En la Antártida y el Ártico, en el último mes, se han medido temperaturas inusuales y excepcionalmente elevadas. Recientes informes de la ONU advierten que la crisis climática está aquí, antes de lo previsto, aconsejan que debemos cambiar nuestra cultura de consumo para no perjudicar nuestra capacidad de supervivencia.
La cultura del consumo está en primer lugar en la mente del ser humano, que no se preocupa por lo que ocurre, mientras obtenga lo que cree que es bueno en este momento.
Tenemos que entender que nuestros deseos, pensamientos e intenciones -nuestras actitudes hacia los niveles inanimado, vegetal, animal y especialmente, humano de la naturaleza- tienen que ser equilibrados, positivos y amables. Por eso, hay que poner fin a nuestra cultura del consumo y dotarnos de las herramientas necesarias para que sepamos cómo relacionarnos con nuestras decisiones en cada momento. Lo haremos teniendo en cuenta a los demás y a las fuerzas de la naturaleza. En consecuencia, sólo tomaríamos de la naturaleza lo esencial para vivir, como los animales, que no dañan a la naturaleza.
Pero, dado que somos gente y no animales, debemos comprender que somos la peor parte de la naturaleza, que estamos todos en este planeta y que debemos preocuparnos por restablecer su equilibrio. Debemos preocuparnos por nuestro entorno, para que nos de vida y no lo destruyamos. Nos falta esa preocupación. Podemos llegar a un estado en el que empecemos a preocuparnos, pero puede ser demasiado tarde, porque hay inercia el la naturaleza y cuando nos corrijamos, hay que esperar que crezca y se restaure.
Varios investigadores han señalado que nuestra cultura de consumo es el principal factor que debe cambiar para hacer frente al cambio climático. En efecto, si corrigimos ese aspecto corrupto de nuestra vida, conseguiremos nueva armonía y equilibrio en los niveles: inanimado, vegetal, animal y humano y nuestro planeta prosperará. Al hacer ese cambio, veremos que todo en la naturaleza cae en el lugar correcto. Tenemos que empezar este cambio y lo empezamos en nuestro corazón.