Yehudá Leib HaLevi Ashlag (Baal HaSulam)
Escuché
Nosotros distinguimos muchos grados y muchos discernimientos en los mundos. Debemos saber que todo lo referente a grados y discernimientos trata del alcance de las almas con respecto a lo que reciben de los mundos. Esto sigue la regla de «Aquello que no alcanzamos, no lo conoceremos por su nombre». Esto se debe a que la palabra «nombre» indica alcance [espiritual], como una persona que da nombre a un objeto después de haber alcanzado algo sobre el mismo, según su propio alcance.
Por lo tanto, la totalidad de la realidad en relación al alcance espiritual se divide en tres discernimientos:
1. Atzmutó (Su esencia)
2. Ein Sof (infinito o sin fin)
3. Neshamot (las almas)
1. No hablamos de Atzmutó en absoluto. Porque la raíz y el lugar de los creados comienzan en el pensamiento de la Creación, donde ellos se incluyen según el principio de «el final del acto está en el pensamiento inicial».
2. Ein Sof está relacionado con el Pensamiento de la creación, que es «Su deseo de hacer el bien a Sus creaciones» de manera infinita, lo cual se llama «Ein Sof», y es la conexión que existe entre Atzmutó y las almas. Nosotros percibimos esta conexión bajo la forma del deseo de hacer el bien a los creados.
Ein Sof es el comienzo del asunto. Es llamado «Luz sin Kli (vasija)», pero ahí empieza la raíz de los creados, es decir, la conexión entre el Creador y los creados, llamada «Su deseo de hacer el bien a Sus creaciones». Este deseo comienza en el mundo de Ein Sof y se extiende hasta el mundo de Asiá.
3. Las Neshamot, que son las receptoras del beneficio que hay en Su deseo de hacer el bien.
Ein Sof se llama así porque esa es la conexión entre Atzmutó y las almas, la cual entendemos como «Su deseo de deleitar a Sus creaciones». Y lo que está fuera de esta conexión del deseo de deleitar, no se puede expresar. Y ahí está el comienzo del asunto. Y es llamado «Luz sin Kli», pero allí empieza la raíz de los creados, es decir, la conexión entre el Creador y los creados, llamada «Su deseo de hacer el bien a Sus creaciones». Este deseo empieza en el mundo de Ein Sof y se extiende hasta el mundo de Asiá.
Y todos los mundos, respecto a sí mismos, se consideran Luz sin Kli, de los cuales no se habla. Estos se disciernen como Atzmutó, y en ellos no hay ningún alcance.
Y no te sorprendas de que distingamos allí muchos discernimientos. Esto se debe a que estos discernimientos están allí en potencia. Luego, cuando llegan las almas, se revelan estos discernimientos en las almas que reciben las Luces Superiores según cómo hayan corregido y ordenado, de tal manera que las almas puedan recibirlas, cada una según su capacidad y calificación. Y entonces, estos discernimientos se revelan de hecho. Pero mientras las almas no alcancen la Luz Superior, en relación a ellas mismas, todo es considerado Atzmutó.
Con respecto a las almas que reciben de los mundos, los mundos son considerados Ein Sof. Esto se debe a que la conexión entre los mundos y las almas, es decir, lo que los mundos otorgan a las almas, procede del pensamiento de la Creación, que es una correlación entre las almas y Atzmutó. Esta conexión se llama Ein Sof, como fue mencionado. Y cuando oramos y solicitamos al Creador que nos ayude y nos conceda lo que pedimos, esto se refiere al estado de Ein Sof. Allí se encuentra la raíz de los creados, a los que desea darles placer y deleite, lo cual denominamos «Su deseo de hacer el bien a Sus creaciones».
Y la plegaria es al Creador que nos creó, y Su Nombre es «Su deseo de hacer el bien a Sus creaciones», y es llamado Ein Sof porque hace referencia a lo que precede al Tzimtzum (restricción). E incluso después de la restricción, no hubo ningún cambio en Él, pues la Luz es inmutable y siempre permanece con este nombre.
Y la proliferación de nombres es solamente con respecto a los receptores. Por eso, el primer nombre que se reveló como la raíz para las criaturas, fue Ein Sof. Y la revelación de este nombre permanece inmutable. Todas las restricciones y los múltiples cambios suceden únicamente con respecto a los receptores, y Él siempre ilumina con el nombre inicial, que es «Su deseo de hacer el bien a Sus creaciones» sin fin. Por tal motivo oramos al Creador, llamado Ein Sof, que ilumina sin restricción ni fin. Y lo que después se convierte en el fin, son correcciones para los receptores con el propósito de que puedan recibir Su Luz.
La Luz Superior está compuesta de dos discernimientos: quien alcanza y lo alcanzado. Todo lo que decimos en relación a la Luz Superior proviene solo de la forma en la que quien alcanza se impresiona por lo alcanzado. Sin embargo, por sí solos, ni quien alcanza ni lo alcanzado reciben el nombre de Ein Sof. Más bien, lo alcanzado se llama con el nombre Atzmutó, y quien alcanza se llama con el nombre «almas», que es un discernimiento nuevo que forma parte del todo. Y es nuevo por el hecho de que el deseo de recibir está impreso en él. Y en ese sentido, la creación recibe el nombre de «existencia a partir de la nada».
Y con respecto a sí mismos, todos los mundos se consideran una unidad simple, y no hay cambio en la Divinidad, esto es llamado «Yo, el Señor, no cambio». Y en la Divinidad no hay Sefirot ni Bejinot (discernimientos). Ni siquiera los apelativos más puros pueden nombrar la Luz en sí misma, ya que esta es un discernimiento de Atzmutó, en el cual no hay ningún alcance. Al contrario, todas las Sefirot y discernimientos hablan exclusivamente de lo que el hombre alcanza en él. Porque el Creador quiso que alcanzáramos y comprendiéramos la abundancia como «Su deseo de hacer el bien a Sus creaciones».
Y para poder alcanzar lo que Él deseó –que alcanzáramos y que comprendiéramos, lo cual se llama «Su deseo de hacer el bien a Sus creaciones»– Él creó y nos concedió estos sentidos, y estos sentidos obtienen sus impresiones de la Luz Superior.
En esta medida, se nos dieron muchos discernimientos, ya que el sentido1 general es llamado «deseo de recibir» y se divide en numerosos detalles, según la medida que los receptores sean capaces de recibir. De este modo, surgen muchas divisiones y detalles llamados ascensos y descensos, expansión, partida, etc.
Y dado que el deseo de recibir es llamado «creado» y un «discernimiento nuevo», por lo tanto, es precisamente desde donde el deseo de recibir comienza a impresionarse, que comenzamos a hablar. Y el habla es discernimientos de las partes de la impresión. Porque aquí ya hay una correlación entre la Luz Superior y el deseo de recibir.
Y esto se llama con el nombre «Luz y Kli». Sin embargo, como dijimos anteriormente, no hay de qué hablar mientras la Luz no tenga Kli, ya que una Luz no alcanzada por el receptor es considerada Atzmutó, sobre lo cual está prohibido hablar, porque no es posible alcanzar. Y ¿cómo se puede dar nombre a lo que no alcanzamos?
De esto aprendemos que, cuando oramos al Creador para que nos envíe salvación, sanación, etc., hay dos cosas que debemos distinguir:
1) El Creador;
2) Lo que proviene de Él.
El primer discernimiento, considerado Atzmutó, está prohibido hablar de ello, como hemos mencionado. El segundo discernimiento, lo que proviene de Él y que es considerado la Luz que se expande en nuestras vasijas, es decir, en nuestro deseo de recibir, es lo que llamamos Ein Sof. Y esta es la conexión que el Creador tiene con los creados, y esto es «Su deseo de hacer el bien a Sus creaciones». Que el deseo de recibir es considerado como la Luz en expansión que finalmente alcanza al deseo de recibir.
Cuando el deseo de recibir recibe la Luz que se expande, esta Luz se llama Ein Sof y llega a los receptores a través de numerosos velos, para que el inferior pueda recibirlos.
De esto resulta que todos los discernimientos y cambios se llevan a cabo específicamente en el receptor, en la medida que el receptor se impresione de ellos. No obstante, en el asunto que estamos tratando hay que distinguir: cuando hablamos de discernimientos en los mundos, nos referimos a discernimientos potenciales. Y cuando el receptor alcanza dichos discernimientos, estos pasan a ser discernimientos de hecho.
El alcance espiritual se da cuando quien alcanza y lo alcanzado se unen. Porque cuando no hay quien alcance, no hay forma para lo alcanzado, ya que no hay nadie que reciba la forma de lo alcanzado. Por eso, este discernimiento es considerado Atzmutó, respecto a lo cual no es posible hablar. Entonces, ¿cómo podemos decir que lo alcanzado tiene su propia forma?
Y solo podemos hablar desde donde nuestros sentidos reciben la impresión de la Luz que se expande, que es «Su deseo de hacer el bien a Sus creaciones», y que llega en la práctica a las manos de los receptores.
Y es semejante a cuando examinamos una mesa. Nuestro sentido del tacto la percibe como algo sólido. También reconocemos su longitud y su anchura solo de acuerdo con nuestros sentidos. Sin embargo, esto no implica que la mesa se presente de esa misma forma a alguien con sentidos diferentes. Por ejemplo, si un ángel examinara la mesa desde su punto de vista, la vería de acuerdo a sus sentidos. Por lo tanto, no podemos determinar ninguna forma con respecto al ángel porque desconocemos sus sentidos.
Y por lo tanto, dado que no podemos alcanzar al Creador, no podemos decir qué formas tienen los mundos con respecto a Él. Solo podemos alcanzar los mundos de acuerdo a nuestros sentidos y sensaciones, ya que esa fue Su voluntad: que lo alcanzáramos de este modo.
Y este es el significado de «No hay cambios en la Luz». Más bien, todos los cambios ocurren en los Kelim (vasijas), es decir, en nuestros sentidos, donde todo se mide de acuerdo a nuestra imaginación. De esto se desprende que, si muchas personas examinaran un mismo objeto espiritual, cada una lo alcanzaría según su propia imaginación y sentidos. Y por lo tanto, cada persona ve una forma diferente. Además, la forma en sí cambiará en una persona conforme a sus ascensos y descensos, como explicamos antes cuando dijimos que la Luz es Luz Simple y que todos los cambios suceden solamente en los receptores.
Que sea Su deseo, que seamos merecedores de recibir Su Luz y seguir los caminos del Creador, y Le sirvamos pero no para recibir premio, sino para darle contento al Creador y elevar a la Divinidad del polvo y ser merecedores de la adhesión con el Creador y la revelación de Su Divinidad a Sus criaturas.
Sensor u órgano sensorial↩