Un verdadero líder se disminuye a sí mismo para poder sentir, servir, y dirigir a otros. Demuestra amor y misericordia a través de sus acciones más que con palabras. Enseña a los demás que la meta es ser un solo hombre con un solo corazón. El rey David tuvo éxito al conectar todas las tribus simbolizando así su verdadero liderazgo.