Baruj Shalom HaLevi Ashlag (Rabash)
Artículo 36, 1986
Se sabe que para obtener todo aquello que deseemos, debemos preparar los medios para conseguirlo. Conforme a esto, ¿Qué debemos preparar para recibir Selijot (perdones)? En la corporalidad vemos que uno no le dice a otro «Perdón», a no ser que le haya hecho algo perjudicial en cuestiones de dinero, dignidad o daño físico, causándole algún daño. En ese caso, se puede decir que uno debe pedir el perdón del otro, para que perdone el mal que le ha hecho.
Aquí hay dos cosas que discernir:
1) Si no le hizo nada pero le pide perdón, la otra persona lo mirará como si estuviera loco. Si viéramos a alguien caminando en la calle diciendo a todos: «Lo siento, lo siento», ciertamente pensaríamos que es un demente. El perdón solo es en relación a una ofensa.
2) Si una persona causa una gran pérdida a otra y se disculpa como si hubiera hecho algo pequeño, ciertamente no recibirá lo que ha pedido, ya que ha cometido una gran ofensa, pero se disculpa como si hubiera hecho algo pequeño. Es inconcebible que se le perdone. Más bien, uno mide la severidad del daño que ha infringido a su amigo, y en esa medida elige los medios que harán que su amigo acepte perdonarlo.
Vemos en las conductas corpóreas cómo se comporta la gente con respecto al perdón entre personas, y a partir de esta conducta entre una persona y otra, debemos aplicar el mismo orden entre el hombre y el Creador. Es decir, cuando uno va a pedir perdón al Creador, que Él perdone sus pecados, también son aplicables los dos discernimientos anteriores:
1) Que uno no se disculpa por nada, sino solo por haber lastimado a otro, o será percibido como un demente o que se está burlando del otro pidiéndole perdón.
2) La petición de perdón debe coincidir con la medida del daño al otro.
Por lo tanto, cuando uno viene a pedir al Creador que perdone su pecado contra Él, porque ha mancillado Su honor, uno debe pensar en su pecado contra el Creador. Esto es así porque si una persona no siente ningún pecado, pero aun así pide perdón, es como si estuviera bromeando. Clama, llora y pide el perdón del Creador mientras que no siente que haya dañado la gloria del Rey en absoluto.
La razón por la que una persona no siente sus pecados es como dijeron nuestros sabios (Yomá, 86): «Si el hombre comete una transgresión y la repite, se vuelve para él como algo permitido». Esta es la razón por la que el hombre no siente sus pecados cuando va a pedir perdón al Creador.
De acuerdo con el segundo discernimiento –discernir la medida del pecado–, resulta que primero hay que reconocer la medida de la falla que ha cometido en la gloria del Rey. De lo contrario no se puede hablar de perdón. Por lo tanto, en la mayor medida posible, uno debe tratar de pedir que Él perdone sus pecados conforme a lo que ha pecado, es decir, que tengan el mismo peso.
Nuestros sabios también dijeron (Sucá, 52) que, a los malvados, los pecados les parecen como una hebra de pelo, pero a los justos les parecen como una montaña alta. La pregunta es: ¿Qué quiere decir «parecer»? Es decir, dijeron: «Les parece», pero, ¿cuál es la verdad?
La cuestión es que cuando uno no se da cuenta de ante quién peca y no siente la importancia y la grandeza del Creador, le falta la fe. En ese momento, es cuando comienza a pensar: «Pero yo soy judío también», y ahora, que es el mes de Elul, es costumbre en Israel a través de todas las generaciones, que dado que es un mes de benevolencia, todo aquel considerado como «Israel» sabe que este es el momento de pedir perdón al Creador por los pecados de la casa de Israel. Asimismo, soplamos el Shofar (cuerno) para que el corazón del hombre comience a contemplar el arrepentimiento por los pecados. En ese momento, uno cree que él también debe de haber pecado y tiene que pedir perdón al Creador.
Sin embargo, ¿Cuál es la medida de la falla que ha mancillado al Rey? Ese sentimiento el hombre no lo puede percibir. Más bien, en la medida de su fe en la grandeza del Creador, podrá asumir la medida de la falla que ha causado por sus pecados. Por lo tanto, todos los que van a pedir perdón sin ninguna preparación para lo que piden, son como aquel que le pide perdón a alguien a quien, aunque le ha hecho cosas terribles que requieren verdadero remordimiento, sin embargo, le pide perdón como si hubiera hecho algo insignificante. Naturalmente, la petición de perdón tampoco tiene un valor real como debería ser con una verdadera transgresión.
De ello se deduce que, antes de que uno venga a pedir perdón, primero debe reflexionar sobre la esencia del pecado. Y después, puede analizar los pecados que fueron causados por la esencia del pecado. Uno debe saber que la esencia del pecado con la que mancilla –y desde la cual se extienden todos los pecados– es que no está tratando de tener fe permanente. Si tiene una fe parcial, ya se conforma con eso.
Es como está escrito en la «Introducción al estudio de las diez Sefirot» (punto 14): Que si tuviera fe permanente, esa fe no le dejaría pecar. Es decir, pide perdón al Creador porque ve que la verdadera razón de todos los pecados es que carece de fe permanente. Por lo tanto, le pide al Creador que le dé esa fuerza, es decir, ser capaz de tener siempre una fe inquebrantable en su corazón. Por supuesto, no vendrá y cometerá pecados y mancillará la gloria del Creador porque no siente la grandeza del Creador, o porque no sabe cómo apreciar la gloria del cielo y cómo no dañarla.
Por lo tanto, pide perdón al Creador para que lo ayude y le dé la fuerza para asumir el yugo del reino de los cielos por encima de la razón, es decir, tener la fuerza para sobreponerse y fortalecerse en la fe en el Creador, y conocer el comportamiento entre el hombre y el Creador, con cierta medida de temor por honor.
Esto significa que, si uno reflexiona, verá que solamente necesita una cosa: hacer introspección sobre la diferencia entre judío y gentil, por lo cual bendecimos cada día: «Bendito seas Tú, Señor, por no haberme hecho gentil». Pero uno no presta mucha atención a lo que dice: «Por no haberme hecho gentil». Es decir, no se plantea a sí mismo: ¿De qué manera es Israel y no un gentil? Debemos saber que la principal distinción está en la fe: Israel cree en el Creador y un gentil no tiene fe en el Creador.
Una vez que conoce esa diferencia, debe comprobar su medida de fe en el Creador, es decir, como está escrito en la «Introducción al estudio de las diez Sefirot» (punto 14): Cuánto está dispuesto a hacer concesiones por su fe en el Creador, entonces podrá ver la verdad, es decir, si está dispuesto a hacer cosas exclusivamente en beneficio del Creador y no en su propio beneficio, o si está dispuesto a trabajar para el Creador solamente en una pequeña medida - Dios no lo quiera-, es decir que, tiene que mancillar el amor propio o de lo contrario no podrá hacer nada.
Por lo tanto, resulta que entonces es el momento en que uno puede ver la verdad: Su verdadera medida de fe en el Creador. Y a partir de esto, uno puede ver que todos los pecados provienen únicamente de esta razón. Al recibir preparación y calificación cuando pide al Creador que perdone sus pecados, puede asumir la verdadera medida de la falla, es decir, de qué manera ha mancillado la gloria del Rey y sabrá qué pedir al Creador, es decir, qué pecados ha cometido. Y él tiene que corregirlos para no volver a pecar de nuevo.
Ahora podemos entender lo que está escrito en la porción Nitzavim (de pie) (Devarim 30:11): «Porque este precepto, que Yo te ordeno hoy, no es demasiado ingenioso para ti, ni está lejos. No está en el cielo ni al otro lado del mar, porque el asunto está muy cerca de ti: En tu boca y en tu corazón, para que lo cumplas».
Las palabras: «Porque este precepto», ¿A qué precepto se refiere? También deberíamos entender el significado de: «No es demasiado ingenioso para ti». La cuestión es que la esencia de la Mitzvá (precepto) es la Mitzvá de la fe, es decir, creer en el Creador. Después podemos guardar Sus Mitzvot. Todos los calumniadores y todas las obstrucciones vienen por la Mitzvá de la fe. El cuerpo comienza a hacer muchas preguntas, tanto las preguntas que el propio cuerpo hace como las preguntas sobre la fe que el cuerpo escucha de otras personas.
Y llegan al hombre cuando quiere asumir el yugo del reino de los cielos «Como un buey al yugo y como un burro a la carga», es decir, todo por encima de la razón. De repente, el cuerpo se vuelve inteligente y comienza a investigar y pregunta: «Quién» y «Qué». Y de ninguna manera nos permite asumir la Mitzvá de la fe. Las preguntas del cuerpo son tan potentes que uno no puede dar respuesta a sus preguntas. Entonces el hombre se desconcierta, y no tiene fuerzas para sobreponerse a sus lícitos argumentos conforme a la razón con la cual pregunta. Las preguntas del cuerpo son verdaderamente ingeniosas.
Esto es lo que nos dice la escritura acerca de esto: «Porque este precepto», es decir, el precepto de la fe, «No es demasiado ingenioso para ti». Es decir, no es necesario que contestes las preguntas del cuerpo que están hechas dentro de la razón, ya que la Mitzvá de la fe está construida precisamente por encima del intelecto. Es decir, que la mente externa que le fue dada al hombre, no puede alcanzarla. Esta es la razón por la que no necesita responder a sus preguntas ingeniosas.
En cambio, él debe creer que todas las preguntas que el cuerpo hace no llegan para que uno las responda. Al contrario, estas preguntas llegan al hombre para que tenga un lugar donde creer por encima de la razón. De otro modo, si el cuerpo entendiera con el intelecto que la persona quiere trabajar para el Creador, estaría dentro de la razón. Esto recibiría el nombre de «Conocer» en lugar de «Creer», ya que precisamente donde la mente del hombre no capta, allí, si hace algo, está basado únicamente en la fe.
Por lo tanto, resulta que no hace falta ser muy talentoso para poder responder a las preguntas del cuerpo, ya que todas las respuestas son «Por encima de la razón», y esto se llama «Fe». Esto es considerado como: «No está en el cielo ni al otro lado del mar», precisando de grandes tácticas. Por el contrario, es algo muy simple y se llama: «Está en tu boca y en tu corazón, para que lo cumplas», es decir, si solo hay un deseo en el corazón, podremos vencer.
Pero la cuestión de: «Por encima de la razón» requiere una aclaración, ya que hay muchos discernimientos que hacer ahí. Baal HaSulam dijo que por encima de la razón, significa que uno debe representarse a sí mismo cómo guardaría la Torá y las Mitzvot si su razón determinara que vale la pena dedicarse a la Torá y las Mitzvot. Es decir, si sintiera el sabor que hay en cada Mitzvá.
Uno debe creer que, del mismo modo que hay placeres corporales como el placer de comer, beber o respetar, donde cada cosa tiene un sabor diferente, también debemos creer que hay un sabor especial en cada Mitzvá. En consecuencia, si apreciara el cambio de sabores durante su dedicación a la Torá y las Mitzvot, ¿Qué emoción y vitalidad sentiría durante su trabajo? La razón le obligaría a hacerse una imagen del trabajo adecuada a un siervo del Creador. Todas las cosas que quieren interrumpir su trabajo las vería como intrascendentes, indignas de su atención.
Conforme a la representación antes mencionada, que él se representa a sí mismo dentro de la razón, debe hacer la misma representación por encima de la razón. Es decir, aunque no siente que haya algo que la razón lo obligue, aun así, trabaja como si tuviera una razón fuerte y un sentimiento fuerte. Al hacer esto, se considera que trabaja por encima de la razón.
Pero mientras sienta que, si tuviera la razón serviría al Creador con más deseo y mayor perseverancia, aún estará trabajando dentro de la razón, ya que todavía hay diferencia entre la razón y por encima de la razón. Precisamente cuando no hay ninguna diferencia, se considera «Por encima de la razón».