Margaret Loughrey, de 56 años, de Strabane en Irlanda del Norte, fue encontrada muerta en su casa. En 2013, ganó 27 millones de libras en la lotería, adquirió bienes raíces, compró una casa, un bar y abrió un centro de recreación para los residentes de la ciudad. Planeaba construir en su propiedad, viviendas asequibles para los residentes. Gastó la mitad de sus ganancias en obras de caridad. El centro recreativo fue incendiado más de una vez. También recibió una sentencia de suspensión por conducta ebria o desordenada. Más tarde afirmó que la gente le robó millones. Poco antes de su muerte dijo: “Me pesa mucho haber ganado la lotería (…). Yo era feliz. Soy un ser humano y lo único que hice fue destruir mi vida”.
En general, pensamos que ganar la lotería es una bendición, que si hubiéramos ganado la lotería, hubiéramos usado bien el dinero. Pero no hay ejemplos así. Ganar la lotería es una maldición. Nuestras aparentemente buenas acciones dentro del marco de nuestra comprensión limitada del mundo, es decir, dar millones a una o más causas, nunca serán suficientes y se nos regresará como boomerang, de forma negativa.
La única solución que veo es un extenso programa educativo mundial, que nos enseñe a desarrollar un sentido de responsabilidad y consideración hacia los demás y a priorizar la conexión positiva por encima de nuestros impulsos divisivos.
La humanidad entenderá que después de todos los desafíos globales irresolubles, la única cura que quedará será implementar la unidad entre todos. Necesitamos condiciones diferentes y no personas u organizaciones que intenten administrar estas cantidades masivas de dinero. Mi conclusión es, no dar esas sumas de dinero. No incites a nadie de esa manera. Yo personalmente también pediría que no me dieran sumas de dinero así.