La narrativa de la Torá comienza con la acción sobre el alma, que ya ha pasado por las etapas de fragmentación, mezcla de partes rotas, caída en el odio y el rechazo. En otras palabras, la Torá habla de un alma lista para la corrección. El ser humano en nuestro mundo, en estado de ocultamiento, no se siente defectuoso, insignificante, lleno de enemistad y odio. Sólo la influencia de la Luz Superior iluminará y nos ayudará a comprender nuestra verdadera naturaleza: el poder total de los placeres y llenados momentáneos. Para liberarse del egoísmo y pasar a un estado de placer infinito, la creación, Maljut, debe cambiar su intención de “recibir por sí misma” a “recibir por el bien de otorgar”. Para ello se creó la propiedad de Biná, que muestra cómo el deseo de recibir puede convertirse en un deseo de otorgar. Cuando la creación “reduce” sus deseos y se anula, entra bajo la autoridad de Biná, la madre que le enseña a su hija, Maljut, a trabajar por el otorgamiento. Tan pronto como Maljut se incluye en Biná, la madre comienza a transmitirle sus “vestiduras y adornos preciosos” a su hija, es decir la cualidad de Jassadim; bajo esta influencia la creación gradualmente se vuelve similar al Creador. Como resultado de un mayor desarrollo espiritual, Maljut se eleva por encima de Biná y adquiere la propiedad de "Elokim". Esto significa que comienza a comprender su raíz y llega a comprender su lugar, función y responsabilidad en el sistema del alma común.