Yehudá Leib HaLevi Ashlag (Baal HaSulam)
Mayo de 1931, Jerusalén
Al famoso y piadoso estudiante... que la luz de tu vela arda:
He recibido tu carta, y en vez de que te lamentes por lo que no falta, mejor sería que te preocuparas por lo que falta. Esta es la norma - todo lo que depende de la mano del Creador, se encuentra en gran abundancia. Sin embargo, solo los inferiores pueden impresionarse por los Kelim (vasijas) de recepción, ya que es su trabajo en Kedushá (Santidad) y pureza, para lo cual el Creador está de pie esperando. Esto es lo que nos preocupa, cómo agregar al trabajo. Y aquel que agrega a ello y se preocupa en vano, termina restando. No solo es innecesario, también es perjudicial. Comprende esto bien.
Respecto a la pregunta del amigo que tú formulas – no tengo en este momento a qué oponerme, «El astuto hará con su saber». En relación al resto de las preguntas sobre las cuales quieres que yo responda, te daré una respuesta que contestará a todas.
No hay estado más feliz en el mundo del hombre, que el momento en el que uno se ve desesperanzado de sus propias fuerzas, o sea que ya se esforzó e hizo todo lo que está en sus manos hacer y no encuentra remedio. Pues entonces es digno de una plegaria completa por la ayuda del Creador, pues sabe con seguridad que su propio trabajo no le dará ningún beneficio.
Mientras sienta alguna fuerza de trabajo por su parte, su plegaria no es completa, ya que la inclinación al mal se anticipa y le dice que, primero debe hacer lo que puede y luego será deseado ante el Creador.
Y de esto se ha dicho: «Dios es excelso y el bajo verá». Después que uno se esfuerza en todo tipo de trabajos y se decepciona, alcanza un estado de verdadera bajeza, sabe que es la persona más baja de todas y que no hay nada útil en todo su cuerpo; y es entonces que su plegaria es completa y es respondida ampliamente por parte del Creador.
De esto dice el texto: «los hijos de Israel suspiraron a causa del trabajo… y ascendió a Dios el clamor de ellos», porque la totalidad de Israel llegaron en aquel tiempo a un estado de desesperación, quiere decir «a causa del trabajo», como aquel que saca agua en una vasija agujereada, que saca y saca agua todo el día y no tiene ni una gota de agua para saciar su sed.
Así estaban los hijos de Israel en el desierto – todo lo que construían, se lo tragaba allí mismo la tierra; así escribieron los antiguos sabios.
Así mismo, quien no consiguió el amor del Creador, todo el trabajo invertido en la purificación del alma el día de ayer, es como si se esfumara completamente al día siguiente. Y cada día y cada momento debe comenzar de nuevo, como si no hubiese hecho nada jamás.
Y entonces es: «los hijos de Israel suspiraron a causa del trabajo», porque vieron evidentemente que no estarán jamás capacitados para que su propio trabajo dé fruto alguno. Y es por eso que su gemido y su plegaria era debidamente completa, y por esa razón «y subió a Dios el clamor de ellos», etc.; pues el Creador escucha el rezo, y solo espera el rezo completo.
Resulta de lo dicho que no hay nada, pequeño o grande, que no pueda conseguirse por la fuerza de la plegaria, y todo el asunto del esfuerzo y el trabajo que se nos exige no es más que para descubrir cuán poco son nuestras fuerzas y nuestra bajeza, que no somos dignos de nada por nuestros propios medios y es entonces que somos capaces de volcar una plegria completa ante el Creador.
Esto no significa que yo determino en mi corazón de antemano que no soy digno de nada, y ¿para qué sirve todo el esfuerzo y el trabajo? Si bien es una ley de la naturaleza que no hay más sabio que aquel que tiene experiencia, antes de que uno intente hacer todo lo que está en sus manos, no está capacitado de ninguna manera para alcanzar la bajeza verdadera, en la medida verdadera como se menciona.
Es por eso que debemos esforzarnos en la Kedushá (Divinidad) y en la purificación, como está escrito: «todo lo que esté en tus manos hacer, hazlo» etc… y comprende esto pues es profundo y verdadero.
No te revelé esta verdad para que no aflojes tus manos y no te desalientes de la misericordia. A pesar de que no veas nada, cuando se completa la medida del esfuerzo, es el momento para la plegaria. Y hasta llegar a eso, cree en las palabras de los antiguos sabios: «no me esforcé y encontré – no lo creas».
Y cuando se complete la medida, tu plegaria será completa y el Creador te responderá con mano amplia, y esto es lo que nos instruyeron nuestros antiguos sabios: «me esforcé y encontré – créelo», ya que no se es digno de la plegaria antes de alcanzar este estado y el Creador entonces escucha la plegaria.
Yehudá HaLeví