El ex jefe de la Agencia Judía, Natan Sharansky, dijo: "Cuando crecí en Ucrania, en Donetsk, había muchas nacionalidades diferentes que convivían y no había grandes diferencias. Pero había una cosa importante. Si la palabra "judío" aparecía en tu documento de identidad, te trataban como si tuvieras una enfermedad. Hoy, en la frontera de Ucrania, la palabra judío tiene una connotación excepcionalmente buena. Describe a personas que tienen un lugar al que ir y hay toda una nación, que es su familia y los esperan".
Espero que sea cierto, que haya un amor real en el corazón de cada judío, un deseo de extender nuestras manos y abrazar a todos en un despliegue de responsabilidad mutua y que se exprese de modo que todos seamos responsables de los demás, que sintamos cercanía y necesidad de cuidar a lotros igual que nos cuidamos a nosotros mismos.
Ya estamos en lo que los cabalistas llaman "última generación", en la que se nos exige que hagamos la corrección, en la que cada uno sea garante del otro y que difundamos esta garantía mutua a la humanidad. Si no ponemos en práctica las conexiones de garantía mutua, en lugar de un abrazo solidario, sentiríamos el abrazo de más y más sufrimiento, que podría, Dios no lo quiera, llevar a una guerra nuclear.