En nuestro mundo, el desarrollo de un niño pequeño ocurre bajo la influencia del entorno. Repite automáticamente las palabras y acciones de los adultos, percibe la realidad tal como es y adquiere nuevos niveles y habilidades. Cuando crece, deja de desarrollarse y pasa al proceso de acumular conocimientos, llenando todos los vacíos de la memoria interna que desarrolló en su infancia. Nuestro desarrollo espiritual ocurre exactamente de la misma manera: una persona avanza sin conocer en absoluto su próximo estado. Al igual que los niños, nosotros cambiamos de un escenario al otro sin tener idea de lo que nos espera. Al desarrollar nuevas percepciones dentro de nosotros, construimos un kli (recipiente), cuyo llenado conduce a la revelación y comprensión del siguiente nivel. Este desarrollo se manifiesta en caídas y ascensos, alternando estados de fe y estados de conocimiento. Para adquirir una naturaleza diferente, no inherente en nosotros, nos ponemos completamente bajo la influencia del Partzuf superior, anulamos todos nuestros deseos y nos encontramos bajo el dominio de Biná, que nos transforma en una nueva materia espiritual, en semejanza con el Creador. Adquirir plenamente la cualidad de otorgamiento significa que hemos adquirido la forma de una "llave" que nos permite entrar en interacción con la "cerradura" (el Partzuf superior, el Creador) y comenzar a trabajar con la luz de Jojmá, corrigiendo la recepción en otorgamiento. En el mundo espiritual, no hay división en múltiples acciones. Al girar la "llave" en la "cerradura", simultáneamente interactuamos con el Partzuf superior, adquirimos sus cualidades, nos corregimos y nos fusionamos con Él.