En las últimas semanas, en Israel, ha habido varios casos de niños y bebés que han sido maltratados por los profesores en las guardería. Es un fenómeno que conmocionó a mucha gente. En efecto, ¿cómo puede alguien abusar de niños y bebés indefensos?
La Torá habla de estados aún peores a los que podría llegar la humanidad, en los que madres misericordiosas se comerían a sus propios hijos.
El desarrollo está marcado por nuestro ego en constante crecimiento, que es exagerado en esta época. El ego, es decir, el deseo de disfrutar a costa de los demás, alcanzó proporciones tan grandes, que los horribles casos de abuso infantil aparecen cada vez más, mientras más egoístas y desapegados nos volvemos.
Pero hay un método llamado "sabiduría de la Cábala", que puede enseñarnos a construir una sociedad que funcione correctamente, en la que aprendamos a superar el ego y a elevarnos por encima de él, para desarrollar conexiones positivas.
Al aprender e implementar este método, podríamos lograr un estado en el que sintamos a los hijos de otros, no sólo como propios, incluso más cerca de lo que sentimos a nuestros hijos.
¿Por qué habríamos de sentirlo así? Porque con actitud positiva hacia los demás -y hacia los hijos de los demás- nos acercaremos a la fuerza positiva de la naturaleza que habita en nuestras conexiones. Nuestra actitud positiva nos permitirá conectarnos con la fuerza que habita en la naturaleza y esa conexión nos dará una sensación de plenitud, mucho mayor que la que sentimos actualmente.
Tenemos que descubrir que la fuerza positiva de la naturaleza habita en las conexiones mutuas y tenemos la capacidad de revelar y conectar con esta fuerza. Hacerlo nos permitirá sentir amor por niños y bebés de otras personas y aún, sentirlos como nuestros propios hijos.
Precisamente, esa es la razón por la que la sabiduría de la Cabalá se revela a escala masiva en nuestra era: sin sabiduría para conectarnos positivamente con los demás, por encima de nuestros impulsos egoístas, cuando el ego crece constantemente, podríamos terminar comiéndonos vivos unos a otros.