro. Y desde Arriba, no dan lujos, sino solo lo necesario.
Entonces, si el hombre quiere trabajar únicamente en beneficio del Creador y no quiere aceptar de ningún modo obtener vitalidad por medio de otras cosas, no hay más remedio que concederle vitalidad desde Arriba. Esto se debe a que demanda la vitalidad necesaria para subsistir, y es entonces cuando recibe la vitalidad desde la estructura de la sagrada Shejiná (Divinidad).
Y es como dijeron nuestros sabios: «Todo aquel que se lamenta con el público, es recompensado y ve el consuelo del público». El público recibe el nombre de Sagrada Shejiná, ya que «público» significa agrupación, es decir, la Congregación de Israel, porque Maljut es el conjunto de todas las almas.
Y como el hombre no desea ninguna recompensa para sí mismo, sino que quiere trabajar en beneficio del Creador, lo cual se llama elevar la «Shejiná del polvo», para que no esté tan humillada porque no quieren trabajar en beneficio del Creador. Pero todo lo que el hombre ve que le producirá beneficio propio, entonces, sí hay combustible para el trabajo. Y en lo concerniente al beneficio del Creador, si el hombre no ve qué obtendrá a cambio, el cuerpo se opone a este trabajo, porque este trabajo tiene sabor a polvo.
Este hombre sí desea trabajar en beneficio del Creador, pero su cuerpo se resiste a esto. Y así, le pide al Creador que le dé la fuerza necesaria para poder trabajar y levantar a la Shejiná del polvo. De este modo, es recompensado con la manifestación de Panim (rostro) del Creador, y el ocultamiento se aparta de él.