Lo que sentimos está dentro del cuerpo; sin embargo, es posible sentir la vida dentro del alma. Debemos pasar de la imperfección a la perfección para sentirnos más plenamente vivos. El movimiento interno y consciente nos permite absorber otras dimensiones superiores de la vida. Al salir y elevarse por encima de uno mismo, se adquiere una nueva preocupación y se comienza a desear satisfacer a los demás. Lo que le da belleza y magia al movimiento del mundo superior es que es ilimitado. Cuando podemos sentir lo que está fuera de nosotros, nos volvemos espiritualmente libres.