Científicos de Shanghái (China) consiguieron fecundar ratas macho. Los investigadores trasplantaron úteros a ratas macho y después de ocho semanas, trasplantaron también embriones. El resultado fueron diez crias nacidas por cesárea, que llegaron a la edad adulta y pudieron reproducirse sin enfermedades graves. Con este experimento se creó un modelo animal de embarazo masculino en mamíferos. Este fenómeno también se ve en un grupo de peces de la familia Syngnathidae, que incluye a los caballitos de mar y sus parientes, los peces pipa y los dragones de mar.
Según el cabalista, doctor Michael Laitman, un acto así va contra la naturaleza y el resultado no será bueno, aunque no sea evidente en las primeras generaciones. Los cuerpos masculino y femenino difieren en cada célula. Tienen una psicología y una estructura mental diferentes. La Torá trata al hombre y a la mujer de forma diferente, como dos opuestos, totalmente incomparables, precisamente por sus diferencias, les permite conectarse, unirse y dar a luz a futuras generaciones.
La unión entre hombre y mujer crea un sistema que se asemeja al del Creador: "Hombre y mujer, el Creador entre ellos". Sólo en las conexiones voluntarias, por encima de ellos mismos, en el deseo de unirse a pesar de sus diferencias, pueden construir algo común, llamado "amor". Su descendencia depende enteramente de la conexión entre dos opuestos. Mientras más desarrollados estén el hombre y la mujer, más compleja será su conexión, que aún no comprendemos. No podemos vencer a la naturaleza. Estamos dentro de ella.