Está escrito, “porque el árbol del campo no es un hombre” (Deuteronomio 20:19); pero debe entenderse precisamente de qué campo nace una persona. La sociedad humana se formó a partir de nuestros impulsos naturales, no de nuestro conocimiento del nivel de Adán (hombre). Adán nació de un impulso por el desarrollo interno que existe dentro de nosotros. Y su éxito depende de su capacidad para acercarse a lo útil, evitar lo nocivos y ser exacto acerca de las definiciones. Una persona no quiere sentirse limitada. Siente que tiene todo, pero no tiene nada. Este mundo se ha vuelto demasiado pequeño y quiere escapar a la eternidad, ver la verdadera realidad. Cuando quiere saber la razón de todo lo que sucede y entender la ley general de la naturaleza, entonces se vincula a un campo de conocimiento superior y eterno en el que crece como un árbol del campo. Atrae estas raíces superiores y descubre la ley perfecta de la conexión entre todos. Nuestras raíces están en un nivel más alto del que estamos nosotros, al cual debemos penetrar en nuestro desarrollo.